El Protagonismo Hace Historia

Por Alfredo Mejía Montoya

Nunca dentro del sistema presidencialista en nuestro país, había sido tan notorio el protagonismo de su titular, como si no lo fuera el cargo mismo, ya que solo hay uno en todo el territorio y parece que la silla está muy grande.

Nunca antes, había sido elegido un presidente de la república que pretendiera tener todo el poder del estado en su dedo, y menos que los acontecimientos le cayeran como anillo al mismo.

Siempre con la idea de querer hacer historia, vaya hasta parece slogan de campaña.

Nunca antes, el titular del ejecutivo había confundido tanto el Estado de Derecho con el derecho a expresarse, y discernir sobre la legalidad de las leyes y su irrestricto cumplimiento.

Siempre con la idea de querer hacer historia, vaya, hasta pudo haber tenido la oportunidad de transformar al país, las condiciones estaban dadas.

Es posible que, dentro de las circunstancias, se pueda hacer diferencia en relación con otros titulares del ejecutivo anteriores o podrá hacerse con los que vendrán después.

Los hechos hablan por sí mismos, no se requiere explicar el por qué lo hacen, sin embargo, el protagonismo político, arrastra a los pueblos que se pretende dirigir.

La mayoría de los ciudadanos hemos visto a través de más de dos años de administración, la incapacidad de ordenar, de administrar y sobre todo de gobernar, que es la función para lo cual está hecho el cargo de presidente de la república, y su titular, Andrés Manuel López Obrador no muestra esa capacidad, y si no lo hace es posible que la nación se lo demande algún día, es viable porque así es la democracia… Sin embargo, también hay ciudadanos que consideran que la desastrosa labor del protagonista ha sido no tanto desastrosa ni perniciosa para México, aunque desde antes de la pandemia, ya no funcionaba como debía ser la economía, el área de salud, la seguridad, el combate a la delincuencia organizada, la procuración de justicia, la atracción de inversiones extranjeras a nuestro país, o inversiones domesticas de mexicanos, después y aún en pandemia, los resultados han sido funestos.

Pero siempre con la idea de querer hacer historia, el protagonista intenta establecer un régimen en el que las instituciones dejen de serlo, como pilares de la construcción democrática del país. Y aun así las que quedan, dan muestras de que la lucha ciudadana, con regímenes más o menos totalitarios, excepcionalmente centralistas en su política interna, procurando siempre a los pobres, desde que la economía se abrió allá por los años 70’s y los sistemas económicos globalizadores atraparon a nuestro país y que dicha apertura motivó desde entonces un gran crecimiento y desarrollo si no desmesurado, si exitoso para la población, ya que arribaron capitales, empresas, clúster de producción, maquiladoras, inversiones de todo tipo que abrieron un auge económico nunca visto; luego la riqueza petrolífera llamó la atención y se pensó que seriamos los próximos árabes del mundo, y terminó tal como inició; llegaron los años de establishment de una economía de mercado y comenzó el sistema neoliberalista a conducir los hilos de las economías del mundo, procurando crecimiento de los pueblos y desarrollo de los mismos, y los pobres, estaban en la vereda del camino, y nadie los hizo incluyentes, y aumentaban, era increíble, pero aumentaban.

Llegaron los tiempos neoliberales en su máxima expresión con el Tratado de Libre Comercio (TLC) el supremo monumento al neoliberalismo, y las economías del mundo se empezaron a alinear en un regionalismo a ultranza en beneficio de las zonas geográficas.

Y los protagonistas no dejaban pasar la oportunidad de poner e imponer su sello en sus administraciones, el actual, no solo quiere ser el mayor protagonista, sino el que destruya todos los sistemas e instituciones construidos con mucho esfuerzo, con sangre, con impudor y crímenes en la política, y aquel país que vimos en la segunda década del presente siglo, dejó de serlo ante la necesidad de hacer historia en la presente administración.

Queriendo regresar el tiempo, queriendo avasallar las instituciones, queriendo derrumbar el estado de derecho que aún queda con los pilares de nuestra Constitución.

El protagonismo no es obedecer a caprichos construidos con andamiajes del pasado, diciendo que la corrupción era el sello de la clase política; con esa mentira se evitaron megaproyectos sustentables al amparo de una presunta corrupción, sin que a la fecha no se haya demostrado nada de esos dichos y supuestas corrupciones. Y los costos son gigantes, y a la postre quién terminará pagando los errores protagónicos de la decisión política, seremos todo el pueblo.

La historia está siendo escrita para que pasen a la misma los protagonistas de ahora, dejando un país, hasta la fecha saqueado y obstruido en renglones básicos como la salud, la educación, la ciencia y tecnología, dañado y destruido en sus instituciones. Y los últimos retoques de ese protagonismo pretenden modificar las reglas en áreas estratégicas para el país, no tanto por la exclusividad de la materia, sino por las formas del cómo se están destruyendo las instituciones económicas y financieras en aras de un protagonismo demencial de pasar a la historia como otros estadistas que si lo hicieron, pero que estaban en el momento histórico para hacerlo; ahora este momento es el de administrar o gobernar construyendo las bases para las nuevas generaciones de ciudadanos, y no engendrar más generaciones de pobres, que es lo único que está abundando en este país a raíz de la idea protagónica del presidente López Obrador.

Sería tanto como pensar que sin los pobres, no se asentaría ningún gobierno que se llamase democrático, pero los indicios nos revelan que no es precisamente esa lucha la que distingue a la presente administración, sino la de llevar a otro sistema económico en el que aparentemente todos sean iguales, y a la vez nadie tenga nada, sino que todo le pertenezca al estado, regímenes que hace muchos años en el mundo han dejado de funcionar, y eso es lo que se pretende hacer en México, que más que apoyar a los pobres, es utilizarlos para esos fines. Cuando la principal arma económica de este país es el monumento al neoliberalismo como lo son los tratados de libre comercio, como el T-MEC motor con el que las mercancías y productos de nuestro país rebasan las fronteras para allegarnos economía por el trabajo de la sociedad trabajadora y productiva. Qué incongruencia.

La historia está por escribirse de nuevo o parte de otro capitulo, y todos tendremos la capacidad y posibilidad de poder elegir vía elecciones, que es lo que nos conviene a cada uno de nosotros como mexicanos y de lo que le suceda a nuestro país y que los futuros ciudadanos que vendrán tal vez encuentren una nación destrozada, pero en pie de lucha por hacerlo crecer más de lo que ya lo habíamos hecho en el pasado. No todo es hacer historia, sino es hacer patria y procurar el bienestar del pueblo. Regalando dinero no es el camino, sino utilizando ese dinero público en la creación de polos de desarrollo donde florezcan los empleos, el ingreso, haya consumo y producción, sin violentar el estado de derecho y los derechos de los demás, porque, el respeto al derecho ajeno es la paz, desde siempre… porque ahora, ¡no podría serlo!

a2m8m@yahoo.com.mx

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