En Busca de… y Recorriendo el Sitio Donde los Hombres se Convierten en Dioses

Reportaje

*Las Pirámides del Sol y la Luna, el Canto del Quetzal, sí en Teotihuacan  

*Frente al Templo de la Serpiente Emplumada o en la Calzada de los Muertos

*En Medio del Sonido de las Flautas: un Rugido de Tigre o el Chillido del Águila

*También, el Silbido de un Azteca o el Llamado de la Muerte

Por Susana Vega López

SAN JUAN TEOTIHUACÁN, Edo. Mex.-  Se encuentra en el lugar donde los hombres se convierten en dioses. Si bien no es la más grande del mundo, es de las más famosas (después de la de Egipto). Mide casi 64 metros de altura; tiene 260 peldaños que representa a los soles o eras (52 por cada era más el quinto sol) y por el momento sólo se puede admirar a la distancia, más no subir: la Pirámide del Sol, en el Estado de México.

En el camino empedrado para llegar a la zona arqueológica de Teotihuacán abundan puestos de comida que se ofrecen a los turistas que, curiosos, ansían conocer este lugar famoso por sus pirámides, del Sol y de la Luna y la antigua ciudad que allí existió, con su gran calzada de Los Muertos donde se puede caminar tranquilamente y sentir el aire fresco que contrasta con los ardientes rayos del sol.

La zona arqueológica de Teotihuacán, que se puede visitar, abarca 264 hectáreas a decir de los datos que proporciona el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Aquí se camina a paso lento y con paradas obligadas para preguntar por el precio de alguna de las artesanías que se venden: los sombreros de palma (a 30 pesos), las cobijas con motivos de jaguares y otros animales (200 pesos) y lo más vendido: las flautas que emiten sonidos según su forma: el rugir del tigre y del leopardo; el trompeteo o chillido del águila, el silbido de un azteca; el llamado de la muerte, de una calavera… y más, con costo de 30 y hasta 200 pesos.

Llaman la atención las réplicas del Calendario Azteca donde se contemplan el círculo del abuelo, dos serpientes, y lo que representa los 20 días. El precio varía según el tamaño y el material.

Los niños piden siempre su arco con flechas para jugar a ver quién la lanza más lejos; las jovencitas preguntan por los collares de obsidiana; las señoras por diversos objetos como réplicas de pirámides de cristal y otros materiales, así como máscaras de obsidiana. Los vendedores, persistentes, te persiguen hasta lograr que les compres, que te quedes con algún recuerdo, que lleves algo para regalar.

De pronto ya te encuentras parada en La Ciudadela y el Templo de la Serpiente Emplumada; o en la Calzada de los Muertos y los conjuntos residenciales que la flanquean.

Por allá se observa un grupo con guía y recordé a “El Gorila”, guía de turistas, danzante, estudioso de la cultura prehispánica, padre, abuelo, esposo, amigo, viajero, quien nos mostró que, al aplaudir en cierta zona y a una distancia determinada, se escucha el sonido de un quetzal (la serpiente emplumada). ¡Y sí! Das un aplauso y enseguida se escucha un eco, pero del canto del ave sagrada de los mexicas. Él comentó que todas esas ondas electromagnéticas en combinación con el lugar en sí, sanan el cuerpo y aseguraba que aquí tenemos de las mejores alternativas en medicina.

También refirió que el gran tesoro de Teotihuacan del que siempre se habla y andan en busca, “no es tesoro de oro o dinero, ¡no!, es el tesoro de la madre naturaleza que te cura los males del hígado, del riñón, del pulmón, del estómago; que te energiza, que te alivia el cuerpo y el espíritu. El huizache, el pirul, las tunas, el nopal, el copal, la mirra, el incienso, el epazote, los tejocotes, la sábila, los chapulines, los gusanos, los insectos, todo, te brinda un bienestar y ese es nuestro tesoro”.

Pero, sin duda, las Pirámides del Sol y la Luna son lo que más causa admiración. Lástima que ya no se puedan subir por motivos de la pandemia, dicen. Y es así como nos quedamos con las ganas de ascender esas piedras que aún no se encuentra explicación de cómo los ancestros las transportaron y formaron las pirámides.

Aún recuerdo cuando, divertidos y alegres, subíamos, primero la del Sol, después la de La Luna, porque es la menos grande, siempre con las advertencias de la familia de no subir corriendo ni jugar a ver quién gana. Tampoco se valía que nadie cargara a nadie porque -contaban los vigilantes- puede haber accidentes. “Una vez, fue muy triste, un papá cargó a su hija y de pronto la niña quiso bajarse, descontroló a su padre y cayeron los dos. La pequeña no sobrevivió”.

También es sorprendente ver el Palacio de Quetzalpapálotl y cuatro conjuntos departamentales con sus diferentes pinturas en los murales como son Tetitla, Atetelco, Tepantitla y La Ventilla, además de otros dos conjuntos de corte habitacional denominados Yayahuala y Zacuala.

Teotihuacan, lugar o ciudad donde los hombres se convierten en dioses, donde la gente acude a cargarse de energía, a realizar ceremonias, a convivir, a caminar, a contemplar, a pedir deseos, a sudar, a comer, a beber pulque, temazcal, tequila… es el lugar más visitado de México.

El recorrido por la zona arqueológica más visitada es interesante. Aquí se realizan ceremonias y danzas al son de tambores y flautas, parte de nuestra cultura, de nuestras raíces y tradiciones.

Otro guía señala una pirámide, al frente, y enfatiza que, si se divide a la mitad y se cerraran sus lados, “se vería que son perfectamente simétricos porque tienen una extraordinaria matemática-aritmética”. Acto seguido comienza a contar el conjunto de pirámides: uno, dos, tres… 17, el templo del agua; 18, el templo del fuego. Todo en armonía, dice, y repentinamente grita: Tlahuizcalpantecutli, Tekpatltépetl, Huitzilopochtli, Tlaloc, Axayácatl, después de otros nombres más que se escuchan lo mismo al norte, que al sur, al este o al oeste. ¡Asombroso!

Una persona del lugar llama al azahar a los visitantes: “hola mexica; cómo estás tolteca; oye tú, huey”, y en seguida refiere: “huey significa hermano, grande, alto”.

Al pasar por un hormiguero indica que si las personas se paran en ese punto y los muerde la hormiga es porque son infieles… nadie quiso ser voluntario para demostrar su fidelidad.

Más adelante, recordó que Diego Rivera visitaba mucho el lugar y les cambiaba radios de transistores por tenates de piedras originales, por piezas arqueológicas que fue con lo que hizo el Anahuacalli.

Así, con el sonido de aves y jaguares, que emiten unas artesanías realizadas por manos mexicanas –no productos chinos, subraya-, los visitantes se asombran, se espantan, se maravillan de este enigmático lugar que requiere de un guía de turistas para conocer su historia.

Por cierto, en días pasados los habitantes de San Juan Teotihuacán y San Martín de las Pirámides llegaron a un acuerdo para delimitar a qué municipio pertenecen las famosas pirámides. Luego de minuciosos estudios se determinó que la pirámide del Sol pertenece a San Juan y la de La Luna, a San Martín. Una disputa que se había prolongado por más de 40 años.

Los domingos el ingreso es gratuito; los demás días cobran 80 pesos entrada general.

La zona arqueológica cuenta con cinco puertas, dos museos: el de la Cultura Teotihuacana y el de Murales Teotihuacanos “Beatriz de la Fuente”, así como una sala de exposiciones temporales ubicada en el edificio conocido como “Exmuseo”, además de jardines y el edificio sede del centro de Estudios Teotihuacanos. Y tú, ¿qué recuerdas de las pirámides?

Dato curioso: Los estudiosos señalan que la pirámide de Cholula es la más grande del mundo ¡y se encuentra en México!

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