Odiarlo Hasta Amarlo

Punto de Vista

Por Jesús Michel Narváez

Clamar que Carlos Salinas de Gortari “sigue mandando”, es admitir que le gustaría imitarlo.

Hay que imaginar: 33 años después -la edad de Cristo- de haberse encumbrado en la Presidencia de la República, el que vino a sucederlo luego del paso de 4 presidentes, hoy habla del “innombrable” y reconoce que “sigue mandando” como una remembranza que le gustaría colocar en su agenda de gobierno.

Para nadie es un secreto el “odio tabasqueño” -muy parecido al jarocho- manifestado desde tres décadas atrás cuando buscó ser gobernador de Tabasco y fue derrotado por Roberto Madrazo en las elecciones de 1994, último año del recién bautizado caudillo del PRI.

Odio manifiesto porque, según sus “otros datos” ganó los comicios y se cometió el “mayor fraude de la historia” hasta que… ocurrió el de 2006.

Difícil comprobar que el representante más conspicuo del neoliberalismo mantenga poder sobre los casi desfallecidos priístas y uno que otro distinguido panista.

Olvidar la ruptura con el sucesor en 1994, Ernesto Zedillo, un candidato emergente que desconocía el ejercicio de la política-política y estaba más encaminado por la economía, es intentar cambiar la historia. No debería sorprender a nadie, luego del reacomodo de fechas en la fundación de Tenochtitlan, la Conquista, la Independencia y hasta de la sacrosanta revolución. Si ha sido capaz de aumentar 200 años a la fundación del imperio azteca, ¿por qué no reescribir la de quien desde el ostracismo presuntamente le gana la partida en el Congreso de la Unión?

Del poder sublime, Salinas pasó a la huelga de hambre y al autoexilio. Ausente durante todo el mandato del malagradecido sucesor. Y el retorno, nada impactante. Simplemente quienes a su lado convivieron y crecieron políticamente, le reconocieron sus conocimientos en el arte de la manipulación y del convencimiento.

Se advierte la desesperación de un personaje que siente que la lumbre lo alcanza y comienza a sufrir los dolores de Cuauhtémoc (el último emperador, no el futbolero metido a político). No se puede entender o explicar de otra manera que se atreva a mencionar al innombrable y pronuncie nombre y apellidos, cuando durante lustros lo ha borrado de la vida nacional.

Este párrafo lo dice todo: “Ayer (jueves), otra vez, los opositores, la reacción conservadora, Chong, Josefina Vázquez Mota, Salinas de Gortari, que es el que todavía sigue mandando, se opusieron a que se aprobara un periodo extraordinario para llevar a cabo un ejercicio democrático de revocación del mandato, es el mundo al revés”.

Pues sí, si es el de Valdés… pero no por lo que afirma es por cómo actúa.

La urgencia de la consulta ciudadana, que insiste en secuestrarla y operarla como si se tratara de una acción que compete al Gobierno y no a los mexicanos, la desveló ayer.

El osado comentario lo dice todo: “Como no pudieron (ganar los comicios de junio), porque el pueblo es mucha pieza, ya no consideran conveniente llevar a cabo la elección, la consulta para preguntar al pueblo si me quedo o me voy porque en su concepción si se hace la consulta, la gente me va a refrendar su confianza y me voy a fortalecer, porque en efecto en democracia es el pueblo el que decide”.

En primer lugar, hay que recordarle que el que no ganó los comicios fue él. Es su frustración. Pretendía elevar el número de diputados para destrozar con mayor velocidad la edificación de una democracia que, aunque la desconozca, le permitió llegar a Palacio Nacional.

En segundo, el peine al aire: “… la gente me va a refrendar su confianza y me voy a fortalecer…”.

Si tiene la seguridad de lo que dice, no hace falta una función de circo para comprobarlo. Sus datos lo revelan todo.

Por supuesto que responsabilizar a Salinas de Gortari de haber frenado el periodo extraordinario exigido desde el púlpito presidencial, deja mal parados a sus acólitos. Incapaces de enfrentar al nuevo caudillo.

Y como mera efeméride: en el último informe de gobierno de Plutarco Elías Calles, el primero de septiembre de 1928, a solamente 47 días del asesinato de Álvaro Obregón, pronunció un epitafio: terminó la era de los caudillos y comienza la era de las instituciones… claro, el caudillo solamente sería él.

¿Hoy el presidente busca ese nada noble título?

Sin duda, del odio al amor hay una línea muy delgada. Y ya lo demostró el huésped temporal de Palacio Nacional con el reconocimiento que le hace a Salinas, quien seguramente no está enterado de las flores que le echó el tabasqueño.

E-mail: jesusmichel11@hotmail.com, Twitter: @misionpolitica, Facebook: Jesus Michel y en Misión, Periodismo sin Regaños martes y jueves de 16 a 17 horas por ABC-Radio en el 760 de AM.

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