Viajar por el “Rápido de Zedillo”, Donde se Cayó el que Fuera Presidente

*Y la Adrenalina: Sobre Lancha de Caucho por el Río Pescadores

Por Susana Vega López, (Enviada) (Primera de tres partes)

JALCOMULCO, Veracruz.- Aquí la adrenalina está garantizada pues abundan los negocios que ofrecen experiencias de turismo de naturaleza: rafting, rappel, cañonismo, senderismo, tirolesa, escaladas, paseos a caballo, recorridos en bicicleta o cuatrimoto así como caminatas, aunque también actividades que te llevan a la plena relajación como recibir un masaje, entrar a una tina de jacuzzi, vivir el calor de un temazcal, disfrutar de aguas termales como las de la poza Azul, o de una alberca.

Llegar en automóvil es muy fácil, sólo pones el google maps, y ¡listo! Sales de la Ciudad de México por calzada Zaragoza rumbo a la autopista México Puebla, después hacia Veracruz y sigues las indicaciones para llegar a Jalcomulco, donde la máxima atracción es el rafting; un recorrido en lancha de caucho por el río Pescadores y La Antigua.

Lo ideal es pasar por lo menos una noche en alguno de los alojamientos donde ofrecen habitaciones con alberca, o en lugares donde las personas llevan su casa de campaña para pernoctar, o acampar con glamour (vivir el glampin), o simplemente llegar a una sencilla habitación que va de 250 pesos la noche y/o hasta mil 200 pesos por personas.

En cuanto al descenso en río, los precios y horarios varían según el grupo que elijas: desde 450 pesos hasta 840 pesos por persona, a la hora que indiques –y te sugieran- aunque otros comercios se sujetan a sólo dos horarios: nueve de la mañana y dos de la tarde.

En Jalcomulco y sus alrededores ya desde los trece años los niños de las comunidades comienzan a recibir clases en kayacs para que adquieran práctica y habilidades con el fin de que, con los años, puedan aplicar para ser certificados por las autoridades correspondientes, comenta Eloy a Misión Política, uno de los guías de rafting con 15 años de experiencia en esta aventura.

Lo primero que se hace es firmar una carta responsiva; después, con chaleco salvavidas, casco y remo en mano, sigue una plática de 20 a 30 minutos donde los guías de rafting enfatizan que deben poner atención para que la aventura sea lo que esperas; te explican lo que vas a vivir al subirte a una lancha inflable de caucho; te indican a lo que te pueden enfrentar durante el trayecto, las posturas que debes adoptar como tripulante, así como la forma de sentarse y remar.

Hablan sobre los posibles escenarios: si alguien cae al agua, cómo asirse de la cuerda y tomar la posición de pecho al cielo: si la lancha se voltea habrá que meterse debajo de ella para no perderla y tener un espacio para respirar.

Eloy atiende a las peticiones de los turistas: ¿quieren ir tranquilos o con mucha aventura? Si decides por la más atrevida, navegas por las partes más fuertes; si quieres que la lancha dé vueltas, deberás seguir la orden del guía para remar unos hacia la derecha y otros hacia la izquierda para que las lanchas comiencen a girar.

En el trayecto, el agua fresca te invita a aventarte y el guía te indica dónde. Después te ayuda nuevamente a subir. Surge otra pregunta: ¿Quieren nadar en los rápidos?, entonces se deberán arrojar a la corriente del río, adoptar la postura del perfecto nadador (pies arriba y hacia adelante) cerrar la boca y abrir los ojos, aunque el vacacionista hace lo contrario: abren la boca y cierran los ojos. Entonces tragar agua es inevitable.

Los rápidos, explica Eloy, se definen por la intensidad de la corriente del río, las piedras se acomodan hasta formar una cascada que hacen imposible detenerse y provocar una especie de olas. Se clasifica por categoría: nivel dos, tres, cuatro o cinco cuando está demasiado intensa la corriente. “Nos tocó intensidad 3 y sí se siente muy rápido”, explican Tania y Dana, turistas que llegaron de Baja California.

Conforme el curso de la corriente, te señalan cómo va a ser el rápido y como hay que entrar a remar –con mayor intensidad de un lado para librar la gran piedra que se asoma y con menor en el otro. “Todos arriba como si estuvieras surfeando, con una rodilla arriba y otra abajo”, es otra orden del guía.

Cada rápido tiene su nombre: “la ballena” porque una piedra tiene esa forma; “el rápido de Zedillo”, porque el expresidente se cayó ahí; o el más peligroso “la puerta del infierno”, donde se debe remar con más fuerza para cruzar exactamente por en medio de dos grandes piedras y evitar el choque.

Y al grito de “ai’wey”, los tripulantes  se deben sujetar fuertemente de la cuerda que rodea al borde y a la orilla de la lancha para evitar una caída inminente. La astucia y experiencia del guía hace el recorrido divertido. En ocasiones se escucha la orden de “al suelo” por lo que deberán tirarse al fondo de la lacha para protegerse.

El trabajo es en equipo; todos deberán colaborar, remar con fuerza o despacio de manera coordinada para poder pasar con éxito cada rápido que sale en el camino. Si uno de los integrantes no atiende a las indicaciones, la falta de esa fuerza al remar puede provocar que la lancha se voltee. Aunque el guía sale al quite cuando alguno de los aventureros se descuida.

En las partes tranquilas se disfruta el paisaje, la vegetación, se escucha a la cigarra, se observan a las oropéndolas (unas aves con cola amarilla que hacen un nido como una gota alargada, o un péndulo); en ocasiones se llegan a ver nutrias y tortugas, dice Eloy.

Y si quieres todavía más adrenalina, entonces te sugieren lanzarte al agua para dejarte llevar por la corriente río abajo en las pequeñas cascadas que se forman. También te proponen lanzarte de una piedra de aproximadamente tres o cuatro metros de altura para zambullirte fuertemente en el remanso.

“Es muy divertido, pero se debe prestar mucha atención a lo que estás haciendo”, dicen Barbie y Diego, a su regreso en camioneta donde les explicaron el tipo de vegetación que se puede admirar: plantas de café, cacahuate, pistache, árbol del noni, de limón, mango, papaya, palmeras con cocos, entre otros.

Eloy, transmite seguridad y diversión y los aventureros regresan de su experiencia con gran satisfacción. Cabe señalar que durante toda la travesía una camioneta, por carretera, acompaña a la excursión. Lleva una fotógrafa profesional que se va apostando en ciertos puntos y es cuando el guía indica que volteen hacia la dirección para que les tomen la foto, justo en los rápidos.

(Continuará)

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