La Tribuna sin Biblioteca

La Tiendita de los Horrores

Por Emilio Hill.

Como nunca antes hoy es casi un derecho irrenunciable participar en la polémica. Así, en general. Da igual el escándalo que se arme en redes. La sociedad se ha vuelto todóloga. Lo mismo un influencer ( esa raza cósmica de descerebrados en 280 caracteres) opina sobre política, futbol o cine. Lo importante es estar. Ya lo que se diga o la profundidad del comentario, es lo de menos.

Hace algunos días por ejemplo, el cineasta Michel Franco se vio envuelto en el ojo del huracán, porque en la conferencia de prensa de su más reciente filme, que se estrenó el 22 de octubre Nuevo orden ( México-Francia, 2020) afirmó que el adjetivo whitexican era también racista.

Las redes mostraron que todos los que participaron en el debate son expertos en el tema. Opiniones iban y venían, algunas aprovecharon para atacar a su recién estrenada película, ya que la acusaban de clasista ( una revuelta social de pobres contra ricos es la anécdota principal), cabe añadir, que quienes se subieron al tren ( y no Maya) del debate no habían visto el largometraje. Signo de los tiempos, confundir la democracia participativa (para citar un clásico), con la impunidad de opinar sin conocimiento. Es el fuero de la ignorancia.

Este tema – el de las redes sociales y su influencia en la gente, además del peligro de las fake news y la enajenación-, lo aborda el híbrido documental El dilema de las redes sociales ( Orlowski, 2019) . Testimonios de conversos ejecutivos de empresas como Google o Twitter – Tristan Harris y Jeff Selbert-, develan al público la manipulación de origen del emisor: las plataformas.

Con ligeras escenas de recreación en un estilo de ficción, por eso es híbrido- que rompen el ritmo del relato, el documental tiene su fortaleza en lo que declaran los entrevistados. Nada que no se sepa, vaya, pero lo que importa en este caso es quien lo dice.

El testimonio más interesante es el del nerd de rastas y varios kilos de más, chavorruco hecho y derecho ( ¿fue políticamente incorrecto lo que escribí? ¡ojalá!) Jaron Lanier, autor del libro Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato. El sujeto nunca perteneció a la industria y es un fiel creyente de la teoría de la conspiración. Sin embargo, sus investigaciones sobre la vocación enajenante de estas plataformas y su capacidad de manipular no pueden menospreciarse. Por lo demás, como personaje es entrañable.

Lo curioso por cierto, es que el filme se puede ver en Netflix, empresa que se ha casado con cualquier cantidad de causas políticamente correctas. La mayoría de sus contenidos procuran darle gusto a su público objetivo (millennials bastante inobjetivos a todo lo que no suene a buena conciencia). Es la vieja estrategia del medio que se legitima en torno a la autocrítica. El término tribuna sin biblioteca es una idea de Umberto Eco, por cierto.

Este filme es ideal para estudiantes de comunicación y cine (típica tarea que deja el maestro para ver y analizar y de paso hacer una crítica de dos cuartillas) y uno que otro cineasta en medio del ojo del huracán.

Por cierto dudas, comentarios, felicitaciones, referéndums de renuncia dirigirlos a @misionpolitica

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