El Lenguaje Incluyente y no Sexista

Por Alberto F. Mena Mallén

El tema del lenguaje incluyente y no sexista ya apareció hace años en nuestra vida cotidiana, pero solo en publicaciones elaboradas para expandirlo y buscar su utilización, pero como siempre sucede en México, todo se deja a un lado, debido a que aparecen temas más importantes que opacan las anteriores demandas.

Hubo un auge importante –para recordarlo-cuando las mujeres protestaron en su día –en este 2020 y con miles de participantes-, y que, según algunas de las llamadas feministas, el gobierno volteó a verlas, luego de que vandalizaron monumentos históricos, destruyeron negocios y maltrataron a mujeres policías entre otros. Hubo un malestar general por este comportamiento, lo que poco importó a las llamadas “feminazis”, un lenguaje que no debía de utilizarse, pero que, ante el enojo, apareció boyante y sonante particularmente en redes sociales.

También influyó la marcha de “un día sin mujeres”, -para esta presión, según las feministas-, donde se destacó el aspecto de la violencia de género que continúa sin que se frene hasta estos días ya que hay hasta 10 feminicidios diarios. Ahora en tiempos del “coronavirus”, poco se habla y se trata este asunto. Se ha dejado a un lado.

Es, por desgracia para este género, una mala jugada por el machismo que imperó y sigue prevaleciendo en nuestras vidas. Es un propósito que duerme el sueño de los justos, ya que existen multitud de publicaciones al respecto, pero poco conocidas y poco difundidas, que están hechas a un lado.

La cultura y la educación tienen mucho que ver en el manejo del lenguaje y tal vez el desinterés de las mujeres, de las familias, o de los hombres y del propio gobierno por no avanzar para que se aplique con mayor rapidez. El gobierno está ocupado en otros asuntos más importantes que el del lenguaje incluyente y el Covid-19 lo trae loco.

Ha vuelto el interés por aplicar este lenguaje, luego del grave problema de violencia que sigue en la vida nacional y que continúa suscitándose en contra del sector femenino. La FES Acatlán, por ejemplo, celebró una semana para revivir estos temas a favor de la mujer, donde participaron decenas de especialistas, investigadores, académicas, profesores y alumnos quienes se empaparon del asunto con el propósito de contribuir a la utilización de este lenguaje. Y de esa fecha a la actual, el tema sigue latente.

LAS PUBLICACIONES

Primero me referiré a la Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres, emitida por la Cámara de Diputados y publicada el 2 de agosto del 2006, con las últimas reformas aplicadas a partir del 14 de junio de 2018, que en sus disposiciones generales establece que el objeto de la ley es garantizar la igualdad de oportunidades y de trato entre hombres y mujeres, proponer los lineamientos y mecanismos institucionales que orienten a la nación hacia el cumplimiento de la igualdad sustantiva en los ámbitos público y privado.

Y lo que más destaca es que se busca promover el empoderamiento de las mujeres y la lucha contra toda discriminación basadas en el sexo y se añade que estas disposiciones son de orden público e interés social y de observancia general en todo el territorio, lo que aún no se ve para nada en su aplicación.

Y como siempre, la “letra muerta” aparece en esta ley: “La trasgresión a los principios y programas que la misma prevé será sancionada de acuerdo a lo dispuesto por la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos y, en su caso, por las leyes aplicables en las Entidades Federativas, que regulen esta materia”.

Además, en su capítulo sexto que habla de la eliminación de estereotipos establecidos en función del sexo, en el Artículo 42, fracción IV, se señala que se debe promover la utilización de un lenguaje con perspectiva de género en la totalidad de las relaciones sociales, lo que aún estamos en espera de su aplicación.

En el mismo artículo, pero en su fracción V se dice que se debe velar por que los medios de comunicación transmitan una imagen igualitaria plural y no estereotipada de mujeres y hombres en la sociedad, promuevan el conocimiento y la difusión del principio de igualdad entre mujeres y hombres y eviten la utilización sexista del lenguaje.

Y en su fracción VI se dice que se debe vigilar que el contenido de la publicidad gubernamental e institucional a través de la cual se difundan las campañas a que se refiere esta Ley esté desprovisto de estereotipos establecidos en función del sexo de las personas. Ello ha sido poco aplicado, sobre todo por la iniciativa privada.

En el MANUAL PARA EL USO DE UN LENGUAJE INCLUYENTE Y CON PERSPECTIVA DE GÈNERO, elaborado por la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres y con el apoyo de la Secretaría de Gobernación y de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, -Antes CDHDF-, se establece del por qué se elaboró el manual: “En la actualidad no existe sociedad alguna en el mundo en la que mujeres y hombres reciban un trato equitativo, pues se constata una discriminación generalizada hacia las primeras en todos los ámbitos. Esta discriminación sustentada únicamente en el hecho de haber nacido con un determinado sexo (mujer) atraviesa categorías sociales como el nivel socioeconómico, la edad o la etnia a la que se pertenezca y se transmite a través de formas más o menos sutiles que impregnan nuestra vida”.

Agregan que la lengua española no es sexista, aunque si lo es el uso que de ella hacemos. Y dedican este texto, principalmente a las instituciones públicas y a los funcionarios para que tengan una herramienta clara y sencilla que les sirva para la implementación y uso de un lenguaje incluyente en las prácticas escritas y orales de las instituciones donde trabajan, especialmente en aquéllas que desarrollan programas de atención a población directa o indirectamente.

Pretendemos así contribuir a eliminar de los documentos, oficios, informes, circulares, convocatorias, carteles, materiales didácticos, etcétera (elaborados en estas instituciones) el uso de un len­guaje sexista-discriminatorio y utilizar una alternativa de uso correcto del mismo que coadyuve a la equidad de género.

Presumen que, gracias a la comprensión de este lenguaje incluyente, desde hace tres o cuatro años, -aunque en la edición digital no ponen fecha de su elaboración-, se han modificado y elaborado leyes, reglamentos y normas en general para incluir, como una condición obligatoria en la construcción de la igualdad sustantiva, el uso incluyente y no sexista del lenguaje.

Cabe señalar que, además de las publicaciones citadas, hay muchas más que hablan del tema, y como corolario, hay que citar a Vicente Fox que inauguró en sus discursos el de chiquillos y chiquillas.

fermallen@gmail.com

 

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