El Desmoronamiento de la Careta Impasible de los Gobernantes

“Necesitó tres semanas para anunciar en cinco minutos lo que va a emprender en un mes y que no logró hacer en diez años”

Muro de la Sorbona, París,
Francia. Mayo de 1968

Por Ezequiel Gaytán

Con esa frase tan lapidaria los estudiantes franceses respondieron al Presidente de la República Francesa, Charles de Gaulle, al discurso que pronunció en Rumania, entre el 14 y el 18 de mayo de 1968 ante el dictador Nicolae Ceausescu.

Me he preguntado una y otra vez las razones por las cuáles De Gaulle, ante el clima de crisis cultural que se vivía en Francia y, principalmente, en París, no pospuso su visita de Jefe de Estado. La respuesta a la que llego es que de Gaulle menospreció el movimiento estudiantil y pensó que acudiendo a un país socialista carente de las libertades que los franceses tenían y ante un dictador agente de la KGB, la juventud francesa reaccionaría ante la “grandeza” de De Gaulle y todo regresaría al orden establecido.

El diagnóstico del malestar en la cultura no lo comprendieron De Gaulle, Díaz Ordaz y Richard Nixon, por citar algunos gobernantes de esa época. Dichos personajes y otros miembros de la clase política occidental leyeron que se trataba de un “complot comunista”. Ignoraron que esa juventud emancipada y perteneciente a la nueva clase media quería un cambio cultural, pues en su mayoría eran estudiantes con acceso a las lecturas. De ahí que la brecha generacional se ensanchó cuando los jóvenes hicieron del dominio público que ni ellos, ni el resto de la sociedad, tenían que aplaudir a sus gobernantes por hacer lo que jurídica y administrativamente les correspondía. Luego entonces se inició el desmoronamiento de la careta impasible de los gobernantes. Más aún, esos jóvenes, conscientes de la hipocresía gubernamental, se rebelaron contra “lo establecido” pues la píldora anticonceptiva abrió la puerta del placer sexual, sin temor al embarazo, decidieron que su música se basara en las guitarras eléctricas y en el contenido político de las canciones, se manifestaron en contra de la guerra de Vietnam, pues era una causa anticolonialista y no una guerra justa, a fin de detener el efecto dominó del comunismo.

Además, ya se presentía que los Estados Unidos perderían la guerra. Se pronunciaron en contra de las dictaduras latinoamericanas, pues violaban los Derechos Humanos y personificaban la brutal represión, así como la censura de películas, poesía y literatura.  En otras palabras, también se manifestaron en contra de paternalismo gubernamental.

El paternalismo gubernamental es la sobreprotección e intromisión del Estado en las relaciones sociales y, consecuentemente, la reducción de las libertades y autonomía de las personas. Dicho acotamiento de las libertades se basa en valores que fundamenta el Estado jurídicamente debido a su concepción unidimensional acerca de lo que es bueno y es malo. Se trata de una imposición estatal y, en su caso, de un señalamiento gubernamental en nombre de la moral. De ahí que las autoridades gubernamentales leen que las críticas contra el gobierno son y deben ser calificadas como “traición a la patria” y convocan a sus seguidores al linchamiento social a periodistas e intelectuales.

Hoy los gobernantes parecen ser insensibles a toda crítica y las consideran un ataque personal, como lo pensaron Díaz Ordaz, Nixon y De Gaulle. Léase debido a su vanidad política lo consideraron como una afrenta a la patria y que además se trata de un complot contra su “bondadoso y paternal gobierno” dador y gestor de bienestar.

Es interesante concluir que los políticos y su narcisismo siguen siendo los mismos desde hace siglos. Llegaron al poder ofreciendo el cambio y lo único que vemos es un “quítate tú para ponerme yo”. Pero siguen siendo esos obcecados necios aferrados a un clavo ardiente pegado a la pared, consideran que toda crítica es personal y no una propuesta de mejora. Sobre todo, porque la sociedad actual vive un nuevo malestar en la cultura y ese diagnóstico no lo lee la actual clase política. De ahí que no me sorprenderá que próximamente escucharemos el discurso de que ahora si haremos el cambio.

Afortunadamente ya no habrá que escribir y responder en los muros de una universidad que nuestro gobierno necesitó tres meses para anunciar en cinco minutos lo que no ha hecho en un año y medio. Lo leeremos, de diversas formas, en un gran número de editoriales nacionales.

 

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