Hospitales del Estado Dejan Morir a Pacientes

Frontera Norte Ciudad Juárez

*La Crisis Afecta a los Manejados por el Gobierno

*El Caso de Ruth una Niña con Problemas de Salud

*Abundancia de Historias de Muerte y Maltrato

*También el Inútil “Usted Perdone” Posterior

*Si no Pagas no hay Enfermo o no hay Cadáver

Por Rafael Navarro Barrón

Ruth es una niña especial en todos los sentidos. Es epiléptica y, a sus siete años, ha estado varias veces en los hospitales de Ciudad Juárez para ser atendida por una serie de dificultades que tienen que ver con su condición general de salud. En este momento está internada en el Hospital Infantil que administra el Estado de Chihuahua y está es su historia.

La trabajadora social se acercó a los padres de Ruth y les advirtió que la niña ya no puede estar en el Hospital Infantil de Ciudad Juárez, porque debe más de 100 mil pesos. La sugerencia es que la trasladen al hospital general del IMSS número 6. La niña está inconsciente.

El Hospital Infantil vive una severa crisis, como sus hermanos, el Hospital General, el Hospital de la Mujer y el Femap, todos administrados por el gobierno del Estado y, este último, como el Santa María, con organismos privados que ayudan a las arcas estatales que están en quiebra.

Los padres de Ruth respondieron con asombro. Tiene más de 15 días internada y no hay pronóstico que les garantice que vivirá. La insuficiencia renal fue superada y desistieron en dializarla; hace unos días curaron una neumonía que pescó en el mismo hospital y le sacaron un diente que estaba alojado en el estómago, pues por un acto de negligencia el dientecito fue removido de la dentadura por un mal procedimiento de entubamiento.

Las historias de muerte y mal trato abundan en el Hospital Infantil. Allí los niños pierden la vida sin un “usted perdone”, a pesar de las evidentes fallas médicas que se presentan y la limitad atención de medicamentos, que también es negligencia.

Basta ver a los alrededores del nosocomio para observar que está sucio, mal cuidado y en un franco abandono en todos los sentidos. La fosa séptica está destapada y el mal olor está por todos lados.

La sala de espera está vacía y una trabajadora social que parece gendarme del siglo pasado corre a todo el que entra. Nadie puede guarecerse en ese lugar, los padres y las familias cercanos a los pequeños pacientes tienen que estar en el exterior del edificio, en las banquetas, en los maceteros, dormir a la intemperie, en casas de campaña, en colchonetas que algún buen samaritano llevó para que pasaran la noche.

Comen frituras de harina, beben refrescos de baja calidad o, en el mejor de los casos, una botella de agua y un burrito de lo que sea, porque el dinero escasea al igual que la esperanza.

EL CASO DE UN ACUCHILLADO

José estaba en el exterior de su casa y una persona llegó y lo acuchilló en tres ocasiones. Fue llevado de emergencia al hospital del Femap, que trabaja con fondos privados y públicos.

Veinticuatro horas después de ser internado, con la gravedad de recibir una de las cuchilladas en un pulmón, aún se encuentra grave.

Hace unas horas, el área de trabajo social le informó a la familia que José tiene que ser trasladado al Hospital General porque la cuenta está muy alta y el Seguro Popular no cubre los gastos.

El problema no es el traslado, sino las condiciones del traslado. El hospital General informó al Femap que no tiene camas y que el paciente, a pesar de su gravedad, tendrá que esperar en una silla de ruedas, en la parte exterior de urgencias, a que le den espacio en un cuarto.

Es la triste realidad de un gobierno fallido, enfermo de poder y alejado de los pobres. No tienen recursos ni ganas de resolver los serios problemas sociales que están pegando a la comunidad.

El problema no es únicamente la negligencia, que es un acto criminal, sino el mal trato que se da a una sociedad empobrecida y muy golpeada por la escasez de programas sociales.

Lo peor es que no hay instancia donde acudir, a quién confiarle el problema social que se está viviendo, los abusos, los cobros excesivos.

Los cuerpos de nuestros muertos son “secuestrados” hasta que la familia paga la enorme deuda que se acumula en los hospitales de la ciudad que administra el Estado.

Y el gobernador no se tibia, no reacciona, mucho menos la estructura política y administrativa que gobierna junto con él.

Mientras tanto, en las calles y en los hospitales la gente muere por la misma ineptitud de un gobierno cuyo titular está más preocupado por sus juegos privados de golf y sus encuentros de tenis, aunque tengan que sacar a los otros golfistas para que el gobernador juegue a la hora que a él se le ocurra.

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