Un mal Diagnóstico

*Las Lecturas Incorrectas del Mismo en la Política

*¿Quién lo Leyó Correctamente? López Obrador

*Hoy, Ineficiencia e Ineficacia son Matices Corrupción

*Los Abyectos Corifeos del Gobierno Federal

Por Ezequiel Gaytán

Todos sabemos que un buen diagnóstico médico usualmente lleva consigo un correcto tratamiento de la enfermedad, pero si el doctor que nos atiende se equivoca en el diagnóstico, lo más más probable es que nos de medicamentos para algo que no sufrimos y se agudice nuestro padecimiento. De ahí la importancia de un buen diagnóstico no sólo en las ciencias de la salud, sino también en las ciencias sociales. La diferencia es que los sociólogos, comunicólogos y politólogos, entre otros, no pueden enviar a la sociedad a hacerse estudios clínicos que coadyuven con los análisis a fin de precisar el diagnóstico. De ahí que las ciencias sociales son inexactas.

Lo anterior lo traigo a colación porque en julio de 2012 los priistas de México se equivocaron en su diagnóstico. Resulta que, en efecto, el triunfo de Enrique Peña Nieto fue abrumador y leyeron que la sociedad ya estaba harta del experimento fallido panista y que los regresaban a aplicar las artes del buen gobierno.

La soberbia les impidió leer que quien ganó fue el carismático Peña, pero que la desconfianza social seguía hacia el Partido Revolucionario Institucional y por eso no obtuvo ese partido político la mayoría absoluta en las cámaras de Diputados y de Senadores. Por su parte, la soberbia de los gobernadores priistas los cegó y concluyeron que gobernarían con sus herederos por los próximos setenta años y se convirtieron en abyectos corifeos del gobierno federal. Lo interesante del caso fue que panistas y perredistas tampoco leyeron correctamente el diagnóstico y firmaron el Pacto por México, pues querían asegurar cierta presencia en las reformas estructurales que se avecinaban.

De los pocos atinados en la lectura del diagnóstico fue Andrés Manuel López Obrador, quien por un lado reconoció su derrota y, por el otro, comprendió que la desconfianza social hacia panistas y priistas se debía a que ambas instituciones político-partidistas hechas gobierno eran altamente cínicas en materia de corrupción. A partir de entonces reinició su campaña a la Presidencia de la República con el estandarte de prevenir y combatir el pudrimiento que el gobierno de Peña Nieto iniciaba.

Seis años después, la sociedad votó por el tabasqueño porque enarboló una bandera justa y que era un reclamo social, abatir las prácticas corruptas en la Administración Pública. Y a eso se ha dedicado mediante la prédica del ejemplo.

El problema es que es insuficiente que él sea un hombre honesto; de hecho, la mayoría de los servidores públicos lo son. Es más, ni siquiera es un acto revolucionario ser honesto y honrado, pues es lo mínimo que la sociedad espera de quienes detentan cargos en la burocracia. Resulta que la ineficiencia y la ineficacia también son matices de la corrupción. Igualmente, la falta de resultados lo es, así como el escamoteo del presupuesto. En otras palabras, la omisión también es corrupción.

Leer el diagnóstico correcto es fundamental para atender el tratamiento del problema, pero dicha capacidad de acertar en el problema, no es garantía de solución, ni que la medicina sea la correcta. Y ese es el nuevo desafío que hoy enfrenta la actual administración, pues hasta el momento los resultados han sido magros conforme a las expectativas. Tal vez soy yo quien no logra dimensionar el tamaño de la herencia peñista y exijo resultados demasiado pronto. Pero cuando leo los periódicos y me entero de los problemas en las secretarías de Hacienda y del Medio Ambiente, en el los institutos de seguridad social, de la Radio o del Deporte, llego a la conclusión de que el tratamiento es el erróneo. Aún más, leo las cifras de inseguridad pública, me preocupo y entra el temor por mi integridad física y la de mis familiares y amigos.

La conclusión es que un mal diagnóstico es grave porque determina un mal tratamiento. A la vez, un buen diagnóstico no es garantía de un buen método de solución. Y eso es lo que, hasta el momento, estamos apreciando de la actual gestión. Lo inverosímil es que los partidos políticos de oposición, los medios escritos y electrónicos y grupos sociales están advirtiendo que con la medicina actual no mejora la situación. Tal vez se deba a que tarda el efecto de la misma y que en el mediano plazo sea efectiva. Pero las ciencias sociales no son como las ciencias de la salud. Esa es otra diferencia entre ambas áreas del conocimiento. La sociedad es impaciente, exigente y permanentemente inconforme. La respuesta gubernamental debe ser ágil, oportuna y de resultados visibles, eficientes y eficaces en el corto, mediano y largo plazos.

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