En los Hechos, ya Quitaron las Tachuelas de la Economía

Lascas Económicas

*No se han Dado Cuenta y Subestiman  Consecuencias

*No Traten de Manejar lo Económico Desde la Silla Presidencial

*Se Avecina una Tormenta Peor a la de Hace 24 Años

Por Jaime Contreras Salcedo

Para nadie fue sorpresa el accionar de las calificadoras ocurrido hace unos cuantos días. Standard & Poors, como aquí se lo comentamos oportunamente, siguió los pasos de Fitch, y Moody´s no tarda en alcanzarlos pues ya adelantó que eso de la violencia en México como que no ayuda mucho para tener una calificación de estable y avanzando. Como que no.

En una somera revisión de los señalamientos que han emitido todas estas empresas nos damos cuenta que ni hablar, en tres meses de gobierno –los primeros 100 días diría el promocional respectivo-, el deterioro macro económico está pegando fuertemente en lo micro y los fundamentos tan celosamente cuidados desde 1995, desde la última crisis estentórea, se están viniendo abajo como fichas de dominó.

En una rápida revisión, parafraseando al entonces secretario de Hacienda, Pedro Carlos Aspe y Armella, alguien diría que le quitaron las tachuelas a las estructuras económicas y financieras, particularmente en lo que hace a la Comisión Federal de Electricidad y Petróleos Mexicanos, pues de otra forma no se puede explicar cómo la perspectiva pasó de soberana a estable y de ahí a negativa en muy poco tiempo, y eso que la deuda que ambas entidades públicas venían arrastrando eran más que considerables y ya las conocía el mercado desde hace años, con todo y problemas como Odebrecht que, desde luego, alzó las cejas de varios agentes financieros.

Pero eso fue hasta el primero de diciembre de 2018.

Una vez que se bajaron los tecnócratas neoliberales o lo bajaron, como se les califica con desdén ahora, se llevaron las señaladas tachuelas o las perdieron, con todo y brújula, los que tomaron las riendas porque iniciaron incendiando la cocina de las empresas gubernamentales señaladas y salieron como de una caja de Pandora todas y cada una de las calamidades atesoradas, es un decir, sin que en el fondo aparezca, a la fecha, la paloma blanca con el olivo en el pico significando la esperanza.

Los comentarios, vacíos de información y llenos de propaganda anticuada y fuera de tiempo de algunas voces oficiales, en el sentido de que las calificadoras no estaban cobrando la factura por “36 años de neoliberalismo”, no ejerce repercusión alguna en este factor mediático de poder, por la sencilla razón de que su visión general –como en cualquier empresa- es hacia adelante y no para atrás. Si me vendían una historia de certidumbre, no te acepto que me vengas con eso de que el futuro será nuestro si y solo si nos apoyas. No le entramos.

Pero eso no lo entienden en las alturas, literal, de Palacio Nacional, en donde las oficinas de Hacienda andan desesperadas porque les crean no solo las firmas calificadoras sino, sobre todo, los inversionistas globales y locales que ven muy deteriorados los bonos de deuda de PEMEX y la CFE, y de puritita pasada se han llevado entre las patas de los caballos a la deuda soberana, la de la banca de desarrollo y de 70 bancos privados que tienen en su poder, claro, papeles del gobierno federal y no pocos títulos de deuda de ambas entidades públicas. Así es esto de la humilde realidad financiera nacional (¿?).

El ciudadano común y corriente, como cualquiera de nosotros, se preguntará si en algo nos beneficia o no que México tenga la calificación de AAA, partiendo del principio según el cual sabemos qué es esto y con que se come. La respuesta directa es sí.

Recordemos. Tras los errores de diciembre, en 1995, México tardó más de un año en regresar a los mercados financieros internacionales. Si no nos falla la memoria tanto Bancomext como Nafin emitieron bonos de deuda con un plazo no mayor a 12 meses y una tasa enorme superior al 14 por ciento, en aquellos tiempos, que con todo fueron sumamente atractivos para los inversionistas internacionales de aquellos tiempos, a sabiendas que nuestro país se habría de recuperar, sin duda.

Mucho se ha escrito sobre lo transas que son las calificadoras, ávidas de pingües ganancias en el corto plazo y dispuestas a deshacer países en el momento que atisban, ni siquiera confirman, que hay un problema estructural en sus respectivas economías domésticas.

Así andan las cosas en este momento. Si México no les da la importancia que realmente merecen estas firmas, si queremos combatir sus informes con retórica, veremos más rápido que pronto una edición recargada de eso que se conoce como crisis en donde se arrastrará a toda la economía, incluyendo, desde luego, el empleo, el crecimiento del PIB, las tasas de interés, la devaluación del peso, la inversión y el futuro de las nuevas generaciones. Nada más y nada menos.

Los anuncios están más que cantados y no vemos que haya certidumbre del lado gubernamental, recordándole que ahora, ni modo, cualquier comentario del que nos venden tiene las riendas del poder, por inicuo que parezca, redundará en problemas si no está en tiempo y forma, incluido eso dichos que tratan de ser humorísticos, y fuera de horas del mercado –hasta los fines de semana tenemos que estar atentos. Subestimarlos, o creer que son portavoces del neoliberalismo sería un craso error, uno más en el rosario respectivo.

De lo que sí debería estar consciente el que nos dicen trabaja de secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, es que la política de las finanzas ni de la economía se harán, este sexenio, en Palacio Nacional. Dejar que eso ocurra será una suerte de ascensor para el cadalso. Y todo lo padeceremos, democráticamente eso sí.

Estas Lascas Económicas buscan que haya algo de cordura en los pasillos palaciegos y para ello trabaja junto a otras piedras lisas y de rio, siempre cavilando cómo acercarse sin estruendos, pero con efectividad para mover de raíz el discurso presidencial, o los brazos del payaso estarán listos para llevarnos donde le plazca. Nos vemos en este espacio la semana entrante. [email protected].

 

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