Y Retiemble en sus Centros el Cine

La Tiendita de los Horrores

Por Gerardo Gil Ballesteros

Como si hubiera sido ayer. La pulsión de la memoria se confunde con el instinto humano del tiempo. 7:19 de la mañana, jueves, el sismo de 8.1 . En medio de la leche con chocolate y el cereal de desayuno –Avenida Coyoacán 509 , departamento 6, colonia Del Valle-, se escucha la voz de la conductora Lourdes Guerrero: “en la televisión “ ¡Ah chihuahua está temblando! Y a ponerse en las columnas del departamento. Ni idea lo que era un sismo. En descargo, aunque tengo memoria perfecta del hecho, quien esto escribe era muy pequeño. Estoy pues, en la flor de la chavorruquez.

Y luego del sismo saber los costos: qué si a la hermana mayor de un amigo no la encuentran en la secundaria, porque se cayó la escuela, que ya murió, no que aún no. San Juan Bautista de la Salle ruega por nosotros. Y al regresar a la primaria Simón Bolívar en Río Mixcoac, la pregunta: ¿ y en dónde te agarró el temblor? Me agarró en la cocina, ¿y en dónde te agarró el temblor? Bailando con Josefina. Pues, sí , la chavorruquez es un recurso magnífico para la forma y fondo de un texto. Sin desperdicio, pues.

Con los días, se sabría la magnitud de la tragedia. Un antes y un después. Para una infancia – primera- perdida en los resquicios de un consumo evocativo: los juguetes Lily Ledy te conocen mejor qué tú y asuntos freudianos de esa índole, hubo un antes, y un después, tengo que insistir. Y dónde nos veamos, así nos saludamos.

El cine mexicano no estuvo exento de este parteaguas. Lo curioso, es que una es la visión de aquellos, a quienes les tocó este hecho, el sismo, ya en su juventud, que los impulsó, junto con un movimiento cinematográfico que renovaría los usos y costumbres del cine e impulsaría a una generación de nuevos talentos, al activismo audiovisual político y otra la visión de quienes este hecho les tocó en la infancia.

Un par de películas para ejemplificar el primer caso: Ciudad de ciegos, (Alberto Cortez, 1991) filme que pertenece a la camada del cine que se gestaba a principios de los noventa, y que quería marcar una diferencia con la industria que permeaba, muy comercial y de géneros populares, sobre la vida de varios personajes y familias en un multifamiliar. Episodios como el de la matanza del 68, la época de oro del desarrollo estabilizador y la conclusión con el sismo del 85 se pueden ver en este trabajo. La banda sonora es de Jaime López y de José Elorza. El guion de José Agustín y Hernann Bellinghaussen. Actúan, por cierto, una muy joven Arcelia Ramírez y Gabriela Roel.

Poco antes, se hizo Trágico Terremoto en México ( Francisco Guerreo, 1987) que es de hecho la primera historia ficción sobre esta tragedia. Con guion de Reyes Bercini, el filme cuenta la historia de una madre que da a luz en un hospital público. Digo, en términos muy generales. Es un almadazo en forma y fondo, no exenta de torpeza y morbo, que más bien pasó sin pena ni gloria, pero eso sí mucho morbo que haría palidecer al guionista más cínico y conchudo  de La rosa de Guadalupe, que hoy es  un mediano objeto de culto. Actúan –es un decir- Miguel Ángel Rodríguez, Pedro Weber Chatanuga y Diana Golden, seguro por la época en la que se aventaba la vajilla con Alfredo Adame.

Y muchos años después, la generación que distaba ser mayor de edad ese 19 de septiembre, quiso contar su versión: dos casos caben: 7:19 ( Jorge Michel Grau, 2016) y El Día de la Unión (Kuno Becker, 2018).

Los directores, más o menos pertenecen a la misma generación, su perspectiva es afín en ese sentido. En el primer caso hay un guion de Alberto Chinal y las actuaciones de Héctor Bonilla y Demián Bichir. Dos personas de diferentes condiciones sociales quedan bajo los escombros. Los diálogos que funcionan como esgrima verbal y social, son parte fundamental del sostén de la historia. Comparte género con el cine de desastre. Bien contada, con buena dirección de actores, no solo es la anécdota, sino el fondo social que da la perspectiva del tiempo como lectura de fondeo.

Un caso desafortunado es El Día de la Unión, melodrama ligero con su cara de demagogia social que haría ruborizar, repito el chascarrillo, a los guionistas de Mujer-Casos de la vida real. Dirigida y actuada (es un recurso de redacción e formativo) por Kuno Becker) cuenta la historia de un periodista -¿qué come querido lector que adivina? interpretado por Becker, que debe rescatar a su hijo de diez años, de los escombros de un edificio, mientras le dice a un perro que abandona: “lo siento, no te puedo salvar, pero eres la mejor mascota que he tenido”. La escena es desternillante. Todo remata cuando le dice al frutito de sus entrañas en medio de los escombros: “te duelen tus piernitas”. Véala, en medio de la tragedia no va a parar de reír.

Por cierto, por estos días, -del 1º al 30 de septiembre- se está llevando a cabo la edición número 16 del Shorts México, Festival Internacional de Cortometrajes. Uno de los trabajos más interesantes que se han presentado es Cuatro Minutos (Hugo Lara, 2021), sobre el sismo del 19 de septiembre de 2017. El director, investigador y crítico de cine, se anotó créditos favorables con su largometraje Ópera prima Cuando los Hijos Regresan en 2017. Una comedia efectiva que se adentra en las mañas y miasmas de la clase media mexicana.

Cuatro minutos, que protagoniza Mabel Cadena, se adentra en el heroísmo cotidiano en medio de la tragedia. Directo y sensible, el corto logra conmover por la sencillez de la anécdota: un personaje en un departamento con una misión concreta de nobleza cotidiana.

Pues eso. Y sigue la huella. Miaaau. Ah, no eso, vino después.

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