El Regreso a Clases sin Cultura

*Tristeza por la Pretensión del Cambio en Libros de Texto Gratuito

*Ello Sólo Para Favorecer Ideológicamente al Actual Gobierno

*El Discurso Cultural sin Rreflejo en el Presupuesto y la Infraestructura

*Las Instituciones Culturales Padecen una Austeridad mal Enfocada

Por Ezequiel Gaytán

Millones de infantes de Europa no fueron a clases durante cinco o seis años debido a las infamias de la segunda guerra mundial, por lo que una estrategia de los países del viejo continente cuando acabó el conflicto bélico fue la de priorizar la construcción de escuelas, aulas, laboratorios y capacitar un cuerpo de profesores decididos a trabajar en escuelas unitarias. Léase un solo maestro que imparte clases a niños de los seis años de primaria en una sola aula.

Esa generación es conocida como “baby boomer” y cuando oscilaba entre los 18 y 22 años empezaron a cambiar al mundo debido a que mucha de su formación escolar se basó en la cultura. Más aun, de ahí salieron músicos, arquitectos, escritores, pintores, escultores y, sobre todo, líderes y lideresas con un pensamiento político innovador, original y de rupturas de paradigmas racistas, sexuales, antropocentristas y clasistas.

Es una generación que no acudió durante un lustro a las aulas y en condiciones inhóspitas salió adelante. Cientos de miles de esos niños tenían 12 años cuando fueron por primera vez en su vida a una aula en una escuela y en condiciones precarias salieron adelante. Las explicaciones del éxito de esa generación son muchas, me detendré en una, la enseñanza de la cultura mediante la enseñanza intensa de la lectura y de las bellas artes. Esa generación que jugó en calles destrozadas, muchos de ellos huérfanos de padre, o de ambos, canalizó muchas de sus energías en creaciones e innovaciones.

Hoy estamos ante el reto semejante, pero no igual, millones de niños no acuden a las aulas y el rezago educativo empieza a generar preocupaciones entre padres de familia, autoridades educativas, dueños de escuelas privadas y niños. Han transcurrido cerca de dos años de que se cerraron los centros escolares debido a la pandemia sanitaria y la decisión gubernamental fue que “truene, llueva o relampaguee” se abrirán las escuelas y que el alumnado regrese.

Al respecto las secretarías de Educación Pública y de Salud emitieron el 21 de junio del presente un magnifico documento intitulado “Guía de orientación para la apertura de las escuelas ante el COVID-19” en el cual recoge aportaciones de organizaciones internacionales y nacionales. Supongo que el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Organización Mundial para la Salud (OMS). El capítulo III, de la obra en cuestión, intitulado “Principios clave para la reapertura de las escuelas” desglosa que los siete principios son: Enfoque integrado; Participación incluyente; Género, inclusión y accesibilidad; Comunidad escolar completa; Apoyarse sobre las estructuras y equipos existentes; Fortaleza y, No discriminación. Realmente es un trabajo serio y a mi parecer totalmente plausible, pues se centra en evitar deserción y retraso social, así como fortalecer el aprendizaje y la salud emocional de los niños y adolescentes.

En lo personal yo propongo una reforma educativa con especial énfasis en aspectos culturales y en la enseñanza en la lectura y las bellas artes. Por supuesto que sin menoscabo de la ciencia y la tecnología y el idioma inglés, ya que no nos conviene aislarnos del mundo. La experiencia europea y sus enseñanzas son ricas. Fortalezcamos lo que somos y canalicemos los recursos en cualidades y habilidades de los niños. Sabemos que las destrezas científico-tecnológicas se desarrollan formalmente en la adolescencia. Difícilmente los libros de texto serán enriquecidos con la reforma propuesta, pues ya quedó claro que esta administración dice apoyar la vida cultural de la nación, pero eso no se ve en el presupuesto.

Desconozco que están planeando otras naciones en materia educativa para ver superados en un plazo de veinte y treinta años el problema de la educación y la socialización que hoy vivimos. Supongo que sus educadores ya están reformando sus programas académicos a fin de que la niñez de hoy, que sufre este encierro, vuelque todas sus energías a fin de que la concordia con la humanidad y con naturaleza sea armónica. A la vez veo con tristeza que en mi país lo que se pretende es un cambio en el contenido de los libros de textos gratuitos a fin de favorecer ideológicamente al actual gobierno. Peor aún, el discurso cultural no se refleja en el presupuesto, ni en infraestructura y observo que las instituciones culturales padecen una austeridad mal enfocada y que la idea de regresar a la “cortina de nopal” ha resurgido.

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