Ni Mono, ni Bipartidismo

Por Ezequiel Gaytán

Aunque las agrupaciones políticas existen desde la época del Senado Romano, es hasta fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX en Inglaterra que se organizan en partidos políticos al amparo de lo que ya es el inicio de la democracia moderna en el Parlamento y encontraremos a los Tories o conservadores y los Whigs o liberales en esa nación.

La idea de los partidos políticos cundió en muchas partes del mundo y en México, con nuestra incipiente independencia, los políticos mexicanos se organizaron en favor del federalismo y otros del centralismo, pero difícilmente podríamos hablar de partidos políticos pues en nuestra nación no existía cohesión interna, estilos políticos, competencia y reglas formales, mucho menos financiamiento, ni estructura formal en la Administración pública que organizara los comicios, ni dirigencia en las organizaciones, ni candidatos, ni militantes acreditados, ni afiliados formales. Sólo había ideas. Realmente fue hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando ya podemos hablar de partidos políticos en nuestro país: el Liberal y el conservador. Desde entonces nació, como en Estados Unidos, una idea binaria o bipartidista por la lucha por el poder.

Fue hasta el porfirismo que empezaron a desplegarse las ideas de nuevos partidos políticos. Aquí vale recordar al Partido Anarco Comunista de los hermanos Flores Magón y al Antirreeleccionista de Francisco Madero. Posteriormente, con el triunfo de la Revolución de 1910 llegamos a tener más de 50 partidos políticos, ya sea de carácter nacional o local. Poco a poco esos entes fueron desapareciendo o se fusionaron hasta que en 1929 Plutarco Elías Calles creó el Partido Nacional Revolucionario y fue asimilando a las diferentes fuerzas políticas hasta que, bajo sus diferentes nombres se convirtió, para fines prácticos, en el monopartidismo. Claro que en 1939 nació el Partido Acción Nacional (PAN), pero no aspiró al poder hasta 1988 que bajo el liderazgo Manuel Clouthier, le dio un giro a esa organización. Por su parte el Partido Revolucionario Institucional diseñó a su modo dos partidos políticos que le permitiesen abrir el abanico del supuesto pluripartidismo.

A partir de la reforma política de 1977 con el presidente José López Portillo, en nuestro país fueron surgiendo nuevas organizaciones partidistas y fue con la reorganización de diversas fuerzas de las izquierdas mexicanas que nació el Partido de la Revolución Democrática y en la elección intermedia de 1997, los mexicanos logramos que en el Poder Legislativo se erigiera el pluripartidismo, pues el PRI ya no tenía la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados.

Algunas de las lecciones que, a mi parecer aprendimos a partir de esa legislatura son: a) en asuntos del monopartidismo: es poco funcional debido a que una sociedad que piensa igual es una sociedad que piensa poco; encumbra al presidencialismo y se desfigura la división y el equilibrio de poderes; acaba por engendrar élites burocráticas como aconteció con las nomenclaturas de los partidos comunistas y, margina a grupos sociales e incluso los llega a arrinconar y, b) por lo que respecta al bipartidismo, en México, excluye fuerzas significativas y un país dicotomizado carente de imaginación acerca de la búsqueda de una tercera o cuarta opciones se cierra el futuro; polariza a niveles de extremismo las ideas y la violencia hace avisos de presencia.

No dudo que en los Estados Unidos de América y en el Reino Unido el bipartidismo les sea funcional, pero en los países latinos europeos y de nuestro continente la historia demuestra que tener diversas opciones, debatir, imaginar, replantear y alcanzar el consenso es, además de incluyente, más enriquecedor en la construcción del futuro. Empero, tenemos la sombra de las dictaduras militares que, en efecto, fueron gobiernos eficaces en materia de seguridad pública, pero sólo en eso. Nunca fueron capaces de lograr el desarrollo integral de sus respectivos países. Ni Franco, ni Videla, ni Pinochet lo lograron. La prueba es que hoy son repudiados en sus respectivas naciones y el mundo.

Los mexicanos ya manifestamos en las urnas nuestras preferencias. Triunfó el pluripartidismo. Es cierto que con dos fuerzas marcadas como son el PAN y Morena. Pero los otros partidos políticos tienen algo que decir debido a sus diferentes y respectivas ideologías. La sociedad, mediante el pluripartidismo, desechó la idea de que un solo hombre puede sacar adelante a nuestro país. Los políticos democráticos modernos que han pasado a la historia lo han logrado debido a que han articulado sus esfuerzos con legislaturas pluripartidistas. A la larga, el triunfo del monopartidismo y del bipartidismo son menos enriquecedoras que las ideas del pluripartidismo.

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