Morena es Chilanga

*Norte y sur: hoy dos Ideas de Desarrollo Confrontadas

*La Visión Centralista de dar Golpes de Estado a las Entidades

*En Desuso, Pero Retornó con la Hegemonía del Partido-Gobierno

*Riesgoso, Gobernar sin Entender la Sociología de los Pueblos  

Por Ezequiel Gaytán

El Movimiento de Regeneración Nacional no es chilango, lo sé. Es claro que su líder fundador es de Macuspana, Tabasco y, por supuesto que es una organización presente en todo el país, pero sociológicamente actúa como un ente chilango. Es decir, ejerce centralistamente su poder, habla con desdén acerca de lo que peyorativamente se le llama provinciano y actúa con la arrogancia de que “fuera de la ciudad capital todo es Cuautitlán”.

Su decidida acción en contra del gobernador democráticamente electo de Tamaulipas, Francisco Javier García Cabeza de Vaca, es una decisión del gobierno Federal en momentos electorales por apoderarse políticamente de ese Estado de la República. Para lo cual ha desplegado la fuerza de la Fiscalía General de la República, de las secretarías de Gobernación, de Seguridad Pública y de Hacienda. También ya recurrió al Senado pues el artículo 76 de nuestra Constitución le consagra a esa Cámara la facultad exclusiva de la desaparición de poderes en una entidad soberana.

Lo que no calculó Morena, ahí radica su chilanguismo, es que la sociedad del norte de México o si se prefiere, los norteños, son recelosos y muy orgullosos de lo que son: ánimo bronco, pasión por los retos, lenguaje directo y orgullo por su historia entre otras características. Aún más, prácticamente podría apostar que muchos tamaulipecos que no votaron en su momento por García Cabeza de Vaca, hoy lo apoyan ante la actitud centralista del gobierno.

Para cuando se publique este artículo ya habrá pasado mucha agua bajo el puente del río y tal vez ya gobierne otra persona y tal vez sean ciertas las acusaciones en contra del gobernador García Cabeza de Vaca, pero la actitud federal tan desaseada y prepotente no se olvidará tan rápido y serán muchos los norteños de los estados fronterizos mexicanos que habrán leído con suspicacia el intervencionismo chilango y eso se reflejará de alguna manera en las urnas el próximo 6 de junio.

En la historia patria podemos recordar que Francisco Madero no se entendió con Emiliano Zapata. Las causas están plasmadas en los libros de historia, yo sólo retomo una de ellas, la idea de la revolución que planteaban los norteños era diferente a la de los sureños. Madero y posteriormente Carranza, Obregón y Hill entre otros, pertenecientes a la clase media, tenían una idea de progreso y democracia, mientras que los sureños, básicamente campesinos, hicieron la revolución porque deseaban regresar a la tierra comunal y no querían cambiar; su movimiento sólo era sacudirse al régimen de Porfirio Díaz y los hacendados. Fueron dos visiones irreconciliables.

Ahora, con toda proporción guardada, vuelvo a ver dos ideas de desarrollo confrontadas. La del sur que añora el intervencionismo de Estado, el nacionalismo revolucionario, el monopartidismo y el presidencialismo centralista, paternalista y asistencial. La del centro-norte que propone la democracia pluripartidista, la tolerancia, el trabajo como fuente de riqueza y la concurrencia responsable de los sectores público, privado y social en favor de mejorar la calidad de vida de los mexicanos. Claro que lo aquí planteando es muy dicotómico y no es, exactamente así como está el paisaje político nacional, simplemente me acordé de esas dos visiones de revolución a principios del siglo pasado, la cual, por cierto, la del norte fue la que se impuso.

La visión centralista de dar golpes de Estado a las entidades de la República, mediante la anuencia del Senado por indicaciones presidenciales ya había caído en desuso, pero ahora con la hegemonía del partido-gobierno volvemos a los tiempos en que las soberanías estatales no son respetadas y eso fue un irritante que pagó caro el Partido Revolucionario Institucional. Aún más, no fue extraño que los triunfos de la oposición en contra de la hegemonía del PRI fueron, en un principio, en el norte, fundamentalmente Baja California y Chihuahua.

Gobernar sin entender la sociología de los pueblos es riesgoso, pues se corre el riesgo de ofenderlos imprudente e innecesariamente. En México hay un sentimiento, sobre todo en el norte, de indiscutible animadversión ante ciertas actitudes centralistas a las que despectivamente les llaman chilangas. Ojalá no se radicalicen, pero, hasta el momento, la realidad es que Morena es sociológicamente chilanga.

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