De MORENA, los Partidos y Cosas Peores

Las Revueltas de Silvestre

Por Silvestre Villegas Revueltas

Es de pena propia y ajena el ya antiguo pleito que al interior del partido MORENA tienen sus dirigentes para democráticamente elegir al presidente y demás cargos principales de semejante instituto político. Asimismo, no se nos debe olvidar que dicha agrupación nació en torno a la figura de Andrés Manuel López Obrador, su proyecto político y su deambular por la república mexicana donde conoció a muchísima gente, afines los unos y calculadores los otros. Yo no creo que MORENA sobreviva con tal denominación, con el perfil político que actualmente tiene y con la imagen gráfica que ostenta todos los días, más allá de la elección presidencial del 2024 porque, aunque ganara con tal o cual candidato, lo repetimos MORENA ha sido y es el vehículo que ha manejado don Andrés.

A pesar de lo anterior considero conveniente advertir al querido lector que el caso moreno no es privativo de AMLO sino que lo podemos encontrar con el partido del francés Macron, del italiano Salvini, del húngaro Orbán y otros más que como dirigentes políticos y ante las puertas cerradas de los partidos tradicionales, simplemente decidieron crear su propio partido ¿acaso no es el mismo afán el “México Libre” de Calderón y Margarita? Así como lo escribo.

En cuanto al tema de los partidos en la historia política de los países occidentales, es interesante su evolución. Es una verdad de perogrullo señalar que desde siempre ha existido facciones, filias y fobias, grupúsculos, reuniones, clubes y demás reuniones de individuos afines a que un determinado personaje ostentara un determinado cargo, desde rey y emperador hasta diputaciones populares y cargos directivos a nivel municipal. En México no existieron partidos políticos propiamente dichos hasta finales del porfiriato, pero desde el tiempo de la Primera República Federal en 1824, diversos individuos se dieron en conocer o fueron etiquetados como pertenecientes al partido de la libertad, al partido del orden, al partido liberal o al partido conservador amén del partido monárquico y el partido anti reeleccionista. Hacia 1853 Lucas Alamán escribió que el partido conservador era simplemente la reunión de individuos con ideas semejantes en torno al buen gobierno que debería privar en de la república; cinco años antes Carlos Marx y Federico Engels habían redactado el que sería famosísimo “Manifiesto del Partido Comunista”, obra inspiradora de los movimientos revolucionarios de la segunda mitad del siglo XIX hasta los años de 1970. Ambos pensadores y críticos de los errores sociales que estaba produciendo el capitalismo industrial en aquellos años sostuvieron que, una revolución sin una adecuada planeación de sus principios, aspiraciones y sin una guía personalizada que tuviera bien claro hacia dónde se quería llegar, y por qué medios se conseguirían tales o cuales cambios revolucionarios, estaba condenada al fracaso. El liderazgo resultaba esencial, pero lo era igualmente importante la constitución de un partido político que educara a dirigentes intermedios y seguidores de base, acerca de las metas, maneras, formas propagandísticas y, por último, procedimientos violentos tendientes a minar las bases en que se sustentaba el gobierno o sistema que se pretendía derrocar y sustituir. Tal metodología rubricada por un determinado partido político fue seguida al pie de la letra y por igual, por los partidos revolucionarios, léase comunistas y socialistas, como contrarrevolucionarios en las materializaciones de Acción Francesa, el partido Fascista italiano, el Nazi en Alemania, la Falange española y otros más. Fuera de los extremos mencionados líneas arriba, el mundo del liberalismo produjo una pléyade de partidos que detrás de los títulos demócrata, republicano, whig, tory, progresista, liberal, demócrata-cristiano y social-demócrata intentó y actualmente en el poder llevan a cabo, programas de gobierno y conceptualizaciones de estado donde, principalmente los cambios sociales, se llevan a cabo a través de reformas legislativas, constitucionales, de codificación, de tratados comerciales, de concesiones mutuas y muy importante: el éxito del mundo liberal radica en la tolerancia y una limitada libertad porque se vive en sociedad con pareceres distintos.

En el título de estas reflexiones hablábamos de “cosas perores”. ¿Cuáles son estas? Tanto en su vertiente revolucionaria como en la vertiente liberal, los partidos políticos que comenzaron como genuina vía para el concurso en las decisiones de la vida pública, se convirtieron en cotos privados de megalomanías, de facciones excluyentes, de proyectos sociales totalmente excluyentes. Algunos partidos políticos terminaron y han terminado siendo raptados por los afanes personalistas de individuos como Donald Trump que se impuso al viejo republicanismo estadounidense o Tony Blair que se apropió del Partido laboral inglés con una agenda que de socialismo-democrático solamente tenía el color que identifica al partido. Los partidos tradicionales desde hace más de veinte años están quebrados y por ello como dijimos al inicio de este artículo hoy existen partidos-yo, acompañados últimamente por un variopinto abanico de movimientos sociales, que tienen bastante fuerza y que van desde la problemática ecológica, los temas de género y violencia sexual hasta los negacionistas de la pandemia, los del complot universal, etcétera. El ciudadano tiene que sopesar muy bien a quién debe apoyar, qué causas debe respaldar, de quienes y que tipo de proyecto política debe darle la espalda, y en el caso mexicano los partidos políticos salen muy caros para la ciudadanía porque los presupuestos son millonarios. Para sus dirigentes de las nuevas agrupaciones que consiguen el registro en el INE ¡¡¡es como ganarse la lotería!!! Por la opacidad con la que manejan sus dineros.

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