“Ante el Cadáver de un Líder”

Del Cine y las Leyes

Apología del Cinismo

Por Horacio Armando Hernández Orozco

“Ante el Cadáver de un Líder”, película mexicana de 1974, dirigida por Alejandro Galindo; con la actuación de David Reynoso (Lic. Requena), Gonzalo Vega (Baldomero Palomares Blanco), Celia Viveros (Madre de Clara), Ana Lilia Tovar (Gloria Olvera de Barrientos), Hilda Cibar (Clara de Barrientos), Enrique Gilabert (Lic. Tavares Castrejón), Miguel Ángel Sanroman (Lic. Mata Topete), Mario García “Harapos” (Taquero), Guillermo Álvarez Bianchi (Administrador de hotel) y Juan Peláez (Riveroll, médico joven).

Ataúlfo J. Barrientos, líder sindical fallece en un hotel; el agente del Ministerio Público y tres periodistas creen que se trata de un homicidio y prohíben levantar el cuerpo; se presenta la viuda, la suegra, la otra esposa con sus hijos, los agentes de seguros, trabajadores con pancartas y coronas, así como un oportunista para asumir el liderazgo del sindicato, pero el que no llega es el médico forense para realizar las actuaciones de ley.

La historia de esta parodia es sencilla: un líder sindical es encontrado muerto en el cuarto de un hotel, al conocerse la noticia desfilan ante su cadáver todos los estratos sociales y políticos del país, queriendo sacar la mejor tajada que se pueda.

EN ESTE MUNDO MATRACA…

El administrador y propietario de un hotel de paso hace su rondín de rutina por las habitaciones; al llegar a un cuarto y encontrar un cadáver acostado en la cama, empieza a robarle sus cosas, pero se da cuenta quien es el occiso y llama a la policía.

Esta primera escena revela de que va la película, donde a río revuelto ganancia de pescadores, no importa que haya un cadáver, lo importante es el botín que se pueda obtener de la situación, pero cuando se advierte quien es el muertito, el ladrón de ocasión prefiere regresar lo robado, no porque exista un remordimiento moral sino porque las consecuencias serán de mayor perjuicio que el beneficio del hurto.

EL MUERTO AL POZO…

Al llamado del administrador acude el licenciado Requena, Agente del Ministerio Público, acompañado de varios policías, así como del joven médico Riverol, quien advierte que el cadáver tiene diversos hematomas y que es posible que lo hayan matado, por lo que el Ministerio Público pide que no lo muevan ni lo toquen hasta que llegue el médico forense; ante la insistencia de los periodistas, los deja pasar y éstos aprecian que el difunto es Ataúlfo J. Barrientos, por lo que de inmediato se comunica la noticia por la radio.

Cuando muere una personalidad de la política es inevitable que todos los periodistas quieran obtener la exclusiva y que por obvias razones los intereses más oscuros salgan a flote, tan es así que los primeros en llegar al hotel son los abogados de una compañía de seguros con la cual el difunto contrató un seguro de vida bastante cuantioso, pues a toda costa tratarán de evitar su pago.

A la escena llega Clara de Barrientos, esposa del muertito, acompañada de su madre, pero para sorpresa de ella, al poco rato también llega Gloria Olvera de Barrientos, la otra esposa junto con los dos hijos menores del ahora occiso.

Ambas se enteran de la póliza de seguro y demuestran más interés en acreditar su vínculo matrimonial.

DE GORDOS Y TRAGONES…

La suegra de Barrientos afirma que atrás de este ‘homicidio’ está Palomares Blanco, quien ha sido acérrimo rival de Ataúlfo, por lo cual el Ministerio Público ordena que lo traigan a como dé lugar; así que los agentes policiacos salen en su búsqueda, mientras tanto y toda vez que nadie ha desayunado, mandan traer a un taquero de canasta.

De por sí la escena ya era pintoresca con la presencia de las dos esposas, los periodistas, el dueño del hotel, los rapaces abogados de la aseguradora y de varios curiosos, la presencia del taquero da el toque de indiferencia frente al cadáver.

Y para colmo del cinismo, llega Baldomero Palomares Blanco, acompañado de un sequito de compañeros sindicalizados y no desaprovecha la oportunidad para emitir un mensaje político destacando las aparentes virtudes del muertito, y obvio posicionarse con sucesor a Secretario General del Sindicato de Trabajadores de la Industria del Zinc.

Cada uno de los personajes trata de sacar provecho de una u otra forma del fallecido; la muerte del líder sirve de trampolín para unos y dejaba aflorar las dos caras de los supuestos dolientes: hacia el interior se hablaba de la nefasta persona que era, pero hacia el exterior, hacia los medios y la población en general, se deshacen en elogios y halagos para el difunto.

EL QUE POR SU GUSTO MUERE…

Baldomero Palomares convoca a todo el gremio a rendir un homenaje a caído líder Ataúlfo J. Barrientos, y en medio de otro demagógico discurso recibe la noticia de que la Confederación le brinda su apoyo incondicional, en ese preciso momento se auto proclama como nuevo líder sindical entre tamborazos y vítores de las “fuerzas vivas”, protestando dar tiempo, juventud, sacrifico, conocimientos, todo, todo, todo, y si no es así, que la Historia se lo reclame. Esta escena en que Palomares se dirige a los simpatizantes desde el balcón y la cámara está detrás de él, imita a una fotografía del presidente López Mateos en el Zócalo.

La cinta es una radiografía del sistema político mexicano, concretamente al caciquismo sindical de la década de los 70’s, y que hoy quizás muchos añoran; a más de 40 años de su filmación, cabe preguntarse ¿hoy en día cuánto se ha avanzado en materia de política sindical?

Los personajes que encarnan a los dirigentes sindicales cumplen con el estereotipo de joyas, relojes caros, gusto por lo ostentoso, por hacer alarde de la condición económica a la que acceden “representando los intereses de la clase obrera”; es que algo tienen las organizaciones gremiales, en su concepción, estructura y cobijo gubernamental, que permite a sus líderes darse una vida llena de lujos, y eso que el dinero de los sindicatos es de los agremiados, no de los líderes, pero parece que esquilmar a los sindicatos no es un delito.

Un sindicato puede ser implacable, pues además de la escena de la habitación a punto de reventar, se muestra el Zócalo capitalino atiborrado por miles de manifestantes que desquician a la ciudad, al grado que desde la Secretaría de Trabajo llaman al agente del ministerio público para que agilice los trámites y entregue el cuerpo.

Una reforma gremial implica cambiar de fondo todo lo que está mal en el sindicalismo mexicano, pues de lo contrario, la historia se repetirá una y otra vez; o acaso ¿sólo será necesario cambiar de personajes, tal y como lo hizo en su tiempo Carlos Salinas de Gortari en los sindicatos petrolero y magisterial?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

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