“La Viuda”

Del Cine y las Leyes

Y la Huerfana…

Por Horacio Armando Hernández Orozco

“La Viuda” (“Greta”), película de suspenso psicológico, coescrita y dirigida por Neil Jordan, protagonizada por Isabelle Huppert (Greta Hideg), Chloë Grace Moretz (Frances McCullen), Maika Monroe (Erica Penn), Colm Feore (Chris McCullen) y Stephen Rea (Brian Cody); su estreno mundial fue en el Festival Internacional de Cine de Toronto el 6 de septiembre de 2018.

Frances es una dulce e ingenua joven que, tras la muerte de su madre, se muda a Manhattan; en el metro encuentra un bolso extraviado, decide entregárselo a su legítima dueña, Greta, una viuda; pronto se convierten en amigas, pero Frances descubre las siniestras intenciones de Greta.

Este thriller presenta la inusual amistad de una joven que ha perdido a su madre con una enigmática viuda solitaria, algo excéntrica y necesitada de compañía, la cual hará todo por dejar atrás la soledad que le aqueja, es la codependencia llevada al límite.

PERFIL DE UNA VÍCTIMA DE ACOSO

Frances trabaja como mesera en un sofisticado restaurante neoyorquino y de regreso a casa encuentra un bolso de piel olvidado en el metro, lo toma para llevarlo a la oficina de cosas perdidas, pero está cerrada, así que se lo lleva a casa.

Este es el breve inicio de la trama: una joven con rasgos de honestidad y hasta el momento ausencia de maldad, lo que se acentúa cuando Erika, su compañera de departamento, le reprocha diciendo “Esto es Manhattan, si encuentras una bolsa debes llamar al escuadrón antibombas”, posteriormente le sugiere que deben quedarse con el bolso y con el dinero que hay adentro, pero Frances decide regresarlo a su dueña, ¿qué podría salir mal?

Cualquiera puede ser víctima de acoso psicológico, nadie está a salvo, ya que la compleja combinación de factores que acontecen demuestran que son muchas las variables del acoso; sin embargo, diversos estudios demuestran que hay determinadas personas que, por sus características personales, son más vulnerables, lo que facilita que el acoso se manifieste contra ellas.

Los rasgos que presentaban un número elevado de víctimas son, entre otros, un exceso de ingenuidad o buena fe y que no hacen frente desde el principio a quienes les intentan perjudicar; son personas pacíficas y no confrontativas, se resisten a ver el mal en el otro y tardan demasiado en advertir la trampa en la que están; tienen una elevada capacidad empática, sensibilidad, comprensión del sufrimiento ajeno e interés por el desarrollo y el bienestar de los demás.

PERFIL DE UN ACOSADOR

Frances localiza la dirección de la dueña del bolso y personalmente se lo entrega; Greta Hideg, una viuda que vive sola desde hace años, ya que su hija Nicole radica en París, es maestra de piano y sufre de tremenda soledad; le invita a Frances un té mientras le cuenta su vida.

Hasta aquí no hay nada que sospechar ni por qué pensar mal; Greta se presenta como una mujer mayor de edad solitaria, emprendedora y de cierto modo culta, pues su referencia musical son los grandes pianistas del romanticismo Chopin y Liszt.

Si bien no existen unas características comunes en todos los perfiles, suelen darse algunas coincidencias entre las condiciones de los acosadores, que por lo general son personas que no toleran en los demás un modo de hacer las cosas diferentes de lo que consideran apropiado, no aceptan lo que para ellos es erróneo ni toleran la discrepancia respondiendo en consecuencia, son incapaces de tolerar el estrés al que se ven sometidos, con lo que ejercen la misma presión que sienten sobre los demás; si les humillan, humillan también; así que pueden culpar al sistema y no asumir responsabilidad alguna.

Estas características no siempre son visibles al inicio, pero tarde o temprano salen a relucir.

NADA ES POR AZAR

Greta invita a Frances a su casa para preparar la cena, la joven se encarga de poner la mesa y le pregunta a la mujer en qué lugar están las velas, Greta responde que un pequeño gabinete y Frances lo que ve ahí son muchas bolsas idénticas a la que encontró en el metro y que tienen apuntado el nombre y teléfono de mujeres, entre ellos, el suyo; el olvido de la bolsa no fue involuntario, fue deliberado.

Esta segunda escena hace dudar a Frances sobre las intenciones de la amistad sincera de Greta, se siente incómoda y decide irse a casa.

Se sabe que un acosador ha estudiado a la perfección a su víctima y si bien al principio todo puede presentarse como una cuestión del destino, lo cierto es que para el acosador nada es casualidad.

UN NO, NUNCA SERÁ UNA RESPUESTA

Frances evade a Greta, no le toma llamadas ni responde los múltiples mensajes que le envía, hasta que ella aparece en la acera de enfrente al restaurante en que trabaja, durando horas ahí parada; Frances llama a la policía, y un oficial sólo se concreta a decir ignórela.

Aquí se presenta otra característica del acosador: la obsesividad, esa inmensa necesidad de dominar, controlar, clasificar, de apegarse a los detalles; quieren que las cosas se hagan de una manera determinada y no de otra; tienen un carácter tozudo, obstinado y de un autoritarismo rígido.

En esta parte de la cinta, se muestra una tenue crítica a la incompetencia policial en el manejo de los casos de acoso, pues pese a las denuncias levantadas por Frances en torno al asedio sufrido, éste es desestimado por las autoridades, lo cual en muchos casos permite que pequeños actos se vuelvan funestos, como ocurre con la violencia: la víctima debe sufrir un percance grave para que la autoridad entre en acción.

El filme muestra el personaje de Greta como esa persona que sabe lucir amenazadora, desesperada y capaz de todo, y luego, en segundos, pasa a ser amable y divertida; el ser humano que deambula como zombi en ciudades de este siglo, una mujer neurótica enferma de soledad que puede llegar a los horrores de la civilización; toda esta locura creciente, es resultado de tanta soledad, de tanto haber visto; Greta se ha convertido en la persona que representa el hartazgo de las clases altas en los países ricos, donde ni el arte ni el dinero dan la felicidad; sufre como tanta gente en las grandes urbes del siglo; pero ¿por qué será que a pesar de los horrores que sufren las víctimas de acoso, uno siempre quiere entender y justificar los motivos del acosador?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

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