Reino Unido y la Unión Europea

Por Itzel Toledo García

En Reino Unido, las recientes votaciones al Parlamento Europeo (23 al 26 de mayo de 2019) dieron al recién creado Partido Brexit el primer lugar con 30.5% de los votos, mientras que los Liberal Demócratas obtuvieron el 19.6%, el Partido Laborista 13.6%, el Partido Verde 11.8%, el Partido Conservador 8.8% y el Partido Nacional Escocés 3.6%. El resultado demuestra que se mantiene la actitud euroescéptica y una actitud crítica ante los partidos Conservador y Laborista, cuyos líderes han prometido cumplir con la decisión democrática del Brexit pero que hasta la fecha no han logrado llevarla a cabo.

Recordemos que el 23 de junio de 2016 tuvo lugar el referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea y con casi 52% de los votos se decidió Brexit, es decir la salida británica de esta comunidad supranacional a la que se ingresó en 1973. El gobierno británico solicitó ingresar a la entonces llamada Comunidad Económica Europea (EEC) en 1963 y 1967, pero no fue aceptada por el veto del presidente francés Charles de Gaulle. Según este importante personaje las condiciones agrícolas y laborales británicas eran muy diferentes de las de los demás miembros de la Comunidad lo cual dificultaba su membresía. Sin embargo, el Reino Unido finalmente fue aceptado en enero de 1972 en las Comunidades Europeas (EC) -que incluían la EEC y la Comunidad Europea de Energía Atómica (Euratom)- e ingresó oficialmente en enero de 1973.

En tan sólo dos años, se realizó el primer referéndum británico sobre si debía permanecerse en esta organización europea, con un resultado del 67.2% a favor de la permanencia. No importando este resultado, el Partido Laborista consideró importante promover como parte de su plataforma política la negociación de mejores condiciones o la salida británica porque se consideraba que la membresía en la EC iba en contra de políticas radicales y socialistas que revivirían la economía británica. Ante los triunfos electorales del Partido Conservador y la continuidad de Margaret Thatcher como Primera Ministra (1979-1990), los laboristas decidieron dejar de cuestionar la membresía británica en el proyecto europeo.

En los noventa, con el Tratado de Maastricht, la Comunidad se convirtió en Unión Europea (1 de noviembre de 1993) pasando a ser una comunidad política. Por otra parte, comenzó a institucionalizarse el euroescepticismo británico con el establecimiento de dos partidos políticos: el UK Independence Party (UKIP) fundado en 1993 y el Referendum Party en 1994. Cuestiones como la adopción del euro en 2000 y el aumento de la inmigración europea, sobre todo después de la crisis del 2008, fortalecieron el sentimiento de euroescepticismo en Reino Unido. Así tenemos que en las elecciones para el Parlamento Europeo el UKIP fue aumentando su presencia: pasó de ser el tercer partido en 2004 (16%), a una década más tarde contar con el mayor número de votos británicos en 2014 (26.6%).

La cuestión de la membresía británica en la Unión Europea fue un asunto importante en la Elección General de 2015 en la que triunfó con mayoría el Partido Conservador. En campaña el Primer Ministro David Cameron (2010-2016) había prometido realizar un referéndum por las presiones dentro de su partido para lograr una reforma dentro de la Unión Europea referente a aspectos como la protección del mercado único europeo, la restricción de la inmigración y lograr que el Reino Unido no tuviera que ser tan cercano a las medidas tomadas por la Unión.

La dificultad de obtener la deseada reforma llevó a que Cameron anunciara en febrero de 2016 que el 23 de junio tendría lugar un nuevo referéndum. La base del mismo sería la pregunta: ¿Debería el Reino Unido permanecer como miembro de la Unión Europea o salir de la misma? La campaña oficial para salir fue “Vote Leave” (Vota Salir) con miembros de los Partidos Conservador y UKIP, principalmente, pero también algunos del Partido Laborista. La campaña se sustentó en prometer que se eliminaría el derecho de los ciudadanos europeos para entrar de manera automática a Reino Unido, se aumentaría la presencia británica en organizaciones como la Organización Mundial del Comercio, se tendrían 100 millones de libras extra cada semana para el Sistema de Salud Nacional (NHS), se acabaría la jurisdicción de la Corte Europea de Justicia sobre Reino Unido y ya no se harían contribuciones al presupuesto europeo. En cambio, la campaña oficial para permanecer como miembro de la Unión Europea fue “Britain Stronger in Europe” (Reino Unido más fuerte en Europa) y fue encabezada por el Primer Ministro Cameron. Ésta señalaba que más de tres millones de trabajos británicos están ligados al comercio con la Unión Europea, celebraba la libertad para trabajar, descansar, estudiar y retirarse en otros países sin necesidad de visas y con condiciones laborales aseguradas; mencionando a su vez que saliendo de la Unión habría menos comercio, disminuiría el crecimiento económico, bajaría la inversión, incrementarían los precios y habría pocas oportunidades económicas.

Debido al triunfo del Brexit, Cameron decidió renunciar al cargo de Primer Ministro pues los votantes no habían respondido favorablemente a su campaña para permanecer en la Unión Europea. La política conservadora Theresa May anunció su candidatura para sucederlo. Después de cambios al interior de los conservadores, May asumió el cargo el 13 de julio de 2016 y el 29 de marzo de 2017 se inició el proceso formal para la retirada británica de la Unión Europea. Se estableció que la salida debía ocurrir antes de la 11 pm del 29 de marzo de 2019, sin embargo, la fecha límite se ha extendido al 31 de octubre de 2019. Esta extensión ha permitido que los británicos participen en las elecciones al Parlamento Europeo este año. Como acabamos de ver, el Partido Brexit fue la opción más votada en Reino Unido con 30.5% de los votos.

Brexit ha sido el punto primordial de la política interna británica en los últimos tres años y ha hecho necesario un replanteamiento sobre las relaciones internacionales de aquel país. Las rondas de negociación comenzaron en junio de 2017 y se concentraron en cuestiones como son: la necesidad de hacer la separación por periodos para no afectar intereses económicos, favorecer la creación de nuevos tratados de libre comercio, encontrar vías para asegurar buenas condiciones a los nacionales británicos que residan en la Unión Europea y viceversa, lograr una separación en que se asegure que continúe la paz en la frontera de la República de Irlanda con Irlanda del Norte, entre otros.

Las negociaciones a cargo del gobierno de May dieron lugar a un Acuerdo de Salida y una Declaración Política para las relaciones en el futuro que ha sido aceptada por los gobiernos de los 27 miembros de la Unión, pero han sido rechazadas por el Parlamento Británico.

Ante este escenario, el 24 de mayo la Primera Ministra anunció que el 7 de junio presentaría su renuncia ante la dificultad de lograr una propuesta de tratado de salida de la Unión Europea que sea aceptada por el Parlamento Británico. ¿Será capaz de lograr un acuerdo aceptable para el Parlamento el o la siguiente Primer(a) Ministro? Según May es necesario para la democracia británica cumplir con la salida de Reino Unido de la Unión Europea, pero para ello será necesario lograr un consenso en el Parlamento (que ella no consiguió) o salir sin ningún tipo de acuerdo. Desde junio de 2016 existe la propuesta por parte de los que votaron por permanecer (Remainers) de hacer un nuevo referéndum, pero ha sido rechazada hasta el momento por líderes políticos y el Parlamento.

El 23 de junio de 2016 ganó Brexit y 23 meses después seguimos llenos de preguntas: ¿Se logrará hacer un nuevo referéndum y de ser así volverá a ganar la postura de salir de la Unión Europea? ¿Si no hay otro referéndum, Brexit ocurrirá a través de un acuerdo o sin acuerdo previo? ¿Se logrará una nueva extensión para negociar Brexit o el 1 de noviembre Reino Unido ya no formará parte de la Unión Europea? No hay nada seguro pero, el resultado británico en las elecciones al Parlamento Europeo nos indican que buena parte de la población británica está cansada de la inhabilidad de los partidos Conservador y Laborista para llevar a cabo Brexit.

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