Del Cine y las Leyes

“El Planeta de los Simios”

Planets of the apes
Planets of the apes

“El Planeta de los Simios” (“Planet of the Apes”), película de ciencia ficción de 1968, dirigida por Franklin Schaffner, basada en la novela homónima de Pierre Boulle, protagonizada por Charlton Heston (Coronel George Taylor), Roddy McDowall (Cornelius), Kim Hunter (Dra. Zira), Maurice Evans (Dr. Zaius), James Whitmore (el Presidente de la Asamblea de Simios), James Daly (Dr. Honorious) y Linda Harrison (Nova).
El coronel George Taylor es un astronauta, en una misión de larga duración, llega a un planeta desconocido que está gobernado por una raza de simios mentalmente muy desarrollados que esclavizan a los seres humanos que carecen de la facultad del habla; cuando su líder, el doctor Zaius, descubre que Taylor posee el don de la palabra, decide que hay que eliminarlo.
En 2001, la película fue considerada «cultural, histórica y estéticamente significativa» por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y seleccionada para su preservación en el National Film Registry; tuvo su primicia mundial el 8 de febrero de 1968 en Nueva York.
DEL ODIO AL AMOR, SÓLO HAY UN PLANETA
En 1974, la tripulación de la nave espacial Icarus, después de un viaje a velocidades cercanas a la de la luz, llega a un planeta desconocido; los astronautas se alertan porque la nave se está hundiendo en un lago; antes de abandonarla, Taylor observa que, según los cálculos de la computadora, el año actual debe ser 3978, ellos han envejecido solo 18 meses, pero en el planeta Tierra han transcurrido 2006 años contados desde el lanzamiento en 1972, debido a la dilatación del tiempo, típica de la teoría de la relatividad de Einstein.
Los astronautas caminan por un inhóspito desierto, poco después encuentran un oasis y cuando están nadando, sus ropas y provisiones son robadas; los ladrones son un grupo de humanoides primitivos que no pronuncian palabras; ellos piensan que será fácil dominarlos, pero descubren con horror que gorilas uniformados corren a caballo blandiendo armas de fuego, trampas y redes, que utilizan para capturar a todos los humanos que puedan y matar a los que escapen.
El personaje de Taylor se presenta como un tipo decepcionado de la raza humana, a la cual aborrece y se burla de ella, no dejando de pensar que “en alguna parte del universo tiene que haber algo mejor que el hombre”, pero para su sorpresa eso algo mejor resultan ser los simios, ahora debe sobrevivir a los mismos y luchar por defender a su propia especie: la humanidad.
LA PALABRA OS HARÁ LIBRES
Mientras huyen de los gorilas cazadores, Taylor recibe un disparo en la garganta que lo enmudece; es encerrado en una jaula, donde la Dra. Zira lo examina y Taylor intenta decir palabras, pero no lo consigue debido a su herida, Zira le dice: “Habla ojos claros, haz tu truco”, pero es inútil, así que éste le quita su bolígrafo y cuaderno para escribir su nombre causando la sorpresa de la doctora, quien junto a Cornelius se asombran del relato de Taylor de cómo llegó a su mundo.
La noción del habla es esencial en la comunicación, a través de ella se logra transmitir una serie de ideas y argumentos que facilitan la mejor toma de decisiones; según el Paradigma Narrativo de Walter Fisher, los humanos son seres racionales, que toman decisiones basadas en argumentos, y su racionalidad está determinada según cuánto saben y cuán bien pueden argumentar, el mundo se puede descifrar a través de análisis racionales, y se entiende que los humanos toman sus decisiones basadas en “buenas razones” determinadas según la cultura, historia y carácter.
Los simios han avanzado y logrado una civilización gracias al habla, mientras que los humanos, carentes del habla, están en una sociedad primitiva y esclavizada.
De tal magnitud es la importancia del habla que es célebre la frase que pronuncia Taylor en una de las escenas cumbre de la cinta: “Quita tus sucias patas de encima, mono asqueroso”, lo que causa asombro en todos los simios, pero gran temor en el Dr. Zaius.
EL JUICIO SURREALISTA Y PARADÓJICO
Zaius sabe de la habilidad de Taylor para hablar y escribir, pero lo que en realidad le da miedo es su capacidad de razonar, por ello es trasladado de nuevo a su jaula junto con la mujer a la que bautiza como Nova, a quien trata de enseñarle a hablar; inmediatamente es llevado ante el Consejo Simio siendo acusado por un tribunal integrado por el propio Dr. Zaius, el Dr. Honorious y el presidente de la Asamblea de Simios.
Cornelius pregunta al Tribunal, que determine el objeto del proceso, pero se señala que Taylor es un humano y conforme a la Ley Simia no tiene derecho alguno, cuestionando Zira entonces porque lo llaman acusado; y si bien no se le acusa de nada, sin embargo, está claro que será condenado, pues Dr. Zaius toma el hecho del humano parlante como una herejía a los dogmas religiosos y una amenaza a su civilización.
La escena del juicio, un paralelismo a los juicios del Macartismo, revela lo absurdo, ilógico e incoherente que es procesar a alguien sin acusación concreta y negándole cualquier derecho de defensa, pues conforme a determinada ley carece de derechos, pero lo más trascendente para el espectador es presenciar que Taylor es un ser racional, y que como tal debe gozar de derechos; más allá de su humanidad, está su racionalidad y de ella nace la imperiosa necesidad de respetar su dignidad como ser racional, que la noción de especie sucumbe ante el discernimiento razonado, sin importar la conformación de especie, raza o condición social, económica y cultural que integra el Tribunal de enjuiciamiento o el jurado.
UN GRAN FINAL
Taylor escapa con la ayuda de Cornelius y Zira, viaja hasta la zona prohibida, allí es alcanzado por Zaius, y le recrimina por la maldad de su especie; en una cueva, descubren una muñeca humana que habla, Taylor le refuta que esto prueba que el humano es más civilizado que el simio y que aún que no ha respondido a la pregunta: ¿un planeta donde el simio evolucionó del hombre?, por lo que tiene que haber una respuesta, a lo que Zaius contesta: “No la busque Taylor, puede que no le guste lo que encuentre”.
Y efectivamente, Taylor encontró la respuesta a su pregunta: La involución del hombre representada por la imagen de la estatua de la Libertad semienterrada en la playa: El planeta de los simios es en realidad la Tierra.
Esa escena, por sí sola es un clásico del cine, el impactante final sigue siendo lo más recordado, de lo más sorprendente en la historia de la cinematografía.
Los simios inteligentes escenifican una pluralidad de temores humanos, que van desde el miedo al holocausto nuclear al recelo en la ingeniería genética, pasando por el racismo anglosajón blanco tipificado Taylor; el escepticismo en la Era Espacial manifiesto en el desenlace desastroso de la expedición; el rechazo al dogmatismo religioso del Dr. Zaius; y la mirada ecologista desnudando el maltrato que los simios mutantes infligen a los animales ‘inferiores’, pero ¿en realidad esto será el sustento de la teoría de la involución humana en la que el homo sapiens puede regresar al punto de partida?
La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

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