Ser mexicano es un orgullo, pero no significa ser naco o cursi: Alejandra Cervantes    

Por Edmundo Cázarez C

-Primera de dos partes-

Foto: Adrián Ponce.

Alegre, curiosa, inteligente, educada y hasta divertida, Alejandra Cervantes Mascareño, una extraordinaria sinaloense, quien, y por decisión unánime del Consejo Directivo de Papalote Museo del Niño, se convirtió en su directora general con el afán propósito de catapultar el tradicional y emblemático espacio dedicado a los pequeños de la Ciudad de México. Sin lugar a dudas, el éxito logrado obedece a su peculiar estilo de ver la vida y ese elevado espíritu filantrópico que le caracteriza y distingue. Licenciada en Relaciones Internacionales por la universidad Iberoamericana, acostumbrada a vencer los retos que ella misma se fija, con poco más de doce años de experiencia en la gestión y administración de proyectos, así como la captación de fondos para la creación de nuevos museos, Alejandra Cervantes, es una hermosa mujer de nuestro tiempo que nació para triunfar.

Profundamente enamorada de sus raíces, en esta primera parte de la conversación reitera que ser mexicano es un orgullo, pero no significa ser naco o “cursi”, sino que lo que nos hace falta como país, es ponernos la camiseta del verdadero amor por México, y subraya que resulta muy triste y hasta lamentable que el propio mexicano no crea en la grandeza que somos como nación.

A lo mero macho, platicar con ella, es un verdadero agasajo por su cultura, por la sinceridad y honestidad que hay en cada una de sus palabras y que transmiten confianza. Sencilla pero elegante en el vestir, acompañada de su eficiente y atractiva coordinadora de medios, Paola Guevara, nos recibe en una improvisada sala de usos múltiples, dando muestras de ser una excelente anfitriona y dispuesta a responder cada una de las preguntas que le formulamos sin poner objeción alguna.

– ¿Como le va en la vida a la licenciada Alejandra Cervantes, tras aceptar el enorme reto como directora general de Papalote Museo del Niño?

-Me va muy bien, me siento mucho muy contenta, sobre todo, con mi llegada a Papalote Museo del Niño ha cobrado mucho sentido…

– ¿Quién es Alejandra Cervantes que transmite tanta energía y buena vibra?

– ¡Wooow!!, muchas gracias por esas palabras. Alejandra Cervantes es una mujer que ha trabajado desde muy joven, completamente atrapada por la lectura y todo lo que tiene que ver con lo académico

– ¿Una hormiguita que no para…?

-La verdad sí, soy muy entregada al trabajo

-Bueno, como dicen en mi pueblo: “A cada capillita se le llega su fiestecita…”

-Ja, ja, ja. Me da muchísimo gusto que, en este punto de mi vida, esté cobrando sentido y las piezas del rompecabezas se estén uniendo para estar preparada y al frente de Papalote Museo del Niño.

-Ya que me hablas de esa etapa inicial de tu vida… ¿Qué recuerdos tienes de la niña Alejandra Cervantes?

– ¡Ay, qué bonita pregunta!! Alejandra Cervantes Mascareño… ¿Cómo fue de niña? Siempre fue una niña muy alegre, inquieta…

-… ¿Colmada de mimos…?

– ¡Claro que sí!!, sobre todo, al ser la tercera de una familia y que le tocó llegar un poquito más tarde que mis hermanos…

– ¿Digamos que un bello “pilón”?

– ¡Si!!, me tocó cerrar la tercia de los hermanos, pero mucha más chica, es decir, fuimos dos mujeres y un varón.

-Bueno, es que, a la tercera, es la vencida…

-Creo que sí, estoy segura que llegué a completar una fantástica familia en la que, siempre, me brindaron un lugar mucho muy especial conformado de espontaneidad, de consentimiento, vamos, de mucha cancha abierta tanto para el juego como para las preguntas que formulaba minuto a minuto…

– ¿Una pequeñita fuera de serie?

-Digamos que una niña muy vocal…

– ¿Dueña de sí misma?

-Desde muy niña expresé lo que pensaba, lo que sentía y con el paso de los años, mira, aquí estamos

-Insisto, ¿llegaste a cerrar con “broche de oro” esa hermosa familia?

-La verdad es que sí, ja, ja, ja. ¡Que modesta soy!!

– ¿Era muy gratificante nacer en pañales de seda?

-Ja, ja, ja. No considero que haya nacido en pañales de seda, sino que tuve la dicha de nacer en el seno de una familia a la que le hacía falta completar con una niña, así es que todos me recibieron con los brazos abiertos

– ¿Cuál era el juguete favorito de esa hermosa niña?

-Siempre jugué mucho con muñecas… Mmm, creo que fue una etapa importante de mi niñez jugar y platicar con mis muñecas. Pero también, recuerdo que jugué mucho a pretender….

– ¿…Ser una niña precoz?

-Era sumamente inquieta. Me gustaba pretender que yo era la maestra. Pretender que era una niña exploradora. Pretender que era la cuidadora de otros niños, vamos, hasta pretendía ser la mamá de mis propios hermanos…

– ¿La cigüeña no se equivocó de planeta con una niña “super vivaracha”?

– ¡Qué bonita pregunta!! Estoy segura que gran parte de mi infancia, pretendía ejercer determinada profesión o algún rol, compartiendo aventuras con mi mejor amiga de infancia…

– ¿Ya jugabas con ser “adulta”?

-No adulta precisamente, sino ejercer tal o cual profesión, desde la óptica de una pequeñita terriblemente inquieta…

– ¿También anhelabas en ser mamá?

-Sí, pero en el aspecto de preparar la comida para mis amigos y hermanos. Jugaba con viajar mucho por el mundo entero.

-Insisto… ¿Una niña precoz?

-No necesariamente sino bastante activa y pro activa

-En la escuela, ¿también eras súper destacada?

-Siempre fui muy buena y dedicada para la escuela. Me encantaba leer mucho, estudiar y aprender cosas nuevas…

– ¿Era una “probadita” de lo que el destino te tenía preparado, con tu arribo a la dirección general de Papalote Museo del Niños?

– ¡Vaya pregunta!! No, no lo digo por estar ahora en el lugar en el que, por excelencia, se viene aprender, pero sí, me decía que era muy destacada en la escuela.

– ¿Te ayudaban hacer las tareas?

-No, fíjate que no. Yo las hacia completamente. Curiosamente, me convertí en una especie de “maestra” de mis mejores amigas.

– ¿Tu casa, era un templo del saber?

-Yo diría que mi casa era el lugar “idóneo”, en donde se estudiaba para los exámenes de secundaria y hasta de prepa… ¡era la casa de los Cervantes!!

-A lo mero macho, ¿eras una niña super brillante, del montón o media burrita?

-Siempre fui una niña que destacó académicamente…

-Eso… ¿te inyectaba seguridad…?

-Me hacía sentirme muy orgullosa de mí misma, y como bien lo dices, me sentía mucho muy segura, pero también, fue una manera de agradecerle a mis papás todo el apoyo y las oportunidades que me brindaron.

– ¿Se siente “chido” ser un estudiante de excelencia?

-Para mí, ser una estudiante de excelencia, era mostrar mi agradecimiento y hasta una moneda de cambio por lo que me habían dado.

– ¿Qué premios recibías a ese esfuerzo?

-No eran premios materiales como tal, sino un reconocimiento a nivel familiar, me sentía muy feliz cuando me abrazaban y hasta me aplaudían tanto mis papas como tíos y abuelos. Ese premio, no se traducía en un tema material, sino que era un tema de valor moral y emocional.

– ¿Cómo era una tarde de la niña Alejandra de los 6 a los 10 años?

-Siempre tuve mucha inquietud por el baile, así es que, muchas de mis tardes, era asistir a mis clases de baile. Pasando por todas las disciplinas, empezando por el ballet, jazz, moderno, hasta llegué a participar en concursos escolares de baile.

– ¿También traías la música por dentro?

-Creo que sí, es decir, siempre andaba bailando y jugando en el jardín. Estar en áreas verdes me llenaba de energía, hasta la fecha, disfruto mucho estar en áreas verdes.

– ¿Cuál fue ese año más difícil de la primaria?

-Creo que el año más complicado, cursando la primaria, fue primero de primaria porque ingresé al Colegio Oxford, un colegio totalmente nuevo, es decir, tanto las instalaciones y éramos puras niñas, pero también, recuerdo que me tocó una maestra excesivamente exigente…

– ¿Una maestra “canuta”?

-Ni más ni menos, pero hecha a la vieja escuela. Era una señora mucho muy mayor de edad y con un carácter horrible.

– ¿Lograste cultivar la amistad de esas primeras compañeras?

– ¡Sí!!, hasta la fecha, tengo la suerte de contar con su valiosa amistad.

-Por la mente de esa inquieta niña, ¿Qué quería ser de grande?

– ¡Uff!!, vaya, qué buena pregunta me acabas de formular. Ya hiciste que me pusiera a pensar… ¡Siempre quise ser grande!!

– ¿Pero qué profesión deseabas desempeñar “de grande”?

-Ninguna en especial, nada más quería ser un adulto. Es decir, tomar mis propias decisiones y viajar…

– ¿Era tan difícil “ser grande”?

-No, más bien, era deseable llegar a ser grande

– ¿Qué era más difícil para ti, ser grande o ser niña?

-Edmundo, me sorprendes mucho, creo que te voy a contratar como sicólogo de Papalote Museo del Niño…

-Muchas gracias, pero no. Esta noble y hermosa profesión de reportero no la cambio por nada… ¡ni volviendo a nacer!! A lo Mero Macho. Va de nuevo… ¿Qué era más difícil para ti, ser grande o ser niña?

-Creo que era más difícil “ser grande”

– ¿Por qué?

-Mmm, porque siendo “grande”, todo es más complejo. Hay que tomar decisiones. Tener que asumir consecuencias…

– ¿Y en la niñez?

-Pues en la niñez, tenemos ese privilegio de soñar, de hacer, deshacer, de pedir con muchísima más libertad. Te repito, siempre quise ser grande para viajar.

– ¿Embajadora o sobrecargo de un avión?

-En esa etapa de mi vida no encontraba una profesión de “viajera”. Si la hubiera encontrado, ten la seguridad que la hubiera escogido. Siempre ha sido mi pasión viajar y conocer el mundo, hablar diferentes idiomas, vivir en otras ciudades

-Creo que con esa brillante trayectoria que has tendido, muchos de esos sueños ya los hiciste realidad …

-En efecto, gracias a Dios. He tenido el privilegio y la bendición de conocer otras culturas, tener amigos de muchas partes del mundo y hasta poder hablar cinco diferentes idiomas

-Volviendo con la adolescencia ¿Cómo te fue en la secundaria?

-Fue un transitar por la secundaria mucho muy bueno, es decir, en el aspecto académico, jamás, tuve problemas, pero ello… Quiero hacer énfasis que, gracias a un extraordinario entorno de amistad en el que me desarrollé durante la etapa de mi adolescencia. Era empezar abrir los ojos, conocer el mundo exterior a la familia, ir a fiestas. No cabe duda que fui una privilegiada en ese aspecto.

– ¿Muy “matadita” para el estudio?

-Fíjate que no me atrevería calificarme como “matadita”, sino que siempre me gustó muchísimo estar estudiando… ¡y hasta la fecha!! Es más, si me preguntaras si me gustaría hacer otra maestría, te diría que sí. Estar en la secundaria me encantó experimentar un poco más de libertad, recibir otro tipo de clases y hasta un poco más especializados para irme perfilando hacia lo que más me gustaba. Acompañada de muy buenas amigas que hacían que la pasara increíble.

– ¿Siendo niña, tuviste la oportunidad de conocer Papalote Museo del Niño y decretaste que serias su directora general?

– ¡Qué pregunta tan interesante!! Efectivamente, siendo una niña de primaria, tuve la oportunidad de visitar Papalote Museo del Niño. Creo que pertenezco a una de las primeras generaciones que tuvieron esa oportunidad de conocer Papalote Museo del Niño, pero estaba mucho muy chica para decretar que llegaría a ser su directora general.

– ¿Qué recuerdos guardas de esa visita a Papalote Museo del Niño?

– ¡Vaya, posees un “don” para transportarme a esa época!! -Señalando con su mano derecha un enorme ventanal- Recuerdo haber pasado por esa enorme puerta de cristal y la existencia de un mural en donde todos los niños íbamos plasmando nuestras manos… Con una enorme sonrisa, exclama: ¡Sí!!, me acuerdo que fue con pintura color amarrilla, pero no sabía que, con el paso del tiempo, llegaría a convertirme en directora de este fantástico lugar.

– ¿Pero sí sabias que ibas a dedicarte al mundo de los museos?

– ¡No, tampoco!!, sin embargo, me acabas de llevar de la mano por esa primera vez que estuve en este lugar

– ¿En la secundaria te venias de “pinta” a Papalote Museo del Niño?

-Para qué te digo que no me fui de “pinta”, pero no a Papalote Museo del Niño, sino que eso sucedió en la etapa de prepa, en donde nos encantaba echar mucho relajo con los amigos y compañeros.

-Siendo güerita, guapa… ¿Eras la atracción de los chamacos?

-Ja, ja, ja. ¡Fíjate que no…!!

– ¿Por qué?

-Siempre he sido una mujer bastante exigente. Tampoco sabía si era la envidia de alguien o no. Era demasiada exigente conmigo misma, mucho más, con los chicos que se me acercaban y pretendían andar conmigo.

– ¿Estando en la prepa, fue como pudiste definir cuál sería tu futuro profesional?

-Sí, cursando la prepa en el Colegio Oxford, empiezo a convencerme de un apasionamiento por la esfera internacional y me encamino a estudiar la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad Iberoamericana

-Aunque siempre fuiste una muy destacada estudiante, ¿cómo te fue en la prepa?

-Te lo digo con toda franqueza, siempre exenté todas las materias.

– ¿Es verdad que la Universidad Iberoamericana, la famosa “Ibero”; es solamente para estudiantes “fifís”?

-Fíjate que no. Hay estudiantes de todas las clases sociales. Ingresé a la Ibero después de un año “sabático”, es decir, al concluir un servicio de voluntariado en Brasil con niños de Sao Paolo que viven en las favelas.

– ¿Te costó mucho trabajo cortar el cordón umbilical de tu familia?

-Pues así es la vida, esa fue mi primera gran decisión, despojarme del cordón umbilical familiar. Mis padres siempre me apoyaron en mi búsqueda de nuevos horizontes y realizar las cosas por mí misma, viajar y conocer el mundo entero, creo que me facilitaron unas enormes alas. Total, regreso a la Ibero y comienzo a estudiar la carrera de arquitectura, la cual, me atrapó y fascinó, pero a muy corto tiempo, me di cuenta que no quería dedicarme a la arquitectura…

– ¿Por qué?

-Solamente quería estudiarla, porque las materias de la arquitectura que más me gustaban eran aquellas que estaban enfocadas a las humanidades, es decir, qué estaba sucediendo en el ámbito político y social cuando construyeron tal o cual edificio.

– ¿Te dabas topes en la pared al descubrir que te habías equivocado de carrera?

-Me resultó super difícil aceptarlo porque jamás he sido partidaria de cambiar de opinión o de rumbo en mis decisiones, pero al final de cuentas, creo que fue la mejor opción.

– ¿Descubrías que no era tan malo perder?

– ¡Qué bonita pregunta!!, además, tienes muchísima razón, efectivamente, perdiendo es como se aprende. Perdiendo te retas a ti mismo

– ¿Era empezar un nuevo camino, pero con renovados bríos?

-Así es. Comencé a estudiar la carrera de Relaciones Internacionales. Una carrera que me llena y apasiona por completo.

– ¿Te veías convertida en embajadora de México?

-Sí, la verdad es que sí. Trabajé en la Secretaría de Relaciones Exteriores y aunque no fue mi camino pertenecer, circunstancialmente, al Cuerpo Diplomático Mexicano…

-Un gran honor representar a tu país y promoverlo…

-Llevar la representación de México en el exterior es un gran honor y una tremenda responsabilidad, sigue siendo uno de mis sueños, pero por cosas de la vida, mírame, aquí estamos ahora.

-A lo Mero Macho, ¿la cigüeña no se equivocó de país cuando naciste?

-No, yo creo que no. Amo con todo mi corazón a México. Soy una apasionada de la cultura y de los artistas mexicanos. Me encanta recorrer cada uno de los 32 estados que integran la fantástica y maravillosa República Mexicana. Admirar cada una de las creaciones que los artesanos mexicanos elaboran con sus mágicas manos…

– ¿Cuántos Méxicos hay?

-Me encanta que existan tantos Méxicos…

– ¿Por qué tantos Méxicos?

-Porque no es el mismo México del que soy originaria, es decir, ya no sé si son 32 Méxicos o muchos más.

– ¿Esta bella e inteligente mexicana, en dónde abrió los ojos por primera vez?

-Soy orgullosamente originaria de Sinaloa y te puedo decir que el norte de nuestro país resulta todo un universo, pero después, vienes a la gran capital del país, la hermosa Ciudad de México y descubres una extraordinaria ciudad cosmopolita que no le pide nada a ninguna otra ciudad del mundo, así se trate de Nueva York o Tokio. En la Ciudad de México tenemos lo mejor de lo mejor…

– ¿Después de la Ciudad de México, se acaba México?

– ¡No!!, por supuesto que no. Viajas a Yucatán y descubres un verdadero paraíso cultural y arquitectónico, luego, recorres las costas y playas del inmenso litoral del océano pacífico…

– ¿Ahora sí que, no te la acabas?

-Es que en México existen muchos Méxicos…

– ¿Por qué dicen que ser mexicano significa ser naco o cursi?

-Lo dicen por incultos. Ser mexicano es un orgullo y no significa ser naco o cursi. Ser mexicano es diversidad…

-Pero también dicen que la diversidad es algo nuevo…

-Que me perdonen, pero la diversidad es lo más antiguo de la propia humanidad, además, también forma parte de la historia de nuestro país.

-A lo Mero Macho, ¿Qué es la diversidad?

-Son los diferentes grupos prehispánicos que habitaron estas benditas tierras hace siglos. La diversidad, es hablar infinidad de lenguas y dialectos. La diversidad, es la gama de climas que disfrutamos en el país. La diversidad, es el ecosistema que tenemos, vamos, la diversidad la formamos todos.

-Entonces, ¿Ser mexicano es simplemente ser diverso?

– ¡Exacto!!, quien vea esas diferencias como un obstáculo, está aceptando su propia limitación de vida

– ¿Hemos llegado al grado de convertirnos en rehenes de nosotros mismos?

-No precisamente, sino que nos estamos negando a evolucionar y ver la diversidad como parte de esa libertad, de ese respeto y hasta como una especie de apertura de puertas.

– ¿Indolentes a un cambio?

-No, yo no lo veo así. No me gusta poner calificativos porque creo que, no todo el mundo está listo para efectuar ese cambio de conciencias. Tenemos que permitirnos a ese cambio y con las herramientas necesarias a nuestro alcance.

– ¿Qué nos detiene para catapultarnos a ese cambio?

-A los mexicanos, nos hace falta creer en esa grandeza que tenemos como país…

– ¿Alguna vez llegaste a pensar en el deseo de convertirte en presidente de México?

-Para que te digo que no. Sí, sí lo llegué a pensar, pero hoy por hoy, no es el camino por donde va mi carrera, sin embargo, la política es algo que me apasiona muchísimo. Mira mi querido Edmundo, te confieso que fue un honor haberme desempeñado como servidora pública.

– ¿Qué te dejó de bueno haber estado en Relaciones Exteriores?

-Muchísimo conocimiento y respeto hacia el servidor público. Muchísimas ganas de seguir aportando al desarrollo de México. Muchísimo orgullo de ver como perciben a México en el exterior gracias a la participación de infinidad de foros internacionales en donde toda la gente se expresa de México con admiración y respeto, pero al llegar a mi propio país, con desencanto y tristeza, me rehúso aceptar que el mexicano no se valora, ni se ve como lo ven en el extranjero

– ¿Nos hace falta ponernos la camiseta de ese verdadero amor por México?

-Es que México es un país que tiene todo el potencial, capital humano, talento, cultura, economía, instituciones, empresas y sectores productivos para llegar a ser una potencia mundial.

– ¿Nos hace falta cultura?

-Sí, la verdad es que sí. Nos hace falta conocer y apreciar la cultura.

– ¿Renegamos nuestra propia existencia?

-Todo ello, se debe al desconocer nuestra propia cultura y raíces. Los primeros que deberíamos estar orgullosos de todo lo que se produce en este gran país, somos nosotros mismos.

– ¿Nos negamos aceptar las maravillas que poseemos como nación?

-En el momento que volteemos para ver hacia adentro del país y no estemos distraídos viendo hacia el norte, creo que vamos a dar ese paso trascendental.

-Continuará-

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