“El Encierro”

Del Cine y las Leyes

La Maldad sin Límites

Por Horacio Armando Hernández Orozco

“El Encierro” (“An American Crime”), película estadounidense basada en una historia real sobre la tortura y muerte de Sylvia Likens; dirigida por Tommy O’Haver; con la actuación de Catherine Keener (Gertrude Baniszewski), Ellen Page (Sylvia Likens), James Franco (Andy), Ari Graynor (Paula), Nick Searcy (Lester Likens), Romy Rosemont (Betty Likens), Evan Peters (Ricky Hobbs) y Jeremy Sumpter (Coy Hubbard); fue estrenada en agosto de 2007.

El 26 de octubre de 1965, una chica de 16 años llamada Sylvia Likens fue encontrada muerta en una casa de las afueras de Indianápolis, Estados Unidos; la responsable fue Gertrude Baniszewski, a quien los padres de Sylvia le habían confiado cuidar de ella y de su hermana; algunos de los numerosos hijos de Gertrude, así como otros niños que vivían cerca se encargaron de vejar a Sylvia; aunque muchos adultos sabían lo que sucedía nadie hizo algo para ayudarla.

A través de los testimonios rendidos en juicio, la cinta recrea la cruel e impactante historia, ocurrida durante la década de los 1960, de cómo un ama de casa con seis hijos mantuvo encerrada en un sótano a una joven adolescente que había sido confiada a su cuidado, torturándola despiadadamente.

LA PRIMERA PALIZA

Sylvia de 16 años y su hermana Jenny de 15 años, viajan con sus padres, quienes trabajan en una feria ambulante. Sylvia y Jenny conocen a Shirley y Marie Baniszewski en la Iglesia y estas últimas las invitan a su casa; ahí viven junto con su madre Gertrude y sus hermanos Paula, Stephanie y Johnny; Gertrude, se ofrece a cuidar a las chicas Likens a cambio de 20 dólares semanales mientras sus padres se van de gira con la feria.

Es complicado entender cómo alguien puede dejar a sus hijas al cuidado de una desconocida, y aunque la ayuda sea mucha, este tipo de acuerdos van más allá de lo estipulado por la ley, pero lo que no puede concebirse es que, además de las atenciones que les pudiera brindar, esta mujer recibió el permiso de los padres para “corregir” a las niñas de ser necesario.

Es el caso de que un día, el cheque de los Likens no llega y Gertrude las castiga azotándolas con un cinturón, pero como Jenny no resiste el castigo, Sylvia le pide que sólo la castigue a ella. El cheque llega atrasado con una carta explicando los motivos de la demora, Gertrude deshecha la carta y guarda el dinero sin decir nada.

Esta primera paliza no es un correctivo por algo que hayan hecho las chicas, sino una forma de desquitar sus frustraciones.

LA SEGUNDA GOLPIZA

Paula le confiesa a Sylvia que está embarazada y le pide que no se lo cuente a nadie, pero Sylvia se lo dice al novio de Paula cuando ve que éste la está maltratando; Paula se enoja porque reveló su secreto, así que la acusa de mentirosa con su madre, por lo cual Gertrude obliga a Sylvia a disculparse y le dice a Paula que tiene derecho de vengarse, así que ella la golpea con ayuda de Johnny.

El espectador comienza a ser testigo de los golpes que recibe injustificadamente Sylvia, los cuales van siendo más frecuentes y cruentos, al grado tal que cuando Jenny encuentra la carta de sus padres en la basura le pide a Sylvia que les llame por teléfono y para ello recogen botellas que cambian por dinero para hacer la llamada; Gertrude cree que le robaron el dinero y quema la mano de Sylvia con un cigarrillo por hacerlo.

Todos estos castigos son en presencia de los hijos de Gertrude. Más allá del fin de que sea ejemplificativo y preventivo para los menores, lo que pretende Gertrude es hacerlos participes y cómplices de sus actos, comenzando un proceso de deshumanización.

EL ENCIERRO

Después de una convivencia en la iglesia, Sylvia vuelve a casa, Gertrude la acusa de coquetear con un muchacho y de decir más mentiras sobre Paula, la obliga a introducirse una botella de refresco en la vagina delante de sus hijos; al no poder, le ordena al novio de Stephanie, Coy Hubbard, que la arroje por las escaleras del sótano y la encierre; Jenny pregunta por cuanto tiempo Sylvia estará allí, Gertrude contesta “hasta que aprenda su lección”, y les pide a todos que mientan diciendo que Sylvia fue enviada a la correccional.

La maldad y la crueldad no tienen límites, el espectador ya era testigo de diversas palizas y golpes, ahora presencia la tortura de una pobre adolescente a manos de diversos verdugos, ya que Johnny trae a los niños del barrio al sótano para que puedan unirse a la tortura y humillación de Sylvia; los niños visitan regularmente, con el conocimiento y aprobación de Gertrude, para golpear a Sylvia y quemarla con cigarrillos.

Sylvia deberá soportar las más despreciables bajezas y maltratos tanto físicos como psicológicos por parte de vecinos y extraños que son invitados a divertirse con ella de las maneras más dolorosas y humillantes.

LA MARCA

El pastor visita la casa de Gertrude, informándole que Paula le dijo que estaba embarazada y pregunta por Sylvia; ella le asegura que la joven fue expulsada por ser una mala influencia, y cuando el pastor se va, ordena a sus hijos que bajen al sótano; ahí, con la ayuda de Ricky Hobbs y Johnny, marca con una aguja ardiente en el vientre de Sylvia “Soy prostituta y estoy orgullosa de serlo”; ahora la joven es objeto de marcas difamatorias en su cuerpo,

Tan sólo tres días después Sylvia fallece un 26 de octubre de 1965.

Esta película es un retrato de la desolación y el quebrantamiento físico y mental al que puede ser reducido una persona, así como de la impotencia que puede experimentar cualquier ser humano al ver cómo uno de sus semejantes es maltratado de las formas más brutales sin que éste se defienda, pero más aún, sin que uno mismo haga algo para protegerlo.

Es evidente que hay una manipulación psicológica por parte de Gertrude hacía sus hijos, a quienes poco a poco deshumaniza con tal de que ellos mismos lastimen a la pobre adolescente; en un principio cuando sacrifica a Sylvia porque supuestamente ha mentido sobre el embarazo de Paula, lo hace para proteger a sus hijos, pero durante el juicio Gertrude al mentir los sacrifica a ellos para protegerse.

Los primeros castigos corporales se debían por la falta del pago semanal, pero Gertrude comenzó a golpearla por cualquier razón, dejando en claro que no la castigaba por “portarse mal”, sino que en ella había encontrado en quien desquitar todo el enojo, la frustración y la rabia que tenía debido al estrés y la presión que sufría en su vida; y así lo declaró en juicio.

Días antes de su muerte, Sylvia fue obligada por Gertrude a escribir una serie de cartas en las que describía actos sexuales para que la gente se convenciera de que en era una prostituta; las cartas fueron mostradas ante las autoridades para que la familia tuviera una especie de coartada y salir bien librada del crimen, además de decir que quienes habían golpeado a la chica habían sido un grupo de hombres la noche anterior al fallecimiento.

En el proceso, los adolescentes e hijos aceptaron su culpa, no así Gertrude, pero las evidencias fueron suficientes para sentenciarla a “cadena perpetua” en 1965; por su parte, su hijo John, quien tenía 13 años fue sentenciado a poco más de 20 años de prisión, convirtiéndose en ese entonces en el preso más joven.

No cabe duda que el descuido de los padres, que por querer dar lo mejor terminan por ser la causa del daño hecho a sus propios hijos, y viendo esta historia cabría preguntarse ¿en verdad los hijos son un reflejo de sus padres?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

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