
El magnate tecnológico, figura clave en la gestión de Trump, enfrenta creciente desgaste político tras el fracaso republicano en las elecciones judiciales de Wisconsin, donde invirtió millones. Fuentes cercanas al presidente sugieren que su salida sería inminente, aunque la Casa Blanca lo niega.
en la administración Trump.
La inminente salida del hombre más rico del mundo (según la revista Forbes) se debe a que se convirtió en un lastre político para el Partido Republicano según publicó este miércoles de la revista Politico. Si bien el medio es abiertamente opositora y fue señalada por Musk de recibir financiamiento de la USAID para promover la agenda demócrata, la manifestación tuvo eco en todo el ecosistema mediático estadounidense.
Según esta versión, Musk, designado como «empleado gubernamental especial» bajo un estatus que le permitía evadir normas éticas, lideró la llamada Iniciativa de Eficiencia del Departamento de Gobierno (DOGE, por sus siglas en inglés), un polémico plan de recortes y reestructuración de agencias federales. Sin embargo, su estilo impredecible y sus declaraciones explosivas en redes sociales —incluyendo anuncios no coordinados sobre desmantelamientos de instituciones— habrían agotado la paciencia incluso de aliados clave en la Casa Blanca.
Sin embargo, la Casa Blanca salió rápidamente los señalamientos de Politico, que fueron rápidamente difundidos por la prensa local. La secretaria de prensa, Karoline Leavitt, calificó el reporte como «basura» en un mensaje en X, asegurando que «tanto Musk como el presidente Trump han declarado públicamente que Elon dejará el servicio público como empleado especial del gobierno cuando concluya su increíble labor en DOGE».
Más allá de la filtración, Elon Musk sugirió recientemente que terminará su trabajo próximamente y el presidente Donald Trump declaró a la prensa esta semana que «en algún momento, volverá» a dirigir sus empresas. En cuanto a DOGE, Trump afirmó que «terminará».
El revés a Musk
Este jueves, el multimillonario de Tesla no logró impedir que la jueza liberal Susan Crawford, apoyada por los demócratas, ganara las elecciones al Tribunal Supremo de Wisconsin frente al candidato conservador Brad Schimel, fuertemente respaldado por Musk.
La contienda, la más cara en la historia judicial de EE.UU. (con más de 90 millones de dólares invertidos), fue interpretada como un referéndum no solo sobre la justicia estatal, sino también sobre la influencia del magnate en la política nacional.
«Cuando era niña en Chippewa Falls, nunca pensé que me enfrentaría al hombre más rico del mundo por la justicia en Wisconsin… ¡y ganamos!», celebró Crawford en su discurso de victoria, en un claro mensaje contra la injerencia de Musk.
La derrota en Wisconsin, sumada a la reducción del margen republicano en distritos clave, habría convencido a Trump de que Musk es ahora un «riesgo electoral» de cara a las intermediarias de 2026. Según Politico, el presidente —quien aún valora la lealtad y el financiamiento del empresario— buscaría una salida «elegante», manteniéndolo como asesor informal pero alejándolo del frente político.
Tensiones internas
Dentro de la administración, Musk es visto con recelo por su falta de coordinación con el gabinete según señala Politico en base a fuentes del Ejecutivo estadounidense.
La jefa de staff, Susie Wiles, y varios secretarios se quejaban de sus anuncios improvisados en X, que frecuentemente descolocaban la agenda oficial. Además, sus planes radicales de reducción del Estado generaron roces con agencias como el Departamento de Energía y la NASA, donde sus intereses comerciales en Tesla y SpaceX levantaban sospechas de conflicto de interés.
Pese a esto, Trump ha elogiado públicamente a Musk en reiteradas ocasiones, llamándolo «un patriota» y «un amigo». Incluso durante una reunión de gabinete el 24 de marzo —donde, según fuentes, ya se habló de su salida—, el presidente agradeció su labor frente a la DOGE, mientras los secretarios, en un gesto forzado, aplaudieron al magnate. Telesur