Con los Mixes, Entre un Orquidiario,  Cascadas y la Montaña Sagrada

 

*Un Delicioso Ritual: “Machucado” en la Puerta de Ingreso a la Sierra

*Las Obras de Arte de una Maestra Alfarera en Santa María Tlahuitoltepec

*Hueso o Semilla de Mango, un Olote, Piedras, Maderas y Alambres Para Lograr Plecas

*En un Taller Familiar Ubicado al Filo de la Sierra Entre Trabajos de Algodón y Lana

*Telares Autoconstruidos Donde Usan mil 500 Hilos que Pasan uno por uno

*En la Cumbre, el Lugar Sagrado en lo más Alto de la Sierra Donde se Ofrenda y se Cura 

SUSANA VEGA LÓPEZ,

Enviada

SIERRA MIXE, Oax.- Amable, afectuosa, complaciente, afable y educada es la comunidad Mixe que siempre se mostró respetuosa y atenta tras la visita que un grupo de viajeros hicimos para conocer y descubrir las tradiciones; para convivir y comer con pobladores de esta zona que se rige por usos y costumbres.

Acercarnos a esta comunidad que nunca fue sometida por los españoles hacia el siglo XVI a su llegada al Nuevo Continente fue posible gracias a la invitación de la Unión Turística Nación Mixe que colabora en coordinación con la empresa Raíz Ayuuk; una experiencia que te conecta con la naturaleza, con la comunidad y con uno mismo.

El viaje a la comunidad mixe estuvo plagado de sorpresas, comidas rituales, visitas, convivio con artesanos, visita a un orquidiario, a cascadas y el ascenso a la montaña sagrada que permitió saber de qué estamos hechos; de luchar por no quedar en el camino pues la subida no para nunca; de pronto piensas que habrá una vereda plana, pero ¡no!, el trayecto siempre es cuesta arriba y los paisajes cambian conforme avanzas.

Previamente nos informaron que, si bien hacía calor, el clima era cambiante por lo que no se descartaba la posibilidad de lluvias ligeras. Fue casi obligado aplicar bloqueador solar, cargar con un impermeable y un suéter o capa, así como con sombrero o gorra, y repelente para moscos.

DE OAXACA CAPITAL A SAN 

PEDRO Y SAN PABLO AYUTLA

En esta aventura, la primera actividad fue salir a las ocho de la mañana de Oaxaca capital rumbo a San Pedro y San Pablo Ayutla, un poblado que cuenta apenas con 5 mil 600 habitantes que se ubica a poco más de dos horas del centro de la ciudad de Oaxaca.

La palabra Ayutla Tukyo’m proviene de la raíz tuk (tortuga en mixe antiguo) y; yo’m (lugar), que da como significado “en el lugar de las tortugas”, aunque Ayutla, en náhuatl es el lugar donde abundan las tortugas.

Al llegar, la mañana estaba despejada; el cielo azul y la verde serranía se contemplaba en lontananza; no así el segundo día que amaneció con una neblina que poco a poco ensombrecía el paisaje y aunque en ciertos momentos aclaró, en el atardecer la llovizna se hizo presente.

A esta comunidad conocida como la puerta de entrada a la Sierra Mixe, llegamos a desayunar la comida ritual llamada “Machucado”, un platillo lleno de significado e importancia histórica, donde nos sumergimos en el mundo espiritual del pueblo Mixe y su conexión con la tierra.

BARRO CONVIERTIDO 

EN OBRA DE ARTE

El segundo destino: Santa María Tlahuitoltepec donde visitamos la casa de la maestra alfarera Silvia Martínez, quien elabora artesanía de barro natural sin usar el torno, sólo sus hábiles manos que moldean el barro hasta lograr piezas únicas; verdaderas obras de arte que han ganado premios regionales, estatales y nacionales.

Ella se vale de un hueso o semilla de mango; un olote, piedras, maderas y alambres para lograr plecas y adornos varios en sus maravillosas obras que, por su estilo único, vende ya por pedido.

Vestida con una blusa blanca bordada, una fajilla, faldón de flores y la cabeza envuelta con un reboso de manera muy peculiar, doña Silvia nos muestras cómo trabaja el barro y nos convida del material para realizar una figura: un cerdito.

Sentir la humedad del barro, moldearlo, hacer y deshacer una y otra vez la forma para lograr “algo” fue aleccionador.

TEXTILES MIXES 

EN TLAHUI

Después nos adentramos en el mundo de los textiles en el taller ArteFer de Fernando Gutiérrez Vázquez y su esposa; un taller familiar ubicado al filo de la sierra donde el paisaje se aprecia en plenitud; donde te sientes libre y curioso por saber, por observar, cómo se trabaja el algodón y la lana; preguntar qué material usan para teñir y dar color a los hilos; asombrarte al ver trabajar el telar de pedal que diestramente manejan los artesanos de manera casi automática.

Un taller que data de 2004 donde poco a poco han incorporado tejidos y tintes varios; donde se empieza por el teñido, hasta el bordado tradicional mixe: soles, magueyes y montañas que los distingue como comunidad.

Ellos crean prendas emblemáticas de la región como el gabán, jorongo o poncho, así como rebosos, bolsas, monederos y más.

Telares construidos por ellos mismos donde usan mil 500 hilos que pasan uno por uno en la máquina para hacer telas que finalmente terminarán en camisas o blusas que luego son bordadas.

En el área de teñido se aprecian grandes tinas que contienen agua con tintes naturales como la cáscara del palo de águila (para los verdes) y; el encino, para los beiges.

Explica Fernando que el color se obtiene a través de la fermentación, desde el corte de la corteza fresca del árbol que se reposa durante una semana en las tinas de agua y sostiene que “se hace en frío” (no se ocupa fuego). Son colores naturales, efectivos y duraderos. Para lograr el color café se usa el óxido de fierro con el palo de águila. Para el azul se usa el añil de Tiltepec, una planta que se llama jiquilita y que ya en piedra -parecida al carbón- se forma el añil mismo que se debe moler (aquí si se utiliza fijador).

Antes de despedirnos, Fernando y su familia hicieron los honores a la tierra por lo que nos convidaron mezcal para, enseguida, sentarnos a la mesa que ya tenía platos con huevo cocido, guajes, salsa, tortillas (más grandes que las tradicionales), café y té.

Por la tarde, nos dirigimos al comedor de tradicional familiar “Sazón Mixe”, en la comunidad de Totontepec Villa de Morelos, donde degustamos otro guiso tradicional; un caldo de res con ejotes, arroz y ¡naranja limón! Una fruta que parece naranja, pero sabe a limón.

Por la tarde-noche arribamos al hotel Yakmataamba donde, al filo de las ocho de la noche, los anfitriones nos agasajaron con té, café, tacos dorados, pan, mezcal y cerveza, a la que siguió una amistosa velada. El compositor local Honorio Cano estaba contemplado para conocer su repertorio musical, pero por razones de salud no pudo llegar.

Y como nunca falta quien toque la guitarra, se armó un ambiente bohemio donde se unieron las voces del grupo para entonar canciones varias.

MONTAÑA SAGRADA

Sorprendió despertar muy temprano con la música del Ave María que se escuchó a través de las bocinas que se encuentran en las calles del poblado, donde, también, se dieron algunos anuncios. Amanece fresco y el anochecer también lo es; al mediodía el sol se luce con sus rayos que recuerdan que es momento de protegerte con algún protector o pantalla solar y, por las tardes, sacar el repelente de mosquitos es necesario.

Desayunamos al amanecer en el hotel pues nos esperaba el cerro sagrado de la comunidad mixe, el Zempoaltépetl, una montaña que resulta ser la segunda más alta del estado con 3 mil 389 metros sobre el nivel del mar así que partimos hacia Santa María Yacochi donde las autoridades nos recibieron con más café caliente y pan.

Explicaron de la organización que tienen y las funciones que realizan al contar con algún cargo. Afirmaron que el permiso para entrar ya estaba listo y que el clima era favorable porque, de no serlo, se habrían tenido restricciones de las caminatas con el fin de garantizar la seguridad de todos.

Cruzamos la carretera y llegamos a un camino. Después de unos cuantos pasos, nos pidieron formar un círculo para pedir permiso al cerro y, con ojos cerrados, pensar en la intención (¿por qué subimos?, ¿qué vamos a pedir, a desear?, ¿a quién va dirigido?). Luego, María nos ofreció tabaco a cada uno de los presentes para ofrendarlo.

Comenzó la travesía. Subirlo resultó toda una odisea; una experiencia llena de desafíos; una aventura difícil de olvidar por lo intrincado del camino y la belleza de su paisaje que cambia. De pronto llegamos a un bosque lleno de árboles encubiertos con enredaderas, lianas doradas y ocres que pendían de lo alto y lo tornaban misterioso. Parecía heno, pero sin el color gris que lo caracteriza.

Se tornó en un paseo por las nubes pues repentinamente la neblina bajó y nos hizo sentir que nuestro andar lo acompañaba esa niebla misteriosa que aparece a capricho y, conforme avanzas, se queda atrás.

Otro espacio natural que llamó la atención fue el de grandes árboles huecos con gruesas raíces a ras de tierra. Algunos fueron alcanzados por llamas del fuego inesperado o heridos por un rayo del que se recuperaban pues el verdor estaba en pleno. Rocas con musgo aparecían constantemente y el trinar de una que otra ave se escuchaba cercano.

El ascenso duró de tres a cuatro horas y la compañía de las autoridades mixes resaltó porque en todo momento estuvieron pendientes, al tanto de que nadie quedará atrás. La plática distractora y motivadora para continuar subiendo fue más que suficiente para lograr llegar a la zona sagrada. También se ofrecieron a llevar las mochilas de quienes ellos consideraron era necesario.

Llegamos al lugar sagrado encumbrado en lo más alto de la sierra donde se hacen ritos, donde se ofrenda, donde se pide, donde se cura. Se observa un altar, plumas de ave, veladoras, flores secas y restos de cáscaras de huevo cocido ya que es tradición pelarlo y comerlo allá, en lo alto. Nosotros comimos en un paraje cercano designado para el caso.

El descenso fue más rápido. En algunas zonas cayó una ligera lluvia; en otras, la luz del sol fue intensa. La distancia recorrida se calcula en aproximadamente 12 km, con un desnivel de alrededor de mil metros.

Durante la edición de Primavera 2025 de Atmex, el evento de turismo de aventura y naturaleza más importante de México y América Latina que presiden Antonio del Rosal y Rebeca Yáñez, tuvimos la oportunidad de vivir esta experiencia que si bien duró cinco días, el recuerdo siempre estará presente.

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