Canoa: Memoria de un Hecho Vergonzoso

Del Cine y las Leyes

“Estábamos mal, Pero Ahora Estamos Peor”

Canoa: memoria de un hecho vergonzoso, película mexicana, dirigida por Felipe Cazals; con la actuación de Arturo Alegro (Ramón), Roberto Sosa Sr. (Julián), Carlos Chávez (Miguel), Gerardo Vigil (Jesús), Jaime Garza (Roberto), Sergio Calderón (Presidente municipal), Salvador Sánchez (El testigo), Ernesto Gómez Cruz (Lucas), Enrique Lucero (Cura Enrique Meza), Juan Ángel Martínez (El comisario) y Gastón Melo (El sacristán); estrenada el 10 de marzo de 1976.

Cinco trabajadores de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), deciden escalar el volcán La Malinche, pero la intensa lluvia y la oscuridad de la noche les impiden ascender, por lo que tendrán que refugiarse en el poblado de San Miguel Canoa, sin saber la tragedia que se avecina.

La cinta ocupa el lugar 14 dentro de la lista de las 100 mejores películas del cine mexicano, según la opinión de 25 críticos y especialistas del cine en México; está basada en el linchamiento ocurrido el 14 de septiembre de 1968 en el poblado de San Miguel Canoa en el estado de Puebla, todo ello motivado por el párroco de la iglesia, que instigó al pueblo para llevar a cabo tan atroz suceso.

UNA INDIGNA NOTICIA

En la madrugada del 15 de septiembre de 1968, un corresponsal en Puebla, se comunica a la redacción de un periódico capitalino para informar de que en el poblado de San Miguel Canoa han linchado a cinco trabajadores de la BUAP porque querían colocar una bandera rojinegra en la Iglesia.

Así es como inicia la película para dar paso a lo que se conoce como falso documental, en el cual se entrevista a varias personas del pueblo para saber qué ha sucedido, y se dan datos estadísticos, entre otros, sobre la población, su grado de educación, su producción; esto ubica al espectador para dar el contexto social en que se encuentra la turba que ha linchado a esos trabajadores universitarios.

En ese tiempo no había teléfonos, internet ni redes sociales, pero el medio de comunicación más eficaz en el pueblo era utilizar el sonido de uno de los pobladores quien daba los mensajes parroquiales en altavoces, por dedicatoria de cada canción cobraba 25 centavos, algunas de amor, otras de burla en son de mofa, y también se difama públicamente a los deudores del diezmo.

ESCALAR LA MALINCHE

En las instalaciones de la BUAP cinco trabajadores de nombre Ramón, Julián, Miguel, Jesús y Roberto, se ponen de acuerdo para reunirse a las 4:00 pm para salir rumbo a San Miguel Canoa, y de ahí partir a La Malinche, pero al llegar al poblado le es imposible subir al volcán dada la oscuridad de la noche y una lluvia torrencial.

Conforme a los testimonios que se recogieron de la gente que estuvo y participó en el linchamiento, se sabe que los trabajadores de la BUAP pidieron posada al párroco de la iglesia, la cual les fue negada, tampoco el Comisario les permitió alojarse en la cárcel, ni en la presidencia municipal, por lo que un avecindado del lugar los llevó con su hermano Lucas para que los hospedara sólo por esa noche.

Dentro de los testimonios que se recogen en este falso documental se culpa al cura Enrique Meza de lo sucedido, pues fue quien directamente ordenó tocar las campanas de la iglesia y que, a través de los magnavoces ubicados en las calles del pueblo, se advirtió de la llegada de los bandidos, de los comunistas.

YO NO FUI, FUE TETE

Regresando al falso documental se recoge el testimonio del cura Enrique Meza, quien manifiesta que desconoce a detalle lo sucedido, pues se encontraba dormido cuando sonaron las campanas de la iglesia, al ver dos cuerpos tirados pidió que llamaran a una patrulla, y que probablemente el error de los excursionistas fue haber dicho que eran universitarios.

Pareciera verdad aquella frase que servía como slogan de la película Canoa: “1968, es más peligroso ser estudiante que ser asesino o ladrón”.

Al menos así sucedió aquél 2 de octubre de 1968, en la llamada matanza de Tlatelolco, y al parecer la situación no ha cambiado mucho, pues el 26 de septiembre de 2014, en Iguala, Guerrero se dio otro hecho bochornoso contra normalistas de Ayotzinapa; ambos sucesos tienen cosas en común: como ser protagonizadas por jóvenes los cuales reciben la respuesta brutal por el Estado, un final trágico que asocia a la muerte injustificada con la desaparición forzada, y un saldo negativo impune, pues la verdad se desconoce y la justicia sigue a la espera.

EL RECUENTO DE LOS DAÑOS

El linchamiento dejó a un hombre que estuvo en la prisión de San Juan de Dios en Puebla que con lágrimas en los ojos decía: ‘Soy Inocente, soy un chivo expiatorio’, cuatro muertos, dos de ellos jóvenes empleados de la BUAP, Ramón Gutiérrez Calvario y Jesús Carrillo Sánchez, los otros dos Odilón García y Lucas García, ambos lugareños de San Miguel Canoa, tres moribundos Miguel Flores Cruz, Roberto Rojano Aguirre y Julián González Báez, quien a más de 50 años del suceso sigue vivo para contarla.

El alcalde auxiliar de San Miguel Canoa, Raúl Pérez Velázquez, quien en ese tiempo era un niño, afirma que es una mentira que nada más murieron los trabajadores de la BUAP, que también murieron otras siete personas de Canoa, y reconoce que ha sido difícil borrar la imagen “de que son asesinos”.

Además, señala que los trabajadores de la BUAP no hablaban el idioma originario del pueblo, y eso molestó a la gente de Canoa porque esto se interpreta como una ofensa, como si los trataran como si fueran indios, lo cual justifica al decir que hace 50 años, llegar a Canoa era llegar a un pueblo muy cerrado.

En el pueblo corrió el rumor de que eran “comunistas”, palabra que desconocían, pero que relacionaban con “el diablo” o “satanás” pues era parte del discurso clérigo que recibían del sacerdote Enrique Meza.

A más de 50 años de lo sucedido, nadie de la población quiere decir quien fue testigo, los habitantes señalan que los responsables ya se murieron, se fueron a vivir a otro lugar y de los presos, desconocen el número o sus nombres.

En la actualidad, los jóvenes no encuentran trabajo en la ciudad de Puebla, pues tan pronto saben que son de Canoa, les niegan el empleo; que los camiones de materiales para la construcción no quieren descargar ahí, que la gente no quiere ir de paseo porque los siguen calificando de asesinos.

A más de 50 años, San Miguel Canoa sigue siendo un pueblo con un pasado negro, pero ¿cuánto tiempo tendrá que pasar para que se borre este estigma?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

 

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