Para ser Gobernador

*Cuando Imperaba la Máxima “Virrey no Pone Virrey”

*Los Políticos con Carrera en el Poder Legislativo

*Y Llegaron los Llamados “Ministros sin Cartera”

*¿Hoy, a los Súper-Delegados les Alcanzará el Impulso?

Por Ezequiel Gaytán

El perfil requerido para ser gobernador ha sufrido, al menos, tres grandes cambios de 1982 a la fecha. He escogido la fecha aludida, pues fue el presidente Miguel de la Madrid quien impulsó la Reforma Municipal y fortaleció ese orden de gobierno con lo cual los alcaldes ensancharon sus funciones políticas, administrativas y financieras y, por lo mismo, se empezó a formar una generación de cuadros de servidores públicos que han resultado fundamentales en la política estatal y municipal 35 años después. Pero vayamos desde el principio. Los periodos sugeridos van de 1882 al 2000, posteriormente del 2000 al 2018 y se inaugura el tercero a partir del año pasado.

En el primer periodo los presidentes de la República en turno se inclinaron, en lo general, por designar gobernadores a políticos con carrera en el poder Legislativo. Cabe hacer notar que durante ese lapso imperaba la máxima “virrey no pone virrey” con la cual el monopolio de la designación a gobernador era de uso exclusivo del titular del Poder Ejecutivo Federal y todos se alineaban a su decisión. Se trató en su gran mayoría de varones que siendo oriundos de sus respectivos estados hicieron un poco de Administración Pública y mucha política en la Ciudad de México. La carrera legislativa era, no el único, pero si el principal trampolín de proyección a fin de ser gobernador. Aún más, ser senador era casi un requisito o ante sala de la gubernatura. Algo importante de subrayar es que los presidentes mantenían el discurso del fortalecimiento al Federalismo y, en lo general, respetaban la autonomía de gestión de los gobernadores al permitirles designar a su gabinete, a los presidentes municipales, a los diputados locales y conciliaban las diputaciones federales, pero las senadurías eran “propiedad” del Ejecutivo Federal. Se podía eso y más debido a que los presidentes de México tenían la ventaja de que las elecciones en los estados no eran concurrentes con la del Ejecutivo Federal y además tenían dos instrumentos fundamentales de control: las secretarías de Gobernación y la de Hacienda.

Con la llegada del Partido Acción Nacional en el año 2000 a la Presidencia de la República el paisaje político cambió y los gobernadores priistas empezaron a designar a su sucesor, con lo cual se rompió la máxima arriba señalada y se fraccionó el poder en el PRI, pues el presidente de dicho partido carecía de fuerza política debido a que ese cargo era lo que se llama un Ministro sin Cartera, pues no tenía los recursos financieros ni políticos de dominación sobre los gobernadores de su propia institución política. Además, Vicente Fox careció de talento para alinear a los gobernadores de oposición, incluidos por supuesto, los del Partido de la Revolución Democrática y con eso le crearon la Conferencia Nacional de Gobernadores (CONAGO) la cual, por cierto, también desbordó al secretario de Gobernación de ese periodo, Santiago Creel. Ese panorama desplegó una serie de características acerca del perfil y los requisitos curriculares para ser gobernador. En otras palabras, ya no tenían que ser necesariamente personas con carrera legislativa, ni en la Administración Pública Federal. Ahora se trataba de burócratas formados en los ámbitos de los procesos administrativos y legislativos locales; pero con desconocimiento de las formas y vericuetos federales.

Con la actual administración inicia el tercer periodo y vuelve a cambiar el perfil requerido para ser gobernador, pues la figura de los súper delegados tiene la singularidad de arrinconar con el presupuesto federal a los gobernadores, incluyendo a los de su propio partido político. Es claro que el centralismo empieza a fortalecerse y que los programas prioritarios, sociales y de desarrollo de infraestructura, traen el sello federal. Además, la aprobación popular en favor del Presidente de la República será pieza clave de apoyo a los candidatos del Partido Morena.

Se avecinan para el año 2020 elecciones en los estados de Coahuila para el Congreso Local y en Hidalgo a fin de elegir Ayuntamientos. No habrá elecciones a gobernador y la idea de cambiar gobernadores desde el Senado ya no está en la agenda. Lo interesante es que las dos entidades aquí mencionadas están gobernadas por el Partido Revolucionario Institucional y lo que acontezca será, sin duda, un laboratorio muy importante que definirá las estrategias a seguir y sobre todo, definirá el perfil del gobernador que se requiera en este sexenio.

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