Punto de Vista
Por Jesús Michel Narváez
Enterrar la lucha para corregir el rumbo del país, no es aceptable.
Felipe Calderón Hinojosa, cuya victoria electoral, legal y legítima, mostró las debilidades del cómputo electoral que obligó a una nueva reforma electoral, cruzazuleo la defensa de la soberanía y cayó en la trampa tendida desde Palacio Nacional al inicio del mes de diciembre de 2018.
Acusado de presidente espurio, presidente ilegítimo, hizo bien en cambiar de sede para vivir y guardar silencio frente a los ataques de que era objeto.
Ahora, envalentonado -no sé por qué razón y en base a qué- admite lo inadmisible: el retorno a la “dictadura blanda”, lo que descarta, desde ahora, aferrarse a intentar vencer a Morena y regresar al camino de la democracia.
La otra dictadura, la del PRI gobernante, era una mezcolanza de libertades con restricciones; apertura política e ideológica frente a la aplanadora que representaba los paradigmas de la revolución mexicana; control de los gobiernos estatales y deposición de aquellos mandatarios que se rebelan o no se sujetaban a las sugerencias del centro.
Llena de defectos la dictadura blanda rindió frutos que hoy se han consolidado ante la imposibilidad de destruir las instituciones, las que han resistido el embate del abuso de poder y que en aras de prevalecer cual mala copia del casi inexistente PRI.
Gracias al PRI y sus gobiernos, se frenó la reelección presidencial después de la traición de Plutarco Elías Calles que, como canino adoctrinado, obedeció la orden de modificar el artículo 82 constitucional “por esta única ocasión” -1927- para satisfacer la ambición personal de Álvaro Obregón. A partir de 1933, a diputados y senadores se les impidió reelegirse y se fortaleció la barrera para que quien habiendo ocupado el gobierno de cualquier estado bajo circunstancia política y no de elección, quedara imposibilitado de ocupar el cargo en la elección siguiente. Está obligado a esperar seis años para aspirar a ser candidato y eventualmente ganar para regresar al palacio de gobierno que utilizó interinamente.
Con el PRI -en sus tres denominaciones- se desarrollo la educación, se crearon miles de escuelas, se produjeron los libros de texto gratuitos en los que exaltaron los valores de quienes nos dieron patria y triunfaron en la revolución. Se crearon instituciones como el IMSS, el ISSTE, la UNAM, el IPN, el Infonavit, la Profeco, los CCH e infinidad de organismos que permitieron los avances, si se quiere reducidos y hasta mediocres, que permitieron avanzar hasta que…
Sí, hasta que llegó la cuatroté que se apoderó de los controles políticos, en una imitación del priísmo, pero mejorada y decidió destruir todo aquello que representaba rendición de cuentas y muros para detener los abusos de poder.
Imposible olvidar el pasado.
Como imposible es ignorar los resultados de la docena trágica que inició la alternancia en el poder público.
Es falso lo que afirma Calderón en cuanto que con su victoria se fortaleció la democracia. La puso en riesgo y solamente las herramientas electorales salvaron al país. Porque ganar “haiga sido como haiga sido”, no disolvió la duda del fraude.
Y sostener que con Morena regresa la dictadura blanda, es otro grave error. En primera instancia lo que se construye es una verdadera dictadura y cuya regla de existencia es la dureza. Y eso es lo que construye Andrés Manuel López y su discípula, Claudia Sheinbaum.
Admitir el regreso de lo que hizo al país avanzar y claudicó al incumplir con los postulados de la revolución mexicana, es cerrar el paso a quienes buscan impedirlo.
Simple explicación: Calderón la cruzazuleo.
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