40 Millones: una Comunidad que ya no Cabe en la Palabra Migrante

POR DANIEL LEE

*México no Debe ver a los Migrantes Solo Como

Generadores de Remesas 

*Forman una Comunidad que Produce, Apoya la

Economía y Tiene Raíces

*Error Ignorar la Diferencia Entre el Migrante que Llegó

y la Familia de Tercera Generación 

*La Relación de México y Estados Unidos ya no Puede 

Entenderse Solo Desde la Frontera

Hay una cifra que debería cambiar la manera en que México habla de sus comunidades en Estados Unidos: alrededor de 40 millones de personas de origen mexicano vivían en ese país en 2024. Representaban aproximadamente 57% de la población hispana estadounidense. Pero el dato más importante está en otra parte: esos 40 millones no son 40 millones de inmigrantes.

Ahí comienza la verdadera dimensión del fenómeno.

Durante décadas, la conversación mexicana sobre Estados Unidos estuvo dominada por la imagen del migrante que cruza la frontera, trabaja, envía dinero a su familia y, eventualmente, regresa. Esa realidad continúa existiendo, pero ya no explica a una comunidad que se ha transformado durante varias generaciones.

Hoy, cuando se habla de personas de origen mexicano en Estados Unidos, se habla de mexicanos nacidos en México, mexicano-estadounidenses, ciudadanos estadounidenses de segunda y posteriores generaciones y personas que conservan ascendencia mexicana.

Parece una diferencia estadística.

En realidad, es una diferencia histórica.

Pew Research Center calcula que en 2024 había cerca de 40 millones de personas de origen mexicano en Estados Unidos. En contraste, poco más de 11 millones de residentes estadounidenses habían nacido en México en 2023.

La distancia entre ambas cifras explica el error de seguir utilizando “migrantes mexicanos” como sinónimo de toda la comunidad.

No lo son.

EL MEXICANO QUE NACIÓ 

EN ESTADOS UNIDOS

Una parte fundamental de esta historia está en las generaciones que ya nacieron al norte de la frontera.

En 2021, Pew contabilizaba 37.2 millones de personas de origen mexicano. De ellas, 26.6 millones habían nacido en Estados Unidos y 10.7 millones en México.

El dato es contundente: la mayoría de esa comunidad ya estaba formada por personas nacidas en territorio estadounidense.

Eso significa que un ciudadano estadounidense de ascendencia mexicana no puede ser colocado automáticamente dentro de la categoría migrante. Tampoco un joven cuyos padres o abuelos nacieron en México, pero cuya vida entera transcurrió en Estados Unidos.

Tiene una historia familiar mexicana, pero también una realidad estadounidense.

Esa combinación es precisamente la que México debe aprender a reconocer.

Porque una cosa es la nacionalidad; otra, el lugar de nacimiento; otra, la ascendencia; y otra, la condición migratoria.

Confundirlas produce diagnósticos equivocados y, por consecuencia, políticas insuficientes.

No todos los 40 millones viven la misma realidad

Aquí está uno de los mayores desafíos para cualquier análisis serio.

No es lo mismo hablar de un trabajador nacido en Michoacán que llegó recientemente a Estados Unidos, que de una familia de tercera generación establecida en California.

Tampoco es igual la situación de un inmigrante sin autorización migratoria que la de un ciudadano estadounidense de ascendencia mexicana.

Sus derechos, necesidades y experiencias son diferentes.

Por eso, cuando se utilice la cifra de 40 millones, debe quedar claro que se trata de personas de origen mexicano, no de una población homogénea de inmigrantes.

La precisión no reduce la importancia del dato.

La aumenta.

Porque entonces aparece una realidad todavía más profunda: México no solamente tiene millones de ciudadanos que emigraron; tiene una comunidad de origen mexicano que se ha convertido en parte estructural de la sociedad estadounidense.

Mucho más que mano de obra y remesas

Durante años, México miró hacia sus comunidades en Estados Unidos principalmente desde el trabajo y las remesas.

Era comprensible.

Pero ya es insuficiente.

La comunidad de origen mexicano también está integrada por empresarios, estudiantes, profesionales, investigadores, comerciantes, dirigentes comunitarios, trabajadores sindicalizados y ciudadanos que participan plenamente en la vida pública estadounidense.

Las nuevas generaciones han nacido en hospitales estadounidenses, ingresado a sus universidades, creado empresas y construido carreras profesionales sin dejar necesariamente de mantener vínculos familiares y culturales con México.

El fenómeno, por tanto, dejó de ser exclusivamente migratorio.

Es también demográfico, económico, social, cultural y generacional.

Y esa transformación tiene consecuencias para México.

No se puede diseñar la relación con una comunidad de esta magnitud pensando únicamente en quienes cruzaron la frontera.

Hay que pensar también en sus hijos, nietos y bisnietos.

Una comunidad que conecta a dos países

La relación entre México y Estados Unidos ya no puede entenderse solamente desde la frontera.

También se construye diariamente en los hogares binacionales, en los negocios, en las universidades, en las organizaciones comunitarias y en las redes familiares que atraviesan ambos países.

Una persona puede haber nacido en Texas y mantener una relación permanente con México. Puede tener familiares en Jalisco, Puebla, Michoacán, Guanajuato o Oaxaca, visitar el país, invertir, estudiar, participar en organizaciones comunitarias o conservar tradiciones familiares.

No existe una sola manera de ser mexicano de origen en Estados Unidos.

La identidad cambia con las generaciones.

Pew ha documentado precisamente esa evolución: entre los hispanos de tercera generación o posteriores, una proporción importante utiliza “American” como principal referencia identitaria.

Esto no significa que desaparezca el vínculo con México.

Significa que la relación se vuelve más compleja.

Y México debe asumir esa complejidad en lugar de pretender que toda la comunidad mantiene la misma experiencia que quienes emigraron hace décadas.

EL PELIGRO DE UTILIZAR

MAL LA CIFRA

Los 40 millones son una cifra poderosa.

Pero repetirla sin explicar qué representa puede generar una idea equivocada: que existen 40 millones de inmigrantes mexicanos en Estados Unidos.

No es así.

Son aproximadamente 40 millones de personas de origen mexicano.

La diferencia es fundamental.

Dentro de esa comunidad hay inmigrantes, ciudadanos estadounidenses y varias generaciones de familias con raíces mexicanas.

Por eso, el reto no consiste únicamente en contar mejor.

Consiste en entender mejor.

México necesita abandonar una visión exclusivamente asistencial o migratoria de sus comunidades en Estados Unidos. La relación no puede limitarse a consulados, deportaciones, detenciones y remesas, aunque todos esos asuntos sigan siendo esenciales.

La dimensión de la comunidad exige una estrategia mucho más amplia.

Porque estamos frente a una población que participa en la economía estadounidense, forma parte de su tejido social y, al mismo tiempo, conserva múltiples vínculos con México.

La nueva realidad

La frontera continúa separando territorios.

Pero ya no define por sí sola a la comunidad mexicana.

La historia migratoria mexicana produjo algo mucho más grande: una población de varias generaciones asentada en Estados Unidos, con raíces mexicanas y experiencias distintas, que forma parte de la sociedad estadounidense sin perder necesariamente sus vínculos con México.

Esa es la realidad que México necesita mirar de frente.

No todos los 40 millones son migrantes.

No todos nacieron en México.

No todos tienen la misma nacionalidad ni la misma condición migratoria.

Pero todos forman parte de una historia de origen mexicano que ha adquirido una dimensión extraordinaria en Estados Unidos.

Por eso, la cifra debe dejar de utilizarse solamente como símbolo.

Debe convertirse en punto de partida para una nueva comprensión.

México ya no puede hablar de los 40 millones como si fueran solamente personas que se fueron del país. Una parte importante nació allá. Y sus hijos, nietos y bisnietos están construyendo su propia historia.

La migración mexicana cambió.

Lo que existe ahora es algo mucho más amplio: una comunidad binacional, generacional y diversa que obliga a México a dejar de mirar únicamente hacia quienes cruzaron la frontera y empezar a mirar también hacia quienes nacieron del otro lado.

Esta versión conserva el argumento central, elimina buena parte de las repeticiones y deja la cifra de 40 millones vs. poco más de 11 millones nacidos en México como columna vertebral del editorial.

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