NIDIA MARÍN
El periodismo en tiempos de la cólera, la ira, la irritación y… la venganza.
Acostumbrados a los dichos palaciegos y a la censura verbal, los medios de comunicación y los periodistas correspondientes reciben (¿y recibimos?) los bofetones palaciegos, un sexenio sí y el otro también.
Nada nuevo en relación a los gritos y sombrerazos de la actualidad, expuestos a nivel nacional. Hoy, como ayer, el descrédito cabalga a lomo dorado, para exponer oficialmente a la prensa en general (no sólo a la que diariamente padece en Palacio, sea la de a pie o la hincada).
Pero eso ha sido siempre para aquellos que no se doblegan. De ahí que la historia marque, por ejemplo, el dicho de José López Portillo (1976.1982), al tiempo que exhibía, insultaba: “No pago porque me peguen”.
Por cierto, los periodistas que corrieron de los eventos de Palacio Nacional fueron varios y los comunicadores asesinados en su sexenio sumaron 12.
En aquellos tiempos la publicidad palaciega se repartía sólo para “los buenos”, para los dóciles, hincados ante el poder, los que publicaban hasta mentiras para quedar bien con el patrón, al grado que Emilio Azcárraga dijo: “Somos soldados del PRI y del Presidente”.
Eran polvos de aquellos lodos que había dejado Luis Echeverría Álvarez, -seis periodistas asesinados en su sexenio- quien ya les había dicho a los comunicadores:
Miguel de la Madrid en su mandato fue otro cantar. Simplemente cumplió en levantar las migajas que le dejaron y dijo en general: “No dejaré que el país se deshaga entre mis manos” y para ello, evidentemente, necesitaba a la prensa, que le cumplió a cabalidad, aunque el 30 de mayo de 1984 mataron a Manuel Buendía, gran periodista, en la Zona Rosa de la Ciudad de México.
Y años después…
“En México hay plena libertad de expresión. Todos los días la disfrutamos, la gozamos y a veces la sufrimos, y creo que eso es muy bueno para el país”. Lo dijo Zedillo en el marco del Día de las Libertad de Expresión en 1995.
Además… “En materia de libertad y particularmente de libertad de prensa, mi gobierno se ha orientado por la tesis de que son preferibles los riesgos y los costos de exceso que los que resultan de la restricción”.
Y también: “…no con el pretexto de la unidad de los mexicanos rechazamos disidencias, críticas y puntos de vista diferentes”.
Sin embargo, los medios de comunicación independientes, vivieron las tensiones y el control estricto sobre las narrativas políticas del país. En ese tiempo fueron 35 los periodistas asesinados.
LA BILIS DERRAMADA
EN CADA SEXENIO
Sí, el periodismo crítico, junto a los hechos de cada día, saltaría a la palestra en el mandato de Carlos Salinas de Gortari, quien también hizo bilis y tuvo lo suyo con los medios de comunicación.
“Ni los veo ni los oigo”, dijo envalentonado. Y una mayoría le creyó, aunque en su sexenio mataron a 46 comunicadores en la República Mexicana.
Ernesto Zedillo, sería el siguiente mandatario de México, con una apertura para la prensa bajo el brazo. El poder presidencial pudo ser criticado, si era necesario, además de defender el pluralismo y señalar que la libertad de expresión era una garantía que el gobierno debía respetar… “todos los días la disfrutamos, la gozamos y a veces la sufrimos “, diría.
Precisamente, desde su mandato se dio fin al “intocable de Los Pinos” y por vez primera, columnistas y caricaturistas pudieron darse vuelo en cuanto a críticas, sin que los medios fueron amenazados con clausura.
Sin embargo, hubo algunos periodistas críticos que sí enfrentaron el embate de Palacio Nacional. Además, los asesinatos de periodistas sumaron 33.
La llegada de la oposición al poder con Vicente Fox, de Acción Nacional, también causó problemas.
“Francamente hemos estado bajo una metralla impresionante de ataques, por una sarta de babosadas que no tienen la menor importancia para nuestro país”, dijo.
También: “Ni se crean que me van a tumbar a mí con críticas de periódicos”.
Así respondía a los señalamientos por sus viajes al extranjero y asuntos de su administración.
Durante el mandato siguiente, de Felipe Calderón, los asesinatos y desapariciones de periodistas (101 casos) estuvieron a la orden del día, por lo cual fue un sexenio nefasto, por la guerra desatada en el país.
Y por ello… el 24 de marzo de 2011, representantes de 715 medios de comunicación firmaron un acuerdo para la forma en cubrir la violencia. El tácito Pacto de Silencio no tuvo éxito.
Ya con Enrique Peña Nieto sentado en la Silla del Águila, era prácticamente imposible acabar con las agresiones del crimen organizado en contra de periodistas. De 2012 a 2018 la violencia fue severa y fallecieron 47.
Después arribaría al poder Andrés Manuel López Obrador, para establecer su odio contra los periodistas que no comulgaban con sus abusos.
Desde entonces, junto a las elevadas cifras de periodistas asesinados están las de los policías también muertos violentamente. Ese oficio, al igual que el periodismo son amargos.
En cuanto a muertes, hoy, durante el gobierno de Sheinbaum, hasta ahora, suman 14 periodistas asesinados. Además, existen elevadas cantidades, también de asesinatos, de oficiales de seguridad pública, políticos y agentes. Son cazados en emboscadas, en carreteras o en sus domicilios por el control de territorios.
Y esa es la realidad nacional… sin el disfraz palaciego.
Por ello, he aquí la letra de la canción “El Reportero”, escrita por Teodoro Bello, que cantan “Los Tigres del Norte”:
“Estoy viviendo en la sierra, pensando que no me encuentren /
“Porque me siguen las leyes, como a cualquier delincuente / Por haber escrito en la prensa, las mañas de un presidente /
“Buscando contrabandistas, me hallaron los federales /
Les dije: Soy periodista, y vieron mis credenciales /
Resultaron ser muy nobles, pues no quisieron llevarme /
“Hay gente que sí trabaja, para servir a mi patria
Otros fingiendo ayudarle, resultan ser unas ratas…”
Sin embargo, los medios de comunicación independientes vivieron las tensiones y el control estricto sobre las narrativas políticas del país.
