La presidenta presentó avances de su gobierno en medio de reclamos; un desmayo y las protestas marcaron un acto que terminó convertido en escenario de confrontación política
La visita de Claudia Sheinbaum a Colima estuvo lejos de desarrollarse en un ambiente de tranquilidad. Lo que estaba previsto como un acto para presentar avances de gobierno terminó marcado por abucheos, protestas, consignas de rechazo y hasta el desmayo de una persona entre los asistentes.
La escena volvió a colocar sobre la mesa una realidad incómoda para cualquier gobierno: los discursos oficiales sobre respaldo popular pueden encontrarse, en el territorio, con expresiones de inconformidad que difícilmente pueden esconderse detrás de cifras, programas sociales o mensajes institucionales.
Durante el acto, grupos de manifestantes expresaron su rechazo a la presidenta y lanzaron consignas mientras se desarrollaba su intervención. La tensión obligó a momentos de interrupción y puso a prueba la capacidad de los organizadores para mantener el desarrollo del evento.
En medio de la situación, una persona se desvaneció y tuvo que recibir atención, agregando un episodio inesperado a una jornada que ya se encontraba marcada por la confrontación.
“Prianistas”, la respuesta presidencial
Ante los reclamos, Sheinbaum respondió políticamente y acusó a algunos de los manifestantes de estar vinculados con el PRI y el PAN, a quienes identificó mediante el término “prianistas”.
La expresión no es nueva en el discurso político de Morena, pero su utilización durante un acto presidencial vuelve a evidenciar la dificultad para separar la protesta ciudadana de la disputa partidista.
El problema es que, cuando desde el poder se etiqueta a los inconformes como adversarios políticos, existe el riesgo de que las demandas concretas terminen relegadas frente a la confrontación.
Una protesta puede tener motivaciones partidistas, pero también puede expresar problemas reales de quienes viven en una entidad. La obligación de cualquier gobierno debería ser distinguir unas de otras y atenderlas, no simplemente descalificarlas.
Un informe entre reclamos
Sheinbaum aprovechó su presencia en Colima para presentar acciones y avances de su administración, además de defender los programas sociales, las obras y las políticas implementadas desde el gobierno federal.
Sin embargo, el contenido del mensaje quedó inevitablemente condicionado por el ambiente que rodeó al acto.
Mientras desde el escenario se hablaba de resultados, desde distintos puntos del lugar surgían reclamos. La imagen terminó siendo más poderosa que cualquier discurso: una presidenta intentando presentar los avances de su gobierno mientras parte de los asistentes expresaba abiertamente su inconformidad.
La política mexicana ha vivido durante años esta dinámica de confrontación entre simpatizantes y opositores. Morena hizo de la denuncia contra el viejo régimen una de sus principales banderas y convirtió el enfrentamiento con el PRI y el PAN en parte fundamental de su narrativa.
Pero ahora que gobierna, la pregunta es distinta: ¿qué hace un gobierno cuando quienes protestan ya no pueden ser considerados simplemente como oposición electoral?
El reto de escuchar
La presidenta aseguró que existe disposición para atender las demandas de los manifestantes y que se buscaría establecer diálogo con los grupos inconformes.
Ese compromiso será la verdadera prueba.
Porque un gobierno no demuestra apertura únicamente cuando escucha a quienes lo respaldan. La prueba está precisamente en su capacidad para escuchar a quienes lo cuestionan, incluso cuando sus reclamos resultan incómodos.
Colima dejó así una fotografía política difícil de ignorar: un acto presidencial convertido en escenario de abucheos, protestas y acusaciones cruzadas.
Sheinbaum mantiene el respaldo de una parte importante de la población, pero también enfrenta sectores que no están dispuestos a guardar silencio.
Y mientras desde el poder se siga recurriendo a etiquetas como “prianistas” para responder a las protestas, la discusión continuará atrapada en la lógica de buenos contra malos, aliados contra adversarios, nosotros contra ellos.
El verdadero desafío, sin embargo, no está en ganar la discusión política.
Está en gobernar para todos.
