Punto de Vista
Por Jesús Michel Narváez
¿Inexperiencia política?
¡Sin duda!
Ser una jurista de altura, reconocida por su gremio, capaz de discernir lo que es justicia, no la hizo y no la hace una persona que necesite de oxígeno para sobrevivir.
Recordar no es malo, aunque puede ser irritante.
Quien desestabilizó la separación e independencia de los poderes de la desunión, no fue el entones presidente Andrés Manuel López. Fue quien acaba de tomar la presidencia del Judicial.
Podrá ser un cartabón y quizá sin sustento jurídico, pero sí de protocolo.
En todos los países democráticos -Estados Unidos es un ejemplo con el presidente Trump y un
Congreso dividido, pero cuyos integrantes entienden la jerarquía-, cuando el residente en turno de la Casa Blanca acude al Capitolio a las sesiones de Congreso General o encabeza un evento como el de la fundación del país o aniversario de su constitución, en este caso republicanos, demócratas, del Verde e independientes, se ponen de pie cuando arriba y es presentado el presidente de los Estados Unidos de América.
Es una forma de respetar las jerarquías.
El hecho de que, en su momento, mal momento diría yo, Norma Lucía Piña Hernández, última presidenta de la Suprema Corte de Justicia designada por un presidente de la República, avalada por un Senado democrático, decidiera no ponerse de pie ante el anuncio de la llegada del presidente Andrés Manuel López al Teatro de la República para encabezar el evento del aniversario de la promulgación de la Constitución de 1917, irritó y con razón al jefe del ejecutivo federal.
Allí arreció la crisis entre los poderes Ejecutivo y Judicial de la federación.
El señor López presionó a 10 de los 11 ministros para relevar a Arturo Zaldívar de la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, los togados eligieran a Yasmín Esquivel Mossa y fracasaran las gestiones realizadas por Julio Scherer Ibarra y optaran por una jurista reconocida por pares y nones, rompió y retrasó parte del proyecto cuatrotero.
El 5 de febrero de 2023, Norma Piña se mantuvo en su asiento mientras el resto de los asistentes se ponían de pie.
¿Irreverente? … ¿soberbia? … ¿ignorante de los protocolos? … ¿asesorada por un enemigo de López?
Sea como haya sido, el rompimiento entre dos poderes se dio.
Una lucha pequeña, pobre, con el abuso de poder presidencial que ya controlaba el legislativo, terminó con la reforma judicial en 2024 y Piña debió retirarse después de la elección de ministros.
Se retiró con dignidad.
Con reconocimiento de sus pares.
Respetada como jurista y por haber defendido hasta donde el poder le alcanzó al Poder Judicial de la Federación.
Perdió la guerra y se refugió en alguna parte para no set fusilada.
Durante una conferencia de la Escuela Libre de Derecho la exfuncionaria ironizó sobre el uso de acordeones (señalados como el principal apoyo para elegir a los integrantes de la actual Suprema Corte), criticó la falta de diagnóstico de la reforma judicial y denunció que las acusaciones contra los juzgadores carecieron de pruebas. La razón le asiste. Sin embargo, tratar de ser cómica y decir que llevaba sus “acordeones” levanto cejas y produjo risitas.
¿Qué necesidad de perder su calidad de persona pensante que tuvo el cargo más elevado en el Poder Judicial y fue obligada a dejarlo quizá, por aquella falta de urbanidad política?
Doña Norma no tiene futuro en el Poder Judicial. No es política. Mientras gobierne Morena no será diputada ni senadora.
Guardarse, ser ejemplo de rectitud y haber dejado huella en la última Suprema Corte de Justicia de la Nación, basta para pasar a la historia.
Burlarse de lo que hoy es el Poder Judicial, no la engrandece, no la empodera y, por el contrario, la muestra como una persona llena de odios y desprecios.
Allá ella.
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