Punto de vista
Por Jesús Michel Narváez
Inició el nuevo ciclo escolar y aparecieron las “sugerencias” que serán imposiciones del gobierno.
Le relato una: Grave que la presidenta anuncie que, en las aulas, en las escuelas, estará “presente el gobierno”.
¿De qué forma y para qué?
La mal llamada “nueva escuela mexicana” no da para mucho y si hay escasez de capacidad de enseñanza y la consecuencia es la pérdida de aprendizaje, me pregunto si la presencia de personajes -para no etiquetarlos como sujetos- que llegarán a las aulas de manera imprevista para preguntar a los alumnos si todo está bien o tienen quejas contra sus maestros, sus compañeros y hasta sus amigos, para resolverlos.
Sin que se reconozca, pero proviniendo el mensaje desde Palacio Nacional y a través de la presidenta de la República, pareciera que la intención no es tener una política de Estado en materia educativa, sino de adoctrinamiento.
¿Qué puede hacer o decidir el enviado del gobierno federal a las aulas para resolver los grandes o mínimos problemas?
Todos fuimos alumnos en primaria -en mi tiempo no existía el pre kínder- y lo que aprendimos con los y las maestras sirvió para llegar a la secundaria, pasar a la prepa o voca y seguir adelante.
Ellas y ellos, los maestros, no tenían pantallas y en ocasiones ni siquiera los libros que correspondían a las clases de matemáticas, historia, geografía.
Aprendimos con lo que había. Los maestros se preparaban con lo encontraban para exponer los conocimientos y que, nosotros los alumnos, los aprendiéramos porque de ellos dependía nuestro avance escolar.
No había visitas ni siquiera de inspectores de la Secretaría de Educación, porque los maestros respondían a su responsabilidad que no era otra que conducir a sus alumnos hacia el conocimiento.
Hoy a la presidenta y su empleado, Mario Delgado, se les hace bolas el engrudo.
Doña Claudia aparenta o quiere aparentar ser docente y por tanto entender a los niños y adolescentes, a quienes les habla en tono amable y les promete estar al pendiente de sus avances educativos. Si no hay cambios oficiales, la presidenta tendrá que abandonar Palacio Nacional en septiembre de 2030.
¿Algún alumno comentará que la presidenta fue a su escuela, lo abrazó y le dijo que estaría al pendiente de sus avances educativos?
Sí recordarán que ella y su empleado -de la presidenta y de los ciudadanos- Mario Delgado, les quitaron los celulares antes de entrar al salón de clases.
Parece tratarse de un problema que requiere las ecuaciones de Albert Einstein cuando la solución es simple.
Ejemplo vigente: en una reunión convocada por la presidencia y a la que acudirán un centenar de invitados y los temas a tratar son delicados, se ordena ingresar al salón dejando a la entrada el celular. Nadie protesta. Son las reglas.
Lo mismo ocurre en una cumbre del gabinete de seguridad. Solamente los titulares de las cuatro dependencias que lo encabezan tienen comunicación por cualquier emergencia que pueda presentarse.
A los alumnos hay que enseñarles que hay reglas. En el salón no pueden tener el celular ni siquiera si estuviera apagado. En el recreo podrán utilizar su tiempo en “diálogos productivos” o en ”amenas charlas sobre Luisa María”.
Uno se pregunta o al menos yo, por qué no han aprendido a hacer engrudo. La tecnología los llevó a comprar silicón en tubo o pegamento cola loca.
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