POR RAFAEL NAVARRO BARRÓN
*La Pluma Libre Incomoda, la Cámara Independiente
Exhibe su Corrupción y el Micrófono Crítico Denuncia
*El Gobierno Ahora Quiere Blindarse con una ley que
le Garantice Impunidad Mediática de sus Acciones
Hay que preguntar a esa casta que se cree ‘divina’, que se revuelca entre la corrupción, la política y el gobierno, qué es exactamente lo que pretende al impulsar una norma que busca silenciar a los periodistas.
Se han atrevido a tanto que ahora tenemos que preguntarles: ¿Qué quieren de nosotros? Anhelan que nos convirtamos en servidumbre de su efímero poder, ¿en comparsas mudos de sus truhanerías?
La llamada ley mordaza no es más que un intento burdo de controlar la crítica, de domesticar la libertad de expresión y de reducir al periodismo a un eco servil de los discursos oficiales.
Bajo el disfraz de “proteger a las audiencias”, a ese pueblo enmudecido y sometido -por ustedes mismos- a los que hipócritamente le ponen voz y los utilizan como monos de ventrílocuos para emitir su engañosa propaganda política, el mismísimo gobierno quiere imponer multas de hasta el 1% de la utilidad neta por cada queja, obligando a los medios a nombrar un defensor de audiencias, a publicar un código de ética obligatorio, y se reserva la facultad de sancionar incluso sin denuncia previa a los comunicadores que afecten los intereses del poder en turno.
Estos miserables creen que olvidamos quiénes somos, pero los comunicadores tenemos otros datos: no hemos perdido la esencia de la dignidad ni la rebeldía de la libertad.
Estamos conscientes de que el mal llamado ‘cuarto poder’ está herido, pero aún vive. Y justamente por eso quieren enterrarlo: porque saben que la pluma libre incomoda, que la cámara independiente y oportuna exhibe su corrupción, que el micrófono crítico denuncia.
Por eso buscan que el periodismo se convierta en un robot obediente, en un perro faldero del poder sucio, lleno de mentiras y trampas.
Nos acusan de ‘chayoteros’ (corruptos, meretrices que se venden al mejor postor); nosotros los acusamos de perversos, corruptos, desalmados, amantes de las peores perversiones delincuenciales.
Observen el espejo público para que se miren robando, sin pudor, el dinero del pueblo; pactando con criminales y ahora quieren blindarse con una ley que les garantice impunidad mediática.
Pretenden que la prensa deje de investigar, que se calle ante sus abusos, que se rinda ante sus discursos hipócritas de moral y anticorrupción.
¿Quieren pleitesía? No se puede. Su poder es corrupto y efímero; ante ese poder, no se pueden doblar las rodillas, porque representan la bajeza de los dioses inmundos.
La mordaza que intentan imponer es la confesión de su miedo: miedo a la verdad, miedo a la crítica, miedo a la memoria histórica que los perseguirá hasta el último confín de la tierra.
El periodismo genuino no puede aceptar esa domesticación. No podemos aumentar el ego nihilista de quienes gobiernan con soberbia y mentira. No podemos aceptar que nos reduzcan a testigos mudos de sus excesos. La prensa tiene que volver a su esencia: la denuncia, la investigación, la dignidad, los derechos del pueblo, la voz de los que no tienen voz.
La ley mordaza es el intento más descarado de convertir la crítica en delito y la libertad en sumisión. Pero no lo lograrán. Porque México cambió, y la prensa cambiará de nuevo como el último reducto intocable desde lo público y desde el clandestinaje, si nos llevan hasta esos rincones.
Resistiremos. La pluma libre no se vende, no se calla, no se rinde.
