POR EZEQUIEL GAYTÁN
-El Gobierno de Sheinbaum Resucita
la “Legalidad” de Díaz Ordaz
*Ruffo Appel la Punta del Iceberg que
Busca Derretir Sheinbaum
*Pírrico Será el Triunfo del Gobierno
con Aprobación de Censura
*Ahora el Monopolio de Tipificación
Jurídica lo tiene Palacio
Es al menos la segunda ocasión desde que escribo para MISIÓN POLÍTICA que trato el asunto de los presos políticos y por lo visto seguiré abordándolo. En lo personal me gustaría hablar del tema como un hecho del pasado y vergonzante, sin embargo, el gobierno morenista insiste en traerlo a colusión. Hubiese preferido escribir acerca de los políticos presos. Léase, servidores públicos que aprovecharon sus cargos públicos a fin de enriquecerse ilícitamente. Pero no, el tema es acerca de perseguidos ya sea por sus ideas políticas, por su oposición al gobierno y criticarlo, por realizar algún tipo de activismo social o por manifestar diferencias profundas o básicas ante las acciones gubernamentales. De ahí que no se encontrará fácilmente en las legislaciones modernas la tipificación del delito “preso por sus ideas políticas”. Lo que si se verá en los hechos es el encarcelamiento de personas con pruebas de delitos reales o fabricados desde el gobierno con el propósito de ocultar las motivaciones políticas.
Ejemplos sobran. Así tenemos que el gobierno del Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) encarceló a muchos estudiantes de la UNAM y del IPN bajo el argumento jurídico de daños a propiedad ajena, disolución social, asociación delictuosa, invitación a la rebelión y ataques a las vías generales de comunicación. Los cuales eran ciertos desde la ortodoxa y escrupulosa interpretación de las leyes de aquella época y con un criterio unilateral del Derecho, pues en efecto, en el movimiento estudiantil de 1968 si hubo quema de camiones, algunas pintas y convocatorias a manifestarse en contra del gobierno. En otras palabras, ese gobierno negó que en México hubiese presos políticos, sostuvo que eran transgresores de la ley y que no juzgaba los motivos por los cuales esos jóvenes incendiaron autobuses.
Ahora, la gestión de la presidenta Claudia Sheinbaum arremete en contra del exgobernador panista Ernesto Ruffo Appel y seguramente los cargos son ciertos. En otras palabras, le demostrará a la sociedad con pruebas de que es otro político preso y dirá, como lo hizo el gobierno de Diaz Ordaz, que no es un preso político, sino un delincuente vinculado con el huachicol fiscal.
Con lo anterior quiero demostrar que con esa acción la gestión Sheinbaum se sacude la presión social por poner orden en uno de los actos más corruptos que vive nuestra nación. Más aún, con el futuro encarcelamiento del exgobernador de Baja California va a exonerar simultáneamente a los delincuentes de su partido que sabemos, aunque no tengo las pruebas, están embarrados en ese chiquero.
Ella y sus colaboradores saben que a fin de salvar a sus militantes morenistas hurgarán en las gestiones del pasado y encontrarán pruebas, aunque sean mínimas, que les permitan encarcelar a exservidores públicos del PAN y del PRI. Mediante ese camino, posiblemente ya prepara una cascada de persecuciones políticas con argumentos jurídicos y visión unidimensional (como el gobierno de Díaz Ordaz), pues la fórmula es funcional y, por si fuese poco, tiene dos ases bajo la manga. El primero es que la Corte de Justicia de la Nación está a su servicio y el segundo es que ella considera que el derecho es potestativo. Léase, el pasado jueves 16 de julio, la presidenta Claudia Sheinbaum, en Tulum, Quintana Roo, le reviró a Pedro Álvarez Icaza, titular de la Comisión Nacional de Áreas Protegidas (Conanp) “cuando la norma se pone por encima de la gente y el sentido común, está mal: no cumplas con la norma, eso es lo que te estoy diciendo”.
Con lo anterior, la misma persona que protestó guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes que de ella emanan, ahora considera que dicha protesta es letra muerta y que cada uno, con base en su criterio del sentido común, actúe a su conveniencia y en favor de sus muy particulares intereses en el nombre del pueblo bueno y sabio.
Con base en el criterio presidencial las personas servidoras públicas no están obligadas a sujetarse a las normas jurídicas y administrativas y, por ende, la relación político preso/preso político queda a merced de la decisión de una sola persona en México. En otras palabras, ya estamos en la antesala de una nación sin división de poderes, monárquica, en la cual ella es juez y jurado, aferrada al poder y en donde la ciudadanía queda desamparada e indefensa ante la autoridad.
Empero todo en política tiene sus límites, mientras los morenistas encarcelan a políticos del pasado y ahora aprovechan a fin de robar, la rueda de la historia gira, a veces más rápido y en ocasiones más lentamente, pero se mueve. En consecuencia, lo que verán las próximas generaciones será el rostro abyecto de la política y no su cara del arte de lo posible sustentado en normas y diálogos constructivos.
PRESOS POLÍTICOS, UN
CONCEPTO MONOPÓLICO
La metafórica línea que existe acerca del concepto de presos políticos la define monopólicamente el gobierno con todo su poder, pero no siempre ha sido, ni será así. La historia nos enseña que se trata de una línea porosa, elástica y dialéctica en la cual participa la sociedad. Llegará el día en que las pruebas gubernamentales, reales o fabricadas, en contra de sus opositores encarcelados serán vistas socialmente como un acto injusto. La subversión y rebeldía serán vistas como un grito de libertad, así ocurrió con Madero, Mandela, Gandhi y los jóvenes estudiantes mexicanos de 1968. Es decir, el gobierno dirá que son delincuentes debido a que son políticos presos, pero la sociedad les llamará presos políticos.
La insistencia gubernamental de acallar a los medios electrónicos y posiblemente más adelante a la prensa de aprobarse la ley censura será un triunfo pírrico de la gestión Sheinbaum. Con el correr del tiempo y cuando la sociedad vea que en su país hay más presos políticos que delincuentes levantará la voz.
La falta de autocrítica de la actual gestión y su proclividad al autoritarismo son cada día más evidentes. Las cárceles mexicanas empezarán a llenarse de presos políticos acusados de ser políticos presos y después, no soy adivino, pero casi lo podría asegurar, también llegarán morenistas víctimas de las purgas internas. Serán horas oscuras de la historia nacional. Se avecinan nuevos tomos de El libro rojo de Manuel Payno y Vicente Riva Palacio. La codicia de unos cuantos y su escaso deseo de una vida social democrática y reconciliada son elementos destructivos y lastres del desarrollo nacional. La actual gestión ya no se detendrá y cada veremos más y más políticos presos de la oposición que bien sabemos son también presos políticos.
