ALBERTO F. MENA MALLEN
Desde que inició la 4t nos han querido dar “atole con el dedo”, pero a muchos mexicanos nos agria el carácter al pensar que los morenos seguidores de su patrón, el macuspano, desean implementar un sistema político comunista o tal vez uno propio de quienes encabezan esta lucha “muy humanista”, que tiene todo de benefactor para los suyos, mientras que quienes no comulgamos con ellos que se los lleve la desgracia.
Amlo, el guía de quienes están adoctrinados con la Cuarta Transformación, sí ha tenido acciones para con los suyos, pero ha afectado a miles, aunque de igual forma saldrán dañados por las decisiones que están tomando, sobre todo maltratando a la democracia que se construyó en los últimos años. Pero a la 4t le incomoda este sistema ya que, al saborear el poder y tener los recursos públicos en su bolsillo, no lo quiere soltar cueste lo que cueste.
Muchos analistas y organizaciones sostienen que la 4T está debilitando pilares democráticos construidos en México durante décadas, principalmente por la concentración de poder, la censura a voces críticas y el debilitamiento de instituciones autónomas. Al mismo tiempo, sus defensores argumentan que se trata de un proyecto de redistribución social con fuerte respaldo popular, lo que genera un choque de narrativas acerca de si es transformación o retroceso democrático.
La frase “dar atole con el dedo” nació en México y tiene raíces prehispánicas. Se usaba como paliativo en tiempos de sequía para calmar a la población con tamales y atole. Más tarde se popularizó como metáfora de engaño o distracción. También aparece en textos coloniales y en la primera novela hispanoamericana El Periquillo Sarniento (1816), consolidando su uso en el lenguaje popular, lo que muestra que ya era parte del habla popular en el México independiente.
En el Imperio Azteca se repartían tamales y atole en rituales y ofrendas. Durante sequías, se ofrecía como un “placebo” para calmar la ansiedad del pueblo, aunque no resolviera el problema real. Según Jorge Mejía Prieto, las nodrizas mojaban un dedo en leche o atole y lo daban al bebé para tranquilizarlo mientras esperaba el pecho. De ahí la idea de “engañar con probaditas”.
La frase no tiene un único creador, sino que emerge de la tradición popular mexicana con raíces en prácticas prehispánicas y coloniales. Su consolidación en la literatura del siglo XIX la convirtió en un dicho vigente hasta hoy, usado para denunciar engaños o distracciones políticas y sociales.
Hoy en día, decir que un político “da atole con el dedo” es acusarlo de engañar con paliativos o palabras bonitas, en lugar de ofrecer soluciones reales. Es un dicho que conecta la tradición popular con la crítica ciudadana, y sigue siendo muy vigente en el debate público mexicano.
Para quienes no comulgan con la visión de Morena, la 4T puede percibirse como un gobierno que “da atole con el dedo” al disfrazar medidas de control y opacidad bajo discursos de soberanía, justicia social o combate a la desinformación.
Este contraste entre discurso oficial y percepción crítica es lo que alimenta la idea de que se da “atole con el dedo” a quienes no comulgan con la narrativa oficial.
El “atole con el dedo” latinoamericano es una estrategia de comunicación política que mezcla populismo, paternalismo y control institucional. En todos los casos, el discurso de transformación social se convierte en un mecanismo para neutralizar la crítica y mantener el poder, aunque con distintos grados de autoritarismo.
De las criticas expresados por Artículo 19, organismo defensor de derechos humanos o el académico Sergio Aguayo, advierten que la 4t ha buscado dividir y restar fuerza a colectivos sociales y organismos autónomos, lo que amenaza la pluralidad democrática. Existe una autoritaria decisión de no consultar a la población en general, buscando elaborar p
