NIDIA MARIN
No se le pueden pedir peras al olmo. Es casi imposible que ciertos sectores malvados entiendan que para los indígenas la tierra no es un recurso que se compra y se vende, sino un Ser del que todos forman parte. De ahí que sus derechos sean colectivos y de autogobierno.
Pero en México, las bandas delincuenciales los matan si no acatan sus órdenes y les entregan sus tierras. De ahí que la migración entre entidades de la República Mexicana esté a la orden del día.
Y no son unos cuantos. Los indígenas en nuestro país suman 39.2 millones y un alto porcentaje fue despojado de sus tierras, mientras otros tantos están siendo objeto de persecución y advertencias de parte de los delincuentes.
En México, suman 68 los pueblos indígenas oficiales que conservan culturas y tradiciones propias.
Los principales grupos son: Nahuas, que habitan fundamentalmente en Puebla, Hidalgo y el Estado de México; Mayas, radicados en la península de Yucatán; Zapotecos y Mixtecos, en Oaxaca; Rarámuris (Tarahumaras), en Chihuahua y Purépechas, en Michoacán.
El principal problema de éstos y de los demás grupos (de acuerdo a los antropólogos, etnólogos y etnógrafos) es la discriminación estructural, así como la pobreza extrema, el despojo de sus tierras, incrementado en el siglo XXI, ya que además de padecer a los abundantes delincuentes, han tenido que soportar que el propio gobierno los despoje de sus tierras para construir, por ejemplo, el Corredor Transísmico.
Sí, los Mixes y los Zapotecos del Istmo de Tehuantepec fueron los más afectados. Los desalojos por las obras ferroviarias y viales fueron importantes.
Pero no es todo. En el caso de otros grupos, los parques eólicos en tierras comunales en toda la República les han estado causado daños y los consecuentes desplazamientos.
Lo mismo sucede con la minería a cielo abierto, ha estado afectando sitios sagrados. Así fue en el territorio de los Wixarikas (Jalisco, Nayarit, Durango y Zacatecas).
Sin embargo, lo peor es la criminalización, las denuncias penales, el acoso de los delincuentes, la pérdida de su patrimonio a manos de las bandas de pillos que abundan y asolan México.
LOS DELINCUENTES EL
TERROR DE LOS INDIGENAS
Y, ciertamente, las bandas de ese corte que más afectado a los indígenas de México y a muchos los tienen amenazados, son: en Guerrero, “Los Ardillos”, que operan en Chilpancingo, Iguala y Taxco; y “Los Tlacos”, en la misma entidad, y también en su capital, además en la Sierra y la Tierra Caliente. En esta última tienen una disputa territorial con “La Familia Michoacana”, y el Cartel Jalisco Nueva Generación.
Todos estos delincuentes han despojado a los indígenas, nahuas (entre otros) y cientos de familias han sido desplazadas, además de que los extorsionan y los secuestran.
Lo mismo sucede en otros estados, como en Michoacán, donde los purépechas han estado padeciendo, tanto por el despojo como por los asesinatos, además de que talan sus bosques. Así ha sido en Cherán y en Santa María Sevina.
Ciertamente, los ataques armados son constantes en una buena parte de las entidades, de ahí que en toda la República Mexicana el desplazamiento de indígenas sea constante. Temen que los maten o los obliguen a ser sus esclavos. Además, los ataques armados son continuos.
Como consecuencia, muchos viven en los municipios con pobreza extrema. Ejemplos en el país abundan a lo largo y ancho de la República.
Por cierto, el próximo domingo es el Día Internacional de los Pueblos Indígenas.
De acuerdo a la ONU en el mundo hay más de 5,000 pueblos indígenas diferentes, integrados 476 millones de personas que viven en 90 países y representan cerca del 6.2% de la población mundial. Hablan 7,000 idiomas.
El Continente Americano tiene un buen número. México, Guatemala y Bolivia concentran a la mayoría.
Asia, acumula 70% de la población indígena mundial, con 100 millones; América, más de 50 millones; y Africa, entre 50 y 70 millones.
Por países… los más abundantes… India,104 millones; China,112 millones; Indonesia, entre 50 y 70 millones y Mexico, 25 millones.
Como dice la canción de Gonzalo Chapela Blanco “Yunuen”:
Brisas que van Cuchicheando / Sobre la espuma de tul/ Canto de los pescadores/ Bajo un cielo siempre azul/ Casitas acurrucadas / Entre el verdor del trigal / Parece que entre chinchorros / se quieren adormitar.
“Gentil guarecita la novia del lago es Yunuén, / amores musita la ola con suave vaivén / y el viento se pone a cantar su rima sutil, infinita, / que tiene perfumes de azahar”.
