“Elsa y Fred”

 

 

Un Amor Hispano-Argentino

HORACIO ARMANDO HERNÁNDEZ OROZCO

“Elsa y Fred”, película argentina-española dirigida por Marcos Carnevale y protagonizada por China Zorrilla (Elsa), Manuel Alexandre (Fred), Blanca Portillo (Cuca), Roberto Carnaghi (Gabriel), José Ángel Egido (Paco) y Federico Luppi (Pablo); se estrenó el 4 de agosto de 2005.

Elsa, una mujer argentina, exiliada, que vive en Madrid, y Alfredo, un viudo español que se muda al mismo edificio; luego de un incidente cotidiano, los dos comienzan a conocerse y entre ellos nace un romance que ambos ven como la última oportunidad de ser felices.

La película aborda temas como el envejecimiento, la soledad y la búsqueda de la felicidad en la vejez. Mediante la relación entre Elsa y Fred, se muestra cómo el amor puede revitalizar y dar un nuevo propósito a la vida, incluso en los años dorados.

EL AMOR TOCA 

A LA PUERTA

Alfredo se muda a un moderno apartamento ayudado por su hija Cuca, Elsa choca el auto de esta última por accidente y se da a la huida, pero el hijo de Cuca la ve y le cuenta a su madre quién es la responsable; Gabriel, el hijo de Elsa se ofrece a pagar los daños; la mujer lleva un cheque a Alfredo, pero inventa que necesita el dinero para ayudar a su hijo mayor, el anciano decide pagar él mismo la reparación y Elsa le agradece invitándolo a cenar a su casa.

Ambos personajes se encuentran en una etapa avanzada de sus vidas; ella, una mujer de 82 años ha soñado durante mucho tiempo con recrear la famosa escena de “La Dolce Vita” en la Fontana di Trevi; por otro lado, Fred, un viudo de 78 años, se siente perdido y resignado tras la muerte de su esposa. 

Elsa llena de energía y vitalidad, mientras que Fred es un hipocondriaco achacoso lleno de pastillas. Ella le dice: “No eres hipocondríaco, lo que eres es un cagón”, que hace acopio de su propia nacionalidad y parte de su personalidad.

El director, Marcos Carnevale, vio “La Dolce Vita” cuando tan sólo tenía 15 años y se enamoró perdidamente de aquella historia y del cine de Federico Fellini; llegó a cartearse con el cineasta italiano, durante su juventud, y siempre tuvo el sueño de rodar en la Fontana di Trevi. Ese empeño se traslada a su protagonista, que acaba (con gatito incluido) mojándose en la fuente más cinematográfica de Roma.

UNA CENA PARA DOS

Elsa invita a Fred a cenar en un restaurante, él quiere evitar comer carne y postre por motivos de salud, pero ella lo anima para que goce de la comida y de un buen vino; cuando llega la cuenta, advierten que es bastante cara, así que Elsa sugiere que se vayan sin pagar; ambos salen tranquilamente agradeciendo al encargado del lugar y se dan a la fuga en auto cuando ven a una patrulla atrás pensando que van a ser detenidos, pero no; Fred se siente mal y cree que está teniendo un ataque al corazón.

Al paso de cada escena, la amistad se transforma rápidamente en un romance muy distinto a cualquier otro que hubieran experimentado; la escena de la cena, entre otras, muestran como la soñadora e intrépida Elsa le demuestra al convencional y temeroso Fred que la edad no es un límite para vivir plenamente dejando atrás cualquier estereotipo relacionado con la vejez.

Ambos personajes experimentan de una u otra manera una soledad que se convierte en un vínculo que evoluciona hasta convertirse en amor.

HOY PUEDE SER 

UN GRAN DÍA

Fred decide tirar todas sus pastillas al retrete cuando llega su hija Cuca, que le ha estado llamando y advierte las pastillas en el inodoro por lo que le pregunta “¿Te estás dejando morir?” y el padre le contesta: “Me estoy dejando vivir”.

Durante la cinta se escucha una de las canciones más famosas de Joan Manuel Serrat, “Hoy Puede ser un Gran Día”, que se convierte en el leitmotiv de la película. Una canción simbólica, que sirve como desarrollo emocional de sus personajes. Primero, como identidad de la propia Elsa y después en Fred, que acaba empapado por su vitalidad.

Esta melodía dice: 

“Hoy puede ser un gran día / donde todo está por descubrir, / si lo empleas como el último que te toca vivir, / saca de paseo a tus instintos y ventílalos al sol, / y no dosifiques los placeres, si puedes derróchalos, / si la rutina te aplasta dile que ya basta de mediocridad”.

Tanto Elsa como Fred están empleando su Hoy como el último que les toca vivir, no dosifican sus placeres y los derrochan, sus instintos los ventilan al sol, han dejado de lado a la mediocridad.

Elsa representa la aceptación de la vida y la búsqueda de la felicidad, mientras que Fred simboliza la lucha contra la soledad y el miedo a la muerte.

Elsa es muy independiente, aunque le hace falta la compañía de alguien, puesto que vive sola en un departamento y no convive mucho con su familia, salvo en ocasiones especiales como cumpleaños o visitas al médico, mientras Fred es viudo reciente y prefiere la soledad, esperar que pasen los días sin ambiciones ni aspiraciones personales. Cansado y decepcionado de lo que construyó en su vida.

Es lógico que en esta edad aparezcan ciertos sentimientos típicos, como son la soledad, la inutilidad, la nostalgia; sin embargo, en Elsa hay una adecuada aceptación de esta etapa, sin que ello signifique que no los experimente, sino que aún se considera capaz de realizar las cosas por sí misma (autonomía), incluso maneja su propio auto y trata de evitar ser una carga para sus hijos.

A pesar de su enfermedad terminal, ella lo guarda sólo para sí misma y no comparte la realidad patológica con nadie más. Esta situación explica porque desea vivir y aprovechar el tiempo que le queda.

Fred siempre fue un hombre de bien que cumplió con su deber. Al quedar viudo, desconcertado y angustiado por la ausencia de su mujer; vive de una forma muy negativa. A pesar de que trata de vivir su proceso de duelo a su manera, no resulta ser el más apropiado, debido a que intenta abandonar su entorno más cercano y eso causa mayor cercanía e influencia de hacerlo sentir vivo, pero no permiten que viva su tristeza y nostalgia en plenitud, al menos por un tiempo.

Sus episodios hipocondríacos, achaques propios de su edad, son producto de la dificultad de adaptación en la etapa del adulto mayor, incluso él llega a considerarse inútil para algunas cosas.

La película subraya ciertas imágenes positivas sobre la vejez, como son el apoyo afectivo entre pares, la sexualidad en la vejez, el darle un nuevo sentido a la vida en la adultez mayor, no ver la vejez como una enfermedad, sino como una oportunidad y afrontar positivamente la muerte que se avecina 

Sin embargo, también exhibe algunas de carácter negativo, como plantear que los sueños en la vejez son una mitomanía, actitudes sobreprotectoras de los hijos frente a los mayores rompiendo la autonomía y el aprovechamiento patrimonial por parte de los hijos o familiares del mayor.

Tanto Elsa como Fred se dejan gobernar por sus familiares cercanos, en este caso los hijos, por la única razón que ellos ven a sus padres como ancianos inútiles, débiles y vulnerables, convirtiéndose en seres controladores, hostigadores, incluso manipuladores.

Este filme invita a reflexionar sobre la calidad de vida en la tercera edad y la importancia de mantener sueños y deseos, sin importar la edad; pero ¿qué será más importante a esta edad aprender a morir o aprender a vivir?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

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