POR ALBERTO ALMAZÁN
*Quienes Detentan el Poder Público
son los Mismos del Ayer
*Sin Explicación, las Canteras en los
Partidos Desaparecieron
*Una Clase Política que se Avejentó
en las Últimas Décadas
*Siete Años, Suficientes Para Cerrar
los Espacios a Jóvenes
*Los Pasados Presidentes, Crearon
Servicios que Resisten
Con una clase política envejecida, sin posibilidad de aspirar más allá de una diputación o senaduría; negada a entender la realidad del siglo XXI y tomando como base ideológica el agotado modelo del viejo comunismo, México tendrá que remar contracorriente para salvaguardar el futuro inmediato: 2030.
Haber dejado de ser cantera de políticos, que se pulían en los institutos de capacitación existentes en su tiempo en partidos como el PRI -el más avanzado-, el PAN y muy de lejos por los satélites del sistema, ha dado por resultado que los rostros nuevos, las ideas nuevas, hayan desaparecido y si no en su totalidad si en la plataforma que exhibe a quienes buscan formar parte de la nueva clase política.
Porque no la hay.
Tiene razón la presidenta mexicana al calificar el nacimiento de nuevos partidos políticos con registro nacional, está formado por los mismos, por los de antes.
Ella misma es de los mismos, de los de antes.
Revisar quiénes ocupan los cargos de decisiones políticas y con honrosas excepciones, conlleva a encontrar los mismos rostros, los mismos desgastados discursos, las mismas promesas, los mismos incumplimientos.
La enorme mayoría de funcionarios de alto nivel frisan los 70 años y más. Aquellos que, en sus momentos no lejanos, se apuntaron para competir por los votos ciudadanos para llegar a Palacio Nacional y aposentarse en la Silla del Águila y no lo consiguieron, ratificaron la vieja explicación: el que no toma el tren de la elección, jamás vuelve a intentarlo. Siempre será más rápida la máquina que las piernas del perdedor. El ejemplo más claro de cómo perder el tren, lo representó en septiembre de 1975Algunos, el cantado candidato: Mario Moya Palencia, cuyo paso por la Secretaría de Gobernación durante siete años al asumir el cargo en sustitución de Luis Echeverria quien ya era candidato del sector agrario y por primera ocasión desplazó a los sectores obrero y popular. En Sonora ya estaba la propaganda con las frases y fotos de Moya Palencia. Los siguientes meses se mantuvo en el cargo y al término del mandato dejó la política temporalmente. Como el resto de los que no alcanzaron la candidatura, se conformaron con cargos menores y, por supuesto, dentro del presupuesto.
Decía el legislador Cesar Garizurieta ampliamente conocido por el apodo de “El Tlacuache”: vivir fuera del presupuesto, es vivir en el error.
Y quien inauguró la repetición de candidatura hasta en tres ocasiones y terminó por ser el primer jefe de gobierno de la Ciudad de México, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, sentó escuela y su alumno más avanzado, Andrés Manuel López siguió sus huellas con la diferencia de que aplicó a la perfección la frase: “la tercera es la vencida”.
El país vive los mismos problemas de hace cinco décadas y hay programas sociales que modifican, en parte por lo menos, las desigualdades. El país no tiene opciones para elegir a sus gobernantes, porque quienes quieren ser congresistas, son los mismos de hace dos décadas o más; porque quienes buscan ser gobernadores, son los mismos que ayer eran alcaldes y militaban en otros partidos.
El mayor hueco lo representan los aspirantes a convertirse en el o la siguiente presidenta de la República.
LA CALIDAD DE LA CLASE
POLÍTICA ESTÁ EN DECLIVE
Desde el surgimiento del maximato, el que terminaba su mandato buscaba mantener el control de las acciones que asumiera el sucesor. Una regla no escrita; durante cuatro décadas gobernarían los militares, aquellos que se atribuían el triunfo en la Revolución Mexicana y que, como revela la historia, se traicionaron entre sí, lo que provocó el arribo del civilismo a la gobernanza mexicana.
Denominado como “el cachorro de la revolución”, Miguel Alemán Valdés ya había gobernado su natal Veracruz y asumió el cargo de secretario de Gobernación al inicio del gobierno de Manuel Ávila Camacho.
Desde 1946, México ha sido gobernados por 14 mandatarios civiles -más el actual, la primera mujer en ser Jefa del Estado mexicano desde la independencia del país- y todos terminaron sus gestiones. Contra lo pronosticado por voceros militares o periodistas y analistas que simpatizaban con las fuerzas castrenses, el civilismo se impuso y la doctrina revolucionaria se mantuvo durante 70 años. Hoy no existe una definición clara por el respeto de los 136 artículos de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Conforme a información oficial, con excepción de Lázaro Cárdenas del Río, el antepenúltimo general en gobernar el país, el resto superó los 40 años.
Con la expulsión de Plutarco Elías Calles, el michoacano llegó a Palacio Nacional antes de cumplir los 40 años. El resto, hasta la actualidad, se mantuvo arriba de las cuatro décadas y contra lo que se supone, no fue Adolfo Ruiz Cortines el de mayor edad. Lo supera Andrés Manuel López por 3 años y lo empata Sheinbaum con 62.
Todos y cada uno de los gobernantes aportaron sus experiencias de gobernanza, con excepción de los dos últimos suyos conocimientos sobre la política, la sociedad, la economía y la seguridad, no hicieron que el país entrara en la línea de los avances ideológicos, el crecimiento de la economía y el resguardo de las vidas y los bienes de sus gobernados.
Si se revisa la calidad de los gobernantes hasta antes de 2018, habrá quienes sostengan que personajes como Díaz Ordaz -Tlatelolco-, Echeverría -los Halcones-, De la Madrid -la caída del sistema-, Salinas -el EZLN y la ejecución de Colosio-, Zedillo -por adelantar resultados de la elección presidencial-, Fox -su ignorancia-, Calderón -sacar al ejército a las calles y declarar la guerra a los narcotraficantes-, Peña Nieto -por sus reformas de gran calado.
Del que busca trasformar el país, ya dejó la huella de la protección para los criminales y narcotraficantes, la corrupción, la impunidad y el desdén por la Constitución y por la separación de Poderes, además del abusivo derrote de recursos públicos en sus faraónicas obras que están sin terminar y representan cuantiosas pérdidas financieras.
Por ello y por el continuismo del llamado proyecto político sin escuchar reclamos sociales, políticos, jurídicos, podría afirmarse que la calidad de los dos gobiernos surgidos de la llamada 4t ha sido deplorable. La historia moderna ya juzgó al primero de ellos y a la segunda la tiene sentada en el banquillo de los acusados por proteger a presuntos criminales y mantener la reyerta con Washington.
DEL GABINETE Y EL
CONGRESO, LOS MISMOS
En el empobrecimiento de la clase política, en conocimientos y capacidad para tomar decisiones adecuadas, no de recursos económicos que, como diría Emilio Portes Gil, hay que “evitar nuevas comaladas de ricos” han surgido al por mayor.
Revisar los nombres de quienes integran los gabinetes, corrobora que son los mismos -en decenas de casos- que ha acaparado los cargos y el poder político.
Un ejemplo claro lo representa Marcelo Ebrard Casaubon, quien tiene de estar en la política activa cuando menos 45 años. Ha pasado por los pulidos pisos de cuatro partidos políticos: PRI, Centro Democrático, PRD y Morena y su relación con el anterior presidente de la República, creció por el plantón en el Zócalo del tabasqueño quien llegó con decenas de cajas en las que presuntamente estaban las pruebas del fraude cometido en las elecciones a gobernador y que ganó Roberto Madrazo. Apoyado por Manuel Camacho Solís, se permitió al reclamante permanecer y, dos años más tarde, ser candidato ilegal a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México.
Ebrard es el mil usos. Lo mismo legisló -desde afuera- que condujo al PRI del Distrito Federal; fue secretario de Seguridad de la capital del país y también de Gobierno: culminó como jefe de gobierno y después se aisló en el extranjero ante la amenaza de ser encarcelado por los gastos excesivos que causó la llamada Línea Dorada, la mismo que hace cuatro años colapsó y causó la muerte de 26 personas y un centenar de heridos graves.
Ricardo Monreal representa algo parecido. Manuel Velasco y Alberto Anaya, dueños de los membretes PVEM y PT, corren en el mismo carril y olvidan sus pasados políticos para presentarse ante los ciudadanos como demócratas que defienden las libertades, el medio ambiente y que de ninguna manera son satélites del oficialismo.
Tomarse la molestia de revisar la integración del Congreso de la Desunión, nada difícil es encontrar a los expriistas, expanistas, experredistas y un largo etcétera de ex. Cada cual trabaja para quienes otorgan las migajas del poder y que las disfrutan como si fuera la vianda esperada para demostrar que son personales de alcurnia y no procuran los tacos callejeros.
ROSTROS NUEVOS,
EN GRUPOS PEQUEÑOS
Cuando se busca encontrar a los nuevos rostros se obtiene la respuesta generalizada: están en los grupos pequeños que rompen las cadenas del poder político y que no agradan a los que son “fundadores, cofundadores, capulines” del partido en el poder.
Para los jóvenes que observan cómo el oficialismo ha cerrado los canales de comunicación para ingresar a los trabajos políticos, las posibilidades de convertirse en legisladores federales o locales y parte de los gabinetes federal y estatales, se reducen al concepto meramente retórico de los requisitos sine qua non: 90 por ciento de lealtad y 10 por ciento de capacidad.
De ahí que la clase política emergente no cuente con la preparación adecuada para subir escalones rumbo a la sabiduría. El conformismo de obtener un especio en el poder público sin importar la responsabilidad y la necesidad de tomar decisiones que permitan el avance del servicio a los ciudadanos.
La falta de preparación es cómplice del maltrato que se ofrece a los ciudadanos que acuden a realizar trámites y que, para lograr las firmas y autorizaciones deben mantener la vieja escuela de “untar la mano” con cremas azul-morado o cuando menos de verde olivo.
Son los grupos pequeños cuya visión y misión no rebasan a los que tienen el poder y se oponen a compartirlo.
LA GOBERNANZA
NO CAMBIARÁ
Bajo las condiciones actuales del gobierno federal y sus aliados en los gobiernos estatales y municipales, se advierte cambio alguno mientras el oficialismo mantenga el control de los procesos electorales, fije las líneas a los poderes Legislativo y Judicial, manipule los resultados de las urnas, anule comicios por “injerencia extranjera” y disperse recursos para comprar las conciencias de los votantes mediante los programas sociales.
Si bien es cierto que la popularidad de la presidenta va en decadencia también los es que los nuevos programas para cubrir gastos de estudiantes en el nivel superior, las becas para ser profesionales, los apoyos para quienes a partir de los 65 años reciban pensión universal y el cierre de espacios a las oposiciones, definen el lamentable futuro para el país.
En Palacio Nacional no han sido tomadas en cuenta las decisiones de los ciudadanos en la mayoría de elecciones presidenciales y de congresistas y que han sepultado a los gobiernos de izquierda o que dicen representarla.
Para este año es probable que hasta Brasil deje de ser de izquierda -ya lo dijo el presidente Lula: no soy de izquierda- y por tanto la región alcance a repetir el pasado en el que s había dictadores eran de la propiedad made in usa.
Sin el respaldo, aunque sea de discurso de los gobiernos llamados progresistas, la lógica indicaría variaciones en la conducción política, económica y social de México. Sin embargo, los mensajes presidenciales van en sentido contrario y la plataforma en la que se sustenta la llamada 4t no prevé modificaciones. Se mantendrá el gobierno para el pueblo bueno y se someterá al pueblo malo mediante medidas fiscales y judiciales.
SIN OPOSICIÓN NO
HAY DEMOCRACIA
Aferrados al poder público, quienes gobiernan el país, formal y detrás de la Silla del Águila, han trazado el sepelio masivo de las oposiciones representadas, todavía, por los viejos partidos que tampoco tienen clara la idea de qué ofrecerle al ciudadano para recuperar la confianza.
Desde el inicio de las elecciones de 2018 se advertía que la nueva aplanadora habría de aplastar a las oposiciones.
Más por un discurso de odio que por una propuesta benéfica para el país. Los añejos y envejecidos partidos políticos: PRI, PAN y PRD fueron incapaces de mostrar tener bases sólidas, identificadas con los documentos básicos, los idearios y el cumplimiento de ofertas de campaña.
Pudo más la narrativa maniquea que los logros de las oposiciones alcanzados en décadas.
La siembra de la discordia pesó más en aquellas personas que creyeron y creen que los gobiernos del neoliberalismo se robaron el dinero para enriquecer a sus protegidos. Se niegan a admitir los errores de los gobiernos de la 4t y la dirigencia política del oficialismo mantiene su esquema: destruir a las oposiciones, reducir el número de partidos nacionales, acortar las prerrogativas lo que abre las puertas de par en par para financiamientos ilegales y, como nunca en la era democrática del país, la incertidumbre, la impunidad, la violencia, el crimen organizado, el abuso del poder por quienes lo ejercen, viven al lado de los ciudadanos y no obstante, Andrés Manuel López y Claudia Sheinbaum proclaman:
México, sus ciudadanos, son los más felices del mundo.
