Violencia en el Istmo de Oaxaca y el sur de Veracruz

POR CARLOS BARRACHINA LISÓN Y LUZ CELINA CAMARENA ROMERO

*El Interoceánico Define Controles

Territoriales del Crimen 

*El Corredor Volvió Estratégicos los 

Accesos al Puerto de Salina Cruz

*Baja Homicidios en el Sureste Pero

Veracruz los Incrementa

*Tres Etapas de Violencia Provocada

Por Los Z, CJNG y Pacífico

 

La violencia en el corredor Istmo de Oaxaca y el sur de Veracruz muestra dos trayectorias regionales conectadas. En el sur de Veracruz, la crisis más aguda fue temprana, masiva y visible, especialmente entre 2017 y 2019 en Coatzacoalcos, Minatitlán y Acayucan. En el Istmo de Oaxaca, en cambio, la violencia se intensificó con mayor claridad a partir de 2019 y se complica entre 2023 y 2025, por el aumento de la extorsión, y otras actividades criminales como cobro de piso, huachicol, la disputa por las economías locales y el control territorial.

La región debe entenderse como un territorio que está condicionado por diferentes infraestructuras estratégicas: carreteras, ferrocarril, puertos, patios ferroviarios, suelo comunal, polos industriales y economías ilícitas. El sur veracruzano aporta una base criminal y energética asociada al puerto de Coatzacoalcos, la industria petroquímica, la refinería de Minatitlán, las rutas carreteras y las redes de huachicol. El Istmo oaxaqueño, por su parte, está condicionado por el Corredor Interoceánico, en torno a Salina Cruz, Matías Romero, Juchitán y Santo Domingo Tehuantepec. La violencia se alimenta tanto por las oportunidades criminales que generan la confluencia de estos espacios y actividades económicas, como por la debilidad del Estado, que no muestra capacidad para controlar de forma efectiva a los grupos criminales.

DOS TRAYECTORIAS 

REGIONALES DE VIOLENCIA

En el Istmo de Oaxaca, el agregado de Juchitán, Matías Romero, Salina Cruz y Santo Domingo Tehuantepec pasó, según INEGI, de 87 homicidios y una tasa de 29.10 (por 100.000 habitantes) en 2015 a 133 homicidios y una tasa de 43.26 en 2019. Aunque hubo una reducción parcial en 2021, con 105 homicidios y tasa de 33.94, para 2024 el conjunto volvió a registrar 111 homicidios y una tasa de 35.53. Sin embargo, la serie del SESNSP ajustada muestra una intensificación mayor: de 61 homicidios y tasa de 20.40 en 2015 pasó a 170 homicidios y tasa de 55.30 en 2019, hasta llegar a 231 homicidios y tasa de 73.95 en 2024. Para 2025 todavía registraba 181 homicidios y tasa de 57.74. Esta discrepancia INEGI-SESNSP no es un detalle técnico menor, sino una muestra, bien de la dificultad para capturar plenamente la violencia en un entorno territorialmente fragmentado o de la intervención intencional del Estado para que se disimule la realidad.

En el sur de Veracruz, la crisis más intensa ocurrió antes. Coatzacoalcos alcanzó su pico municipal en 2017, con 188 homicidios y una tasa de 58.67; en 2018 mantuvo niveles muy altos, con 161 homicidios y tasa de 50.55; y en 2019 registró 133 homicidios y tasa de 42.01. Minatitlán también vivió un punto crítico en 2019, asociado a masacres, disputa criminal y economías ilegales vinculadas al corredor petrolero. Después de esos años, la violencia no desapareció, a pesar del descenso significativo en homicidios, sino que mudó hacia la extorsión, y otras violencias que generan miedo entre la población y control territorial como el cobro de piso, secuestro, huachicol y control de negocios locales.

EL CORREDOR INTEROCEÁNICO 

El Corredor Interoceánico volvió estratégicos los accesos al puerto de Salina Cruz, la conexión con Coatzacoalcos, los patios ferroviarios, la tierra cercana a los polos de desarrollo y la cadena logística completa. La Línea Z y los polos industriales aumentaron la centralidad territorial de ambos extremos del corredor. En este contexto, la violencia no puede explicarse simplemente como una disputa entre cárteles, sino como control territorial.

La lectura no tiene que ver necesariamente con el aumento de la actividad del narcotráfico, sino con la premisa de que “más infraestructura estratégica aumenta las disputas por los territorios”. La expansión logística convierte carreteras, vías férreas, suelo comunal, puertos y centros de distribución en activos atractivos y se vuelven más comunes las amenazas, el despojo, la extorsión y el cobro de piso.

TRES ETAPAS DE LA VIOLENCIA 

REGIONAL, 2015-2026

La violencia entre 2015 y 2026 puede organizarse en tres etapas.

La primera etapa, entre 2015 y 2016, arrastra en el sur de Veracruz el legado de lucha abierta entre grupos criminales, operativos de seguridad fallidos, desapariciones y penetración institucional. El caso de “Blindaje Coatzacoalcos” aparece como un antecedente emblemático de esa relación entre seguridad pública, crimen organizado y fragilidad institucional.

La segunda etapa, entre 2017 y 2019, concentra los picos de homicidio masivo en Coatzacoalcos, Minatitlán y Acayucan. Este periodo estuvo marcado por disputas abiertas entre el CJNG, Los Zetas, el cartel del Golfo y otros actores regionales. La violencia fue urbana, visible y de alta letalidad, con masacres, ataques armados y control de espacios económicos.

La tercera etapa, entre 2019 y 2026, desplaza gradualmente el eje de gravedad hacia el Istmo de Oaxaca y hacia la coerción y la presión sobre la población. La extorsión, el cobro de piso, el huachicol, el narcomenudeo, el tráfico de personas, el robo, la presión sobre transportistas y el control de barrios o secciones urbanas se han vuelto comunes. Este desplazamiento coincide con los efectos iniciales del “rescate” del Corredor Interoceánico impulsado por la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador.

ISTMO DE OAXACA

Juchitán aparece como uno de los principales puntos de violencia reciente en el Istmo. La evidencia cualitativa apunta a una combinación de narcomenudeo, extorsión a comerciantes, presión sobre transportistas, robos a escuelas y control de barrios. En enero de 2026, docentes del Istmo, incluyendo sectores de Juchitán, Tehuantepec, Salina Cruz y Matías Romero, marcharon por robos a escuelas e intentos de cobro de piso mediante amenazas anónimas. En febrero, el gobierno de Oaxaca reunió en Juchitán a sectores productivos para anunciar un frente contra la extorsión y el cobro de piso. En junio, las autoridades reportaron 116 detenciones en Juchitán bajo el “Plan de Paz” y la “Operación Sable”, incluyendo objetivos de la delincuencia organizada, aseguramientos de cristal, cocaína, marihuana, armas, vehículos y dinero

El caso de Juchitán muestra que la violencia ya no puede entenderse solo como homicidio directo entre rivales. Más bien, parece operar como control sobre la población y la economía local. 

MATÍAS ROMERO

Matías Romero funciona como un nodo carretero y ferroviario de alta importancia logística. Aunque es menos visible nacionalmente que Juchitán o Salina Cruz, resulta clave para el control de rutas, transporte, combustible ilícito y economías regionales. En mayo de 2025, la Fiscalía de Oaxaca informó que la “Operación Sable” capturó a tres objetivos prioritarios ligados a una célula de “El Tláloc”, vinculada con huachicol, extorsión, robo y homicidio, principalmente en Matías Romero y alrededores.

Entre diciembre de 2025 y enero de 2026 también se documentó la detención y posterior vinculación a proceso de un presunto jefe de plaza en Matías Romero, relacionado con una célula dedicada a robo de combustible, extorsión y homicidio. La cobertura periodística lo vinculó con el CJNG. En este tipo de plaza, una célula con perfil de huachicol-extorsión puede producir una violencia menos espectacular que una masacre, pero más constante, rentable y territorialmente funcional.

SALINA CRUZ

Salina Cruz concentra el valor estratégico del puerto, la conexión energética y el acceso al corredor logístico. En julio de 2024, el gobierno de Oaxaca informó la captura de Elías Chincoya Urbano, “El Chincoya”, identificado como jefe de plaza del puerto de Salina Cruz, ligado al huachicol y a otras actividades ilícitas.

Este caso explica la persistencia cuantitativa de altas tasas de violencia; y la existencia de liderazgos criminales asociados directamente al puerto y al combustible. Además, investigaciones de prensa sobre la expansión del Interoceánico reportaron en el área Tehuantepec-Salina Cruz aumento de amenazas, despojo y extorsión, así como conflictos por tierra comunal alrededor de polos de desarrollo y vías de conexión.

SANTO DOMINGO TEHUANTEPEC

Santo Domingo Tehuantepec forma parte del mismo sistema territorial que conecta puerto, carretera, vía férrea, tierra comunal y polos industriales. Su relevancia no se agota en los homicidios registrados, sino en su posición dentro del corredor. Junto con Juchitán, Matías Romero y Salina Cruz, integra el espacio donde la valorización territorial del Interoceánico se traduce en disputas por renta, control de suelo, presión sobre comunidades y extorsión a actores económicos locales.

SUR DE VERACRUZ

Coatzacoalcos fue el epicentro mediático de la violencia del sur veracruzano durante la fase más aguda del ciclo 2017-2019. La masacre del bar El Caballo Blanco, ocurrida en agosto de 2019, dejó al menos 28 personas muertas. La prensa consignó que las autoridades estatales vincularon el ataque con una pugna por la venta de drogas, y que uno de los presuntos autores materiales era Ricardo “N”, alias “La Loca”, señalado por medios locales como líder del CJNG en el municipio.

Ese episodio expuso la profundidad de la penetración criminal en instituciones locales y negocios urbanos. Sin embargo, en la etapa posterior, Coatzacoalcos dejó de ser noticioso por la violencia homicida, y normalizó el control local a través de prácticas de extorsión cotidianas. En 2024, la prensa documentó un caso de cobro de piso a una primaria, con una amenaza explícita de “accidentes” si no se pagaba una cuota de 20 mil pesos. 

MINATITLÁN

Minatitlán comparte con Coatzacoalcos una centralidad petroquímica, energética y logística. Su trayectoria tuvo un momento crítico en abril de 2019, cuando un grupo armado irrumpió en una fiesta y asesinó a 14 personas. La prensa señaló que la región era disputada por Los Zetas, el CJNG y el cartel del Golfo, además de subrayar que el corredor petrolero estaba golpeado por secuestro, huachicol, tráfico de personas y cobro de piso.

En años recientes, la prensa local documentó cierres de negocios por cobro de piso. En 2025 se reportó que al menos una docena de establecimientos habrían abandonado la ciudad en un mes, ante exigencias de pagos mensuales y amenazas de ataques armados. Minatitlán muestra, como otros territorios, el paso de una violencia de alto impacto, condicionado por la lucha entre grupos, a una violencia económica persistente, que puede ser pactada entre los grupos y las autoridades, obtenida por el control dominante de uno de los grupos criminales frente a los otros.

ACAYUCAN

Acayucan merece atención especial porque suele quedar opacado por Coatzacoalcos y Minatitlán, pese a ser una pieza clave del corredor carretero del sur veracruzano. Su importancia radica en que funciona como bisagra entre el corredor logístico veracruzano, la salida hacia el Istmo y la circulación de transporte, comercio y economías ilícitas regionales. En el caso de este municipio, a pesar de la falta de evidencia visible de involucramiento criminal, no puede dejar de observarse la importancia de la industria ganadera, especialmente teniendo en cuenta que se encuentra en el camino natural del ganado que desde la zona de Benemérito de las Américas (Chiapas) o Candelaria (Campeche), es introducido desde Guatemala por los grupos del crimen organizado de forma ilegal a México.

A diferencia de Coatzacoalcos, cuya violencia quedó marcada por una masacre altamente visible, en Acayucan la evidencia reciente apunta a extorsión, secuestro y control de rutas. En febrero de 2026, CANACO Acayucan declaró que el comercio seguía enfrentando hechos de extorsión. En abril de 2026, la prensa local informó la vinculación a proceso de cuatro personas por cobro de piso en distintos puntos del municipio.

El dato más relevante en términos de organización criminal es la trayectoria de Abraham Morales Trinidad, “El Doble Cero”. En junio de 2025, la Fiscalía de Veracruz ofreció recompensa por él como presunto jefe de plaza del CJNG en el sur del estado. Poco después, la prensa informó su captura en Chiapas y posterior vinculación a proceso por homicidio de un agente de tránsito en la región.

Este ejemplo es una muestra clara de la conexión y de la movilidad de los actores criminales por toda la región, pero también su movilidad en el país. Son comunes las detenciones o asesinatos de criminales que operan en territorios del sureste mexicano en diferentes lugares del país, como evidencia tanto este caso, como otros en Tabasco o Quintana Roo.

ACTORES CRIMINALES Y GRADO 

DE EVIDENCIA DISPONIBLE

La evidencia pública disponible muestra presencia y disputa del CJNG en distintos puntos del corredor, así como referencias a Los Zetas, el cartel del Golfo y el cartel de Sinaloa en ciertos tramos y momentos. En 2023, el secretario de seguridad de Oaxaca declaró públicamente que el CJNG tenía presencia en el Istmo y mantenía una pugna con el cartel de Sinaloa. También señaló que el CJNG llegaba “del lado de Coatzacoalcos” por el interés de controlar el flujo económico del corredor. Otro reflejo de esta presencia fueron los diferentes eventos de quema de vehículos y acciones de violencia que se generaron en la zona tras el abatimiento de “El Mencho” en febrero del 2026

Entre 2024 y 2026, las detenciones y operativos oficiales sugieren una proliferación de células locales violentas. Algunas aparecen vinculadas al CJNG; otras son presentadas por las autoridades como estructuras regionales: “El Chincoya” en Salina Cruz, “El Tláloc” en Matías Romero, células de huachicol-extorsión, “Comandante Cromo” o “Los Cromos” como amenaza para el corredor y Juchitán.

En las fuentes revisadas existe evidencia pública de presencia o disputa del cartel de Sinaloa en el Istmo, aunque menos rica en nombres, capturas y expedientes locales que la evidencia sobre CJNG y células istmeñas. La violencia del Istmo de Oaxaca y el sur de Veracruz no puede explicarse únicamente por la presencia de cárteles relacionados con el narcotráfico. Lo que muestran los datos y las fuentes es control territorial y diversificación de actividades ilícitas. En el sur veracruzano, la fase 2017-2019 estuvo marcada por disputas abiertas de alta letalidad entre organizaciones criminales, con Coatzacoalcos y Minatitlán como polos de choque. En el Istmo oaxaqueño, la fase 2019-2026 muestra una violencia ligada al valor económico del Corredor Interoceánico, expresada en extorsión, cobro de piso, huachicol, narcomenudeo, robo y presión sobre tierra, transportistas y comercio local. 

La principal lección es que la región vive una recomposición criminal de largo plazo. Coatzacoalcos y Minatitlán disminuyeron tasas homicidas respecto de sus años más letales, pero no salieron del ciclo de violencia: transitaron hacia economías de extorsión y combustible ilícito. Juchitán, Matías Romero, Salina Cruz y Tehuantepec entraron con más fuerza en un ciclo donde el corredor, la logística y el suelo aumentan el valor de la coerción. Acayucan, por su parte, opera como bisagra: menos visible que Coatzacoalcos, pero con un peso creciente de redes de extorsión y control territorial.

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