La Niebla Balcánica

 

  Ioana Maria Stăncescu. Primero llega el silencio, Editorial Impedimenta, Barcelona, España, 2026. 222 páginas 

POR DAVID MARKLIMO

 

El invierno en que murió mi abuela Victoria le dejó su voz a mi madre. 

Es nuestra manera, la de las mujeres, de vivir eternamente.

 

Para mucha gente, cuando se pronuncia la palabra Balcanes, lo primero que llega a la mente es la guerra. Ahí se detuvo al Gran Turco. En su territorio comenzó la Primera Guerra Mundial. Ochenta años después ahí se repetirían los campos de exterminio, la limpieza étnica y los crímenes de guerra. Ese contexto se ha traducido en la literatura en una capacidad para tejer un estilo, casi ensimismado, de decadencia social y ruptura afectiva. Saldos de la guerra, le llamarían. No se trata de un realismo ni de una denuncia política explícita, sino de una exploración íntima de cómo el peso histórico se asienta y produce una soledad que muchas veces es sumamente dolorosa.

 

Por eso, en Primero llega el silencio, la escritora rumana Ioana Maria Stăncescu nos ofrece no solo una novela preciosa, sino una muestra de la herencia emocional femenina en los Balcanes contemporáneos. A través de la voz de Dora, madre solitaria y ausente para su hija Flavia, la autora construye un relato donde el entorno —una casa pequeña, ruidosa y lúgubre— se convierte en el tercer protagonista. El ambiente, triste, es como una niebla espesa, que no se disipa, no es un mero estado de ánimo, sino una especie de geografía. La autora logra que la monotonía de una vida encerrada se sienta tan tangible como el frío. Y entonces, esta visión deprimente se transforma, pasamos del dolor a la belleza: la prosa no elude la amargura, sino que la embellece, fijándola con la precisión de un clavo, tal como bien observa el análisis original. 

 

La literatura balcánica actual, representada aquí por Stăncescu, parece haber encontrado su lenguaje propio para hablar del abismo: convirtiendo el silencio en la entidad más ruidosa de la narrativa.

 

Podríamos decir también que es un libro que analiza la relación entre madres e hijas, uno de los grandes temas de la Literatura. Aquí veremos la relación fracturada entre Dora, su hija Flavia y la abuela Victoria. Stăncescu describe con una crudeza desgarradora cómo el modelo relacional se hereda, como si no hubiese más camino que ese. Esto conlleva una importante reflexión: la identidad de las familias se alcanza no sólo a través del apellido (que en Rumanía y en otras partes del mundo está reservado a que sean los hombres quienes lo hereden a su descendencia, dando comienzo a eso que llamamos patriarcado), sino a través de la voz y, paradójicamente, del silencio. Nadie dice las cosas ni nadie calla mejor que una mujer, parece decirnos Stăncescu.

 

La dinámica entre Dora y Flavia es trágica no en el sentido griego, sino en el eslavo, poniendo así de relieve que en los Balcanes también hay diferencias. Aunque hay buenas maneras, las conversaciones derivan inevitablemente en el conflicto; el amor existe, pero está sofocado por la incapacidad de comunicación y por el miedo. Las palabras entre madre e hija parecen cuchillos, una metáfora que captura la sensación de que, en este universo femenino, cada acercamiento conlleva el riesgo de una nueva herida. La madre no pide disculpas, prefiere enfadarse; y la hija replica esa distensión, creando un ciclo donde la soledad es el único refugio seguro.

 

En el medio, la modernidad de las redes sociales. No hablas con las personas que te rodean, pero sí con extraños. Hay, pues, una salida en falso, un lugar donde siempre hay algo, donde el lenguaje es luminoso, ofreciendo una esperanza frente al ambiente entre las protagonistas. La novela sugiere que, quizás, la supervivencia no dependa de la realidad objetiva, sino de la capacidad de mantener la ilusión de que el desenlace será diferente. Ese estiramiento del tiempo presente, es el último acto de resistencia contra la desesperanza y contra un ambiente nebuloso. Stăncescu nos deja con la idea de que la sanación no llega necesariamente a través de la resolución definitiva, sino a través de la voluntad de soñar, incluso si ese sueño es frágil o efímero. ¿Es así?

 

Primero llega el silencio es una lectura necesaria para comprender cómo la literatura de los Balcanes aborda la condición humana: sin concesiones, con una belleza austera y con la profunda convicción de que, incluso en la soledad más absoluta, la palabra tiene el poder de rescatarnos.

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