La Luz en la Oración Arquitectónica

 

  1. ARQ. JAVIER ALFONSO CARREÓN MONTOYA

Amables amigos, he querido en esta ocasión, comentarles acerca de la obra de un gran Arquitecto y Sacerdote; Fray Gabriel Chávez de la Mora.

¿Se han fijado sobre todo quienes son colegas, que en nuestra profesión hay quienes se conforman con levantar muros y techos, mientras que otros logran algo casi místico? Éstos últimos consiguen que el espacio te mueva algo por dentro. 

Bueno, para mí, Fray Gabriel Chávez de la Mora era de esos elegidos. Siempre me ha fascinado cómo logró fusionar, en una sola pieza, su Fe absoluta con ese ojo clínico de arquitecto vanguardista.

Al final, toda su vida fue eso: un diálogo bellísimo entre el Alma y el restirador, que nos dejó desde templos memorables hasta su propia caligrafía y objetos de diseño litúrgico que son verdaderas joyas.

Si nos ponemos a ver sus orígenes, Fray Gabriel traía muy buena escuela. Salió de aquella mítica primera generación en la Universidad de Guadalajara que formó Ignacio Díaz Morales. 

Imagínense la base técnica y conceptual que traía. Pero en 1955 da un salto tremendo, pues entra al monasterio benedictino en Cuernavaca y para el 57 ya se ordena como fraile. Ahí es donde la situación se pone interesante, porque su profesión no se apagó, al contrario, se convirtió en su manera de rezar.

El día que la escala humana entró al Templo 

A mí lo que más me atrapa de su historia es el contexto que le tocó vivir. Consideremos estar en Cuernavaca en esa época, rodeado de mentes disruptivas como el obispo Méndez Arceo o las ideas revolucionarias de Gregorio Lemercier, que ya andaba sacudiendo la liturgia mucho antes del Concilio Vaticano II. Fray Gabriel absorbió todo eso y se animó a hacer algo valientísimo: romper

con esa tradición del templo oscuro, frío y lejano, que parecía diseñado para hacerte sentir pequeñito e intimidado.

Él se adelantó a su tiempo y diseñó la Capilla de la Comunidad en Ahuacatitlán bajo un concepto precioso: «La casa del pueblo de Dios». ¿Y qué hizo? Algo que hoy nos parece normal pero que en

ese entonces fue una revolución: le dio la vuelta al altar para que el sacerdote celebrara la misa de frente a la gente.

Pero más allá del plano, lo que de verdad estremece es el manejo de la atmósfera:

  • Inundó todo de luz: Cambió la penumbra pesada por una claridad fraterna que te abraza en cuanto entras.
  • Bajó la escala al nivel del ser humano: Diseñó espacios más cercanos, donde te sientes en comunidad, no aislado.
  • Le puso alegría al misticismo: Su propuesta es jovial y abierta. Yo fui afortunado en conocerlo y les puedo decir que reflejaba exactamente cómo era él en persona: un hombre que nunca perdía la sonrisa, con una paz iluminada y una humildad que te desarmaba.

Un creador incansable (y sin fronteras)

Si nos ponemos a revisar el mapa, es impresionante. Creo que no hay arquitecto en México que tenga tanta obra religiosa en su haber como él. Y no se achicaba ante nada. Lo mismo se sentaba a colaborar con un gigante como Pedro Ramírez Vázquez para aventarse monstruos de proyectos como la Nueva Basílica de Guadalupe, la Catedral de Nezahualcóyotl o la Capilla Guadalupana allá en el Vaticano, que se concentraba en recintos llenos de magia en Querétaro o el Estado de México.

Pero fijémonos qué mente tan abierta tendría, que diseñó la Capilla Ecuménica de La Paz en Acapulco. ¡Un espacio ecuménico! Eso te habla de un hombre que entendía que la arquitectura está para unir, no para separar. Y si nos vamos al detalle fino, a la escala del dibujo puro, ahí tienes esa belleza de la Biblia Católica para Jóvenes del 2005, donde se sentó a ilustrar a mano 65 símbolos

bíblicos. Un regalo con una frescura que solo alguien con el alma muy joven podría trazar.

Al final, queridos amigos, Fray Gabriel ya trascendió. Pero los que amamos la Arquitectura, sabemos bien que un arquitecto nunca se va del todo si sus espacios se siguen habitando. Nos dejó el testimonio de una vida intensa, llena de luz y de amor por los demás.

Hoy, cada vez que entramos a uno de sus templos y sentimos cómo la luz natural nos cobija el rostro, lo estamos escuchando platicar. Logró lo que muy pocos: hizo que la trascendencia se pudiera habitar; en una palabra: hizo de la Luz una oración en la Arquitectura.

Referencia de Imágenes: Arquidiócesis Primada de México

Capilla Ecuménica La Paz, conjunto cultural – Acapulco, Guerrero. 1970,1971.

Arq. Fray Gabriel Chávez de la Mora

Foto autoría del Dr. Arq. Javier Alfonso Carreón Montoya

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