Por José Cruz Delgado
Apatzingán, Mich.- Mientras la presidenta municipal de Apatzingán, Fanny Arreola Pichardo festejaba y bailaba por el triunfo de la selección mexicana ante Corea, se registró la explosión de mina terrestre y dejó como saldo a dos cortadores de limón severamente lesionados.
Lo que debía ser una jornada más entre huertas y caminos rurales terminó convertido en una escena de angustia y desesperación. El estallido ocurrió en el tramo que conecta las comunidades de Holanda y El Guayabo, una región donde el miedo ha comenzado a instalarse entre quienes salen cada mañana a ganarse la vida en el campo.
Tras la detonación, compañeros de trabajo corrieron para auxiliarlos y organizaron su traslado de emergencia al Hospital Regional IMSS-Bienestar de Apatzingán, donde reciben atención médica debido a la gravedad de las heridas.
El hecho vuelve a encender las alarmas sobre el peligro que enfrentan jornaleros y productores en una de las principales zonas agrícolas del municipio. Lo que antes eran rutas de trabajo hoy se han transformado, para muchos, en recorridos de incertidumbre y muerte, también crece la exigencia social para que las autoridades refuercen acciones preventivas y acompañamiento en las zonas agrícolas.
En ese contexto, la administración municipal encabezada por Fanny Arreola ha sido omisa y ha guardado silencio ante esta amenaza que pone en riesgo la vida de los apatzinguenses.
Entre trabajadores del campo y habitantes comienza a crecer el reclamo de que el problema ya no puede tratarse como un hecho extraordinario, sino como una situación que demanda presencia institucional permanente y coordinación efectiva con los distintos niveles de gobierno.
Hoy, en amplias zonas del municipio, la preocupación ya no es únicamente cosechar o vender el limón. Para muchos trabajadores, la pregunta que acompaña cada jornada es otra: si regresarán a casa.
