NIDIA MARIN
El mundo del siglo XXI tiene garras y las exhibe vía las desapariciones y la criminalidad macro. Esta crisis responde a la compleja combinación de crimen organizado trasnacional, violencia sociopolítica, colapso institucional (ojo México) y una reinante y generalizada impunidad.
Y aunque las comparaciones sean odiosas, ante esta problemática, hoy resulta que eran menos lesivas para las sociedades las dictaduras de antaño que las actuales macroeconomías y las economías ilícitas.
Así lo han determinado los estudiosos de la Universidad de Minessota Twin Cities. De ahí que las criticas hacia los gobiernos con tal problemática sean constantes. Sobre todo, en el caso del régimen estadounidense respecto a su vecino México, que vive uno de los peores momentos de su historia en la materia, mientras el gobierno censura que haya agrupaciones que se dedican a buscar a los desaparecidos. Por cierto, los no encontrados hasta ahora suman 130,000 personas.
De ahí que nuestro país ocupe el vergonzoso primer lugar en el mundo en desapariciones.
Los investigadores de la mencionada universidad, al revisar la historia mexicana, señalan al poder del crimen organizado y del narcotráfico como los principales responsables de las desapariciones.
Efectivamente, la expansión de los cárteles y las pandillas en América Latina fundamentalmente, con México como uno de los casos más documentados, utiliza la desaparición como instrumento de terror, de control territorial, de reclutamiento forzado y de eliminación de testigos o rivales.
Ante tal situación, en la República Mexicana se observa una crisis forense y una debilidad institucional en los sistemas de justicia, que se exhiben, por ejemplo, en materia de investigación para encontrar a los desaparecidos, así como buscar e identificar los miles de restos humanos que saturan los servicios periciales y propician un clima de impunidad prácticamente absoluta.
Pero México no es el único que padece esta problemática, ya que la represión política y los conflictos armados causan algo similar en varios países de Africa, Medio Oriente y Asia, ya que son propiciados por los gobiernos autoritarios, mientras los grupos armados siguen utilizando la desaparición como método para reprimir disidentes políticos, activistas y periodistas.
¿Y México no?
¡Claro que sí! Dentro de las desapariciones, se ubican aquellos y aquellas que van en contra del régimen nacional en turno, o en general de los alcaldes, legisladores y políticos del momento.
En estos, en los buscadores o desaparecidos hay de todo: indígenas, ambientalistas, defensores de derechos humanos, sectores de la población que enfrentan un elevado riesgo de desaparición, ante los intereses corporativos o bien de los grupos criminales que buscan silenciar a los opositores a los proyectos tanto extractivos como agroindustriales.
LA GRAVE CRISIS
HUMANITARIA
De ahí que, por ejemplo, los buscadores (as) de México no estén solas, ya que actualmente la grave situación se ha traducido en que organismos internacionales como la ONU y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) señalen las desapariciones como “grave crisis humanitaria”.
Asimismo, califican estos hechos como una impunidad institucional, ya que existe una falta de investigación oportuna y efectiva de parte de las autoridades en la materia. De ahí la búsqueda que llevan a cabo estos grupos, los cuales por cierto ya suman más de 130 distribuidas en las 32 entidades del país.
Gracias al esfuerzo de los colectivos han sido localizadas 1,300 personas con vida y se han recuperado 1,230 cadáveres en fosas clandestinas.
Es justo decir que, en medio de tal problemática, por su parte las autoridades han logrado la fragmentación de los grupos criminales tradicionales y hoy son más de 80 los grupos que operan a nivel nacional.
Por ejemplo, entre los cárteles que han dejado de existir están: Cártel Guadalajara, fundado en los años 80 por Miguel Ángel Félix Gallardo; el Cártel de Tijuana (de los Arellano Félix), tras convertirse en célula local del Cártel de Sinaloa; Cártel de los Beltrán Leyva, en Guerrero y Morelos, pero se fragmentó al morir sus dirigentes; Los Zeta, se disolvió; y la Familia Michoacana, de la que sólo quedan alguno y cenizas, más los que operan en la Ciudad de México.
Por cierto, en la capital del país hay grupos del pasado y del presente como son: Cártel de Sinaloa, Cártel Jalisco Nueva Generación, la Familia Michoacana, Los Beltrán Leyva; del Golfo y del Noreste.
Además, están los locales: que distribuyen drogas a menudeo, secuestran, asesinan y extorsionan: Unión Tepito, Fuerza Anti-Unión, Cártel de Tláhuac, Los Rodolfos, Los Tanzanios, Banda el Balín, Los Gastones y Los Bonitos.
También hay bandas integradas por extranjeros: Redes de Gota a Gota, Tren de Aragua y Montachoques.
¿Cuándo acabarán?
¡Nunca!
Y en honor a “Las Buscadoras”… la canción “Los Buscadores”, de Patty Power:
“Ya mi cruz se ha convertido en mi calvario / Los injustos ya no importan los agravios / Yo solo quiero encontrarte por eso sigo constante / Con el juramento que te hice esa tarde.
“Entre perros, ratas, buitres y coyotes / Entre palos ya podridos en el monte / Bajo el brazo del Sol que no perdona la estación / Sigo buscando los restos de mi amor.”
