Por Mtro Luis Armando Carranza Camarena
Ayer, 27 de mayo, el Banco de México dio a conocer su informe trimestral y revisó a la baja su pronóstico de crecimiento del PIB para este año: de 1.6% a solo 1.1%.
No es la primera vez que ajusta la cifra. En febrero ya había realizado una modificación; este es el segundo ajuste en pocos meses.
La razón es directa por la actividad económica del primer trimestre que fue mucho más débil de lo que esperabanincluso por los analistas más prudentes.
En el mismo documento, el subgobernador Jonathan Heath hizo una observación incómoda pero necesaria, relativa a que aunque la Inversión Extranjera Directa creció alrededor del 10.4% en el primer trimestre —una cifra que a primera vista luce récord—, gran parte de ese monto no corresponde a capital fresco que construya nuevas plantas o genere empleo productivo. Se trata, en buena medida, de utilidades reinvertidas y asientos contables de intereses y dividendos que regresan al país etiquetados como inversión.
Es decir, no hay entrada neta real de recursos. Es un dato que infla las estadísticas, pero no mueve la economía de fondo.
Entonces, ¿Cuál es la alternativa para reactivar el crecimiento? ¿El Mundial de futbol 2026?.
Las autoridades han mencionado la llegada de hasta 50 millones de turistas, pero México solo albergará 13 partidos en tres sedes. Las estimaciones independientes, como las de Deloitte, hablan de apenas 836 mil visitantes totales, de los cuales solo 280 mil serían internacionales. El impulso será puntual, no estructural.
Y está el TMEC. Las revisiones ya iniciaron, pero las definiciones más delicadas probablemente se pospondrán hasta después de las elecciones intermedias en Estados Unidos, en noviembre.
Esa incertidumbre frena la inversión privada debido a quenadie quiere comprometer capital mientras las reglas de origen, aranceles o cadenas de suministro puedan cambiar.
Banxico lo reconoció: la debilidad de la inversión se mantendrá al menos hasta la segunda mitad del año.
Sin embargo, hoy en la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum llegó una noticia que contrasta positivamente con este panorama.
Se anunció que la industria farmacéutica invertirá más de 21 mil millones de pesos en siete proyectos concretos dentro del Plan México.
Esa inversión incluye producción de medicamentos, materias primas, investigación clínica y desarrollo industrial.
Uno de los incentivos para las empresas nacionales e internacionales que participarán invirtiendo en territorio mexicano, tendrán preferencia en las compras consolidadas del sector Salud, que superan los 300 mil millones de pesos bianuales.
El objetivo es fortalecer la producción nacional, reducir importaciones, bajar precios y ampliar exportaciones.
Esta inversión sí genera valor real y diferenciado de la IED meramente financiera que mencionó Heath, ya que en el corto plazo, impulsará la confianza inversionista y creará empleos directos durante la construcción de las plantas.
En el mediano plazo, aumentará la capacidad productiva, generará cadenas de valor locales y estabilizará el abasto de medicamentos, reduciendo costos para el sector público y privado.
En el largo plazo, posicionará a México como un país farmacéutico más competitivo, fomentando innovación, transferencia tecnológica e integración a cadenas globales.
La inversión sí influirá positivamente en el crecimiento económico, aunque su impacto sea sectorial y no resuelva por sí sola el reto estructural del 1.1%.
Otras opciones clave que podrían multiplicar este efecto incluyen la atracción de nearshoring en sectores de alta tecnología como semiconductores y electromovilidad, la inversión decidida en infraestructura logística (puertos y ferrocarriles) para aprovechar plenamente el TMEC, y el fortalecimiento del capital humano mediante programas de educación técnica y formación dual.
Combinados con estímulos al mercado interno —políticas salariales y de inclusión financiera—, estos pasos podrían transformar flujos financieros en desarrollo tangible.
En conclusión, debemos dejar de depender de factores externos volátiles y eventos únicos hacia inversiones productivas concretas que generan empleo, innovación y soberanía económica como el caso de las inversiones farmacéutica.
Si mantenemos este enfoque en sectores estratégicos, el crecimiento superará los ajustes a la baja y se traducirá en bienestar real para las familias mexicanas.
Es un paso que requiere continuidad y visión de largo plazo.
