La Polarización Destruye a México

ALBERTO F. MENA MALLEN

Y sigue la mata dando con la 4t y sus humanistas

El populismo de la 4t ha intensificado la división social en México, generando polarización política, debilitando la representación democrática y afectando la confianza en las instituciones y lo que es peor, está sumiendo al país en una mega fuerte crisis económica ante la incertidumbre de lo que pueda pasar con las acusaciones que hace Donald Trump, de que nuestro territorio ya es gobernado por los narcos y los narco-políticos.

Existen estudios académicos que muestran como el populismo de la 4t ha intensificado dicha división social en nuestro país. Uno de ellos: “Gobierno de la 4T: debates sobre populismo y límites de la representación democrática Publicado en VITAM. Revista de Investigación en Humanidades (2023)”, donde se analiza cómo la narrativa populista de la 4T genera un juego de inclusiones y exclusiones que fragmenta la ciudadanía, mostrando los límites de la representación democrática.

Otro estudio: “Populismo y polarización: reflexiones críticas en torno a la 4T”, libro editado por la UNAM (2025), coordinado por Fernando Ayala Blanco y Salvador Mora Velázquez, donde se examina cómo el proyecto populista de la 4T desmonta instituciones demoliberales y provoca polarización social, enfrentando grupos de poder y ciudadanía.

Un estudio más; “Democracia, populismo y polarización: reflexiones en torno a la Cuarta Transformación Ensayo publicado en Redalyc (2020)” que señala que el populismo de la 4T abre un debate sobre el futuro de la democracia mexicana, en un contexto de creciente polarización política y social.

Los principales hallazgos de dichos estudios: Hay polarización política, por el discurso de “pueblo contra élite” que divide a la sociedad en bandos irreconciliables: existe un debilitamiento institucional porque se cuestiona la independencia de organismos autónomos -que ya desaparecieron-, y se concentra poder en el ejecutivo; hay una fragmentación social porque la narrativa populista genera adhesión fuerte en sectores beneficiados por programas sociales, pero rechazo de clases medias y empresariales; y se da un efecto en la democracia al plantearse que la 4t redefine la representación política, pero a costa de aumentar la tensión social y la desconfianza en instituciones.

Los estudios coinciden en que el populismo de la 4T ha sido un motor de polarización social y política, reforzando la división entre quienes apoyan la narrativa oficial y quienes la ven como un riesgo para la democracia. Esta división no solo es ideológica, sino también práctica: afecta la confianza en instituciones, la estabilidad política y la cohesión social.

Los mensajes de Ariadna Montiel  -y antes, los de María Luisa Alcalde Lujan-, en su toma de protesta como dirigente de morena y el emitido en Chihuahua en la manifestación contra la gobernadora Maru Campos, pueden considerase que generan más división entre los mexicanos. Una alumna preferente del mesías tabasqueño que utilizó sus mensajes de la mañanera para polarizar a los mexicanos, hecho que se profundiza más con la científica Claudia Sheinbaum.

Dichos mensajes han sido percibidos como polarizantes, ya que se centraron en acusaciones de “traición a la patria” y al hacer llamados a juicio político lo que intensificó la confrontación entre simpatizantes y opositores, particularmente del PAN, a quien acusan de violar la ley al permitir el ingreso de agentes de la CIA a dicha entidad sin autorización federal, pero que aún no se ha aclarado la participación del Ejército en la confiscación de un mega laboratorio de drogas. Pero querían una cortina de humo para evitar que se siga hablando de la captura del ex gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.

Para que se pueda revertir esta polarización profunda entre los mexicanos, cuando la división se construye sobre la narrativa de “pueblo vs élite”, se arraiga en la identidad de los ciudadanos y no se disuelve fácilmente. Por ello, la fortaleza de las instituciones, de organismos autónomos y del sistema judicial es clave para reconstruir confianza y reducir la percepción de parcialidad, algo que se ve muy complicado porque el ejecutivo se ha apropiado del legislativo y del judicial.

Igualmente, la ampliación de discursos extremos prolonga la división; sin regulación o educación mediática, la reconciliación se retrasa. De la misma manera, mientras existan apoyos que beneficien a un sector y generen resentimiento en otro, la división se mantiene. No hay estimaciones del tiempo en el que se pueda evitar dicha división poblacional, pero para ello se requieren reformas institucionales, diálogo político, -del que se carece-, y políticas públicas incluyentes, solo destinadas principalmente a sus seguidores.

Además, dicha polarización podría disminuir si nuevas generaciones crecen con menos exposición a discursos de confrontación; o en un muy largo plazo, estimado en más de 20 años, la reconciliación plena requiere cambios culturales y educativos que fomenten tolerancia y pluralismo, lo cual no existe en el ADN de los morenarcos.

La división que dejó AMLO no puede eliminarse “de golpe”; requiere procesos de reconciliación política, fortalecimiento institucional y educación cívica. En el mejor escenario, México podría empezar a unificarse en una década, pero la cohesión social plena es un proyecto de largo plazo.

Hay ejemplos históricos de países que lograron superar divisiones políticas profundas, aunque el tiempo requerido varía según la intensidad de la polarización y las reformas emprendidas. En la España post Franco, (tras la dictadura franquista 1939–1975), la transición democrática tomó alrededor de 15 años para estabilizarse. Fue clave el pacto político entre partidos y la creación de instituciones democráticas sólidas.

En Sudáfrica, después de que terminó el apartheid en 1994, la reconciliación nacional se impulsó con la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Aunque hubo avances en una década, las tensiones raciales y económicas aún persisten más de 30 años después. 

En Chile, luego de la caída de Pinochet y tras el plebiscito de 1988 y el retorno a la democracia en 1990, la polarización política tardó unos 20 años en disminuir, gracias a reformas institucionales y crecimiento económico sostenido.

Y en Alemania reunificado, después de la caída del Muro de Berlín en 1989, la integración entre Alemania Oriental y Occidental tomó al menos 20–25 años para equilibrar diferencias económicas y culturales.

Luego de esta pésima situación, en nuestro país se requerirían reformas institucionales, diálogo político, educación cívica y políticas incluyentes, así como un proyecto de reconciliación nacional, comisiones de la verdad ante la crisis de desaparecidos y el encarcelamiento de narco políticos, sin faltar el combate a la impunidad. Lo anterior nos lleva a pensar que solo es un sueño que esto pase ante un gobierno que solo quiere el poder por el poder y los recursos públicos sin importarle lo que pase en el país y su gente.

Ojalá y algún día lo podamos ver.

 

amenamallen@gmail.com

 

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