Punto de Vista
Por Jesús Michel Narváez
No hay fecha que no se cumpla y la del Mundial de Futbol tiene fijada el 11 de junio para la Inauguración y que se concrete el hecho histórico que convierta a México en el único país en el mundo en celebrar tres Mundiales -aunque el de ahora sea tripartito- y llevar al mundo la tercera inauguración.
Solamente faltan 456 horas para que una de las dos ceremonias protocolarias llegue a buen puerto.
Y conforme a informaciones no oficiales, porque las que emite la oficina en donde trabaja -bueno, eso dice. Clara Brugada no coinciden con la realidad, las obras que enchulamiento para que los turistas conozcan otra ciudad que no es en la que vivimos, están incompletas.
Inacabadas por las empresas a las que se les otorgaron los contratos por asignación directa y de última hora.
En las mentes ajoloteras de la gobernante y su equipo de trabajo, nunca pasaron los problemas que registra la Ciudad de México en aspectos como movilidad, transporte público, seguridad, vigilancia constante, alumbrado, calles pavimentadas sin cráteres, jardines cuidados, camellones que la adornen. Para ellos la importante es que los visitantes caminen por calles que en ausencia de los turistas carecerían de atractivos.
Un usuario del Metro le dijo a los reporteros que realizaban un recorrido que “sería deseable que las obras de mejoramiento las hicieran sin necesidad de un mundial”.
Tiene razón.
Las autoridades locales y federales tienen como prioridad “hacer quedar bien al país” en temas como infraestructura, servicios, limpieza de calles mediante recolección de basura con modernos camiones que no están en todas las alcaldías, porque los viejos fueron sacados de lotes de “exterminio” de unidades en desuso.
Se aplaude que las áreas en donde seguramente estarán los visitantes, no será aquellas en las que se encuentran colonias como la Morelos, la Doctores, Peralvillo, entre otras, en donde como dice la canción de José Alfredo Jiménez “la vida no vale nada”. Porque en ellas, como en otras, el embellecimiento no les tocó. La tómbola solamente contenía las colonias cercanas al Estadio Azteca, la Calzada de Tlalpan y los muros verdes del Periférico.
Junto al desdén de la autoridad para realizar las obras para que gobernados y en cambio atender el ojo crítico de los visitantes, hay que añadir el trato que la FIFA le da a los legítimos dueños de los palcos del Azteca, que fueron comprados para financiar el llamado “Coloso de Santa Úrsula” con una vigencia de propiedad privada de 90 años.
Alrededor del estadio siempre ha existido el comedero ambulante y, por supuesto, los restaurantes bien montados y con medidas de limpieza aceptables. La autoridad removió de las cercanías todos los puestos y en su lugar surgieron islas agradables en las que se colocaron puestos semifijos, metálicos, brillantes de nuevos.
¿Es atractivo? Sí, por supuesto,
Si se hiciera lo mismo con todo el ambulantaje de comida que se encuentra en las alcaldías de toda la ciudad, los caminantes podríamos utilizar las banquetas y no ir en el arroyo.
Tiene razón la gente que pide que las obras se hagan, aunque no haya eventos mundiales.
Los que habitamos o trabajamos en la Ciudad merecemos el mismo trato y respeto que se le brinda a los visitantes, que por supuesto, son bienvenidos.
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