Punto de Vista
Por Jesús Michel Narváez
En el pasado sexenio, el titular del Ejecutivo federal desdeñó la calificación crediticia que realizaron tres de las grandes agencias que evalúan y definen las economías de los países.
Con su clásica expresión “yo tengo otros datos”, Andrés Manuel López tomó la decisión de inyectar miles de millones de dólares en Pemex para impedir su quiebra que, técnicamente, estaba declarada al incumplir sus compromisos financieros lo que provocó una deuda superior a los cien mil millones de dólares y la suspensión del pago a proveedores que alcanzó los 500 mil millones de pesos y que aún no se cubren.
En el gobierno de la presidenta mexicana la política económica ha seguido la misma línea y se desdeñan las calificaciones de las agencias y opta por esconder la crisis económica que han provocado los dos mandatos de la mal llamada cuatroté.
El anuncio de Standard & Poor sobre el cambio a negativa la perspectiva de calificación crediticia de Pemex y CFE, lo que confirma que los bonos que ambas entidades emitan serán considerados basura.
De hecho, los Pemex están en esa calificación.
“Las perspectivas negativas de calificación sobre Pemex, CFE y sus subsidiarias reflejan la misma perspectiva aplicada a la calificación soberana”, señaló en un reporte la calificadora, al destacar la activa participación del Gobierno mexicano en las decisiones de política energética de ambas dependencias.
Con esta decisión, el “rescate” de las empresas, que ha costado billones de pesos -al menos dos- resulta un fracaso.
Durante los 8 años de los dos gobiernos autoproclamados progresistas y humanistas, la economía mexicana se estancó y su crecimiento pasó de mediocre a infame.
Muchas palabras que intentan justificar los fracasos en el manejo de las finanzas públicas y escasos resultados.
Habría que apuntar que la destrucción de la economía comenzó con la suspensión del NAIM y siguió con inversiones fallidas. El AIFA, no deja de ser un aeropuerto militar; el Tren Maya es insostenible, la refinería Dos Bocas es improductiva y probablemente el corredor interoceánico deje de interesas a inversionistas extranjeros que lo consideraron como la oportunidad para utilizarlo como la herramienta principal del nearshoring.
Lo hecho en el gobierno de Andrés Manuel López es el antónimo de el slogan “lo hecho en México, está bien hecho”. La política asistencialista, cimiento de un proyecto autocrático, es imposible de sostener sin crecimiento económico.
Las calificadoras S&P, Fitch y Moody’s, han coincidido en que Pemex es un riesgo para la deuda soberana del país y que la CFE ya contribuye y acelera la perspectiva de calificación para los próximos meses.
El gobierno federal trata de ocultar la crisis económica que emergió por el endeudamiento brutal del pasado gobierno y la continuación de recurrir a préstamos o emisión de bonos con pago de tasas superiores a las de los mercados internacionales.
Si se ignoran las calificaciones, es probable que la caída de la economía acelere y las empresas del Estado reciban formalmente la denominación “en quiebra” y no será “técnica”.
¿Puede la cuatroté presumir que sus gobiernos son mejores en el manejo de la economía?
La pregunta es ociosa.
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