Hablando de narcogobiernos.
El infierno, película mexicana dirigida por Luis Estrada, protagonizada por Damián Alcázar (El Benny García), Joaquín Cosio (El Cochiloco), Ernesto Gómez Cruz (Don José Reyes/Francisco Reyes), María Rojo (Doña Mari Reyes), Elizabeth Cervantes (La Lupe) y Daniel Giménez Cacho (El Capitán Ramírez); se estrenó el 3 de septiembre del 2010, antes de las celebraciones del Bicentenario de la Independencia de México.
El Benny García, 20 años después de haber emigrado a los Estados Unidos es deportado a México; en su pueblo encuentra las cosas peor de cómo las dejó; la violencia, la corrupción y la crisis económica ahora se han generalizado y azotan prácticamente a todo el país. El Benny se reencuentra con su viejo amigo El Cochiloco que está involucrado en el negocio del narcotráfico; la necesidad lo orilla a ingresar a este mundo.
El humor negro, característica del cine de Luis Estrada, presenta la problemática del narcotráfico y el crimen organizado en México, desenmascarando la insistencia de sus gobernantes de mostrar una utopía socioeconómica inexistente; la historia gira en el marco de los festejos patrios mexicanos del 2010, pero la migración, la pobreza, el narcotráfico, la miseria humana, la corrupción y la violencia extrema aparentemente han dejado ser parte del «discurso oficial».
PURO CAÍN NADA DE ABEL
El Cochiloco, asistido del Benny detienen al Cucaracha, que ha sido vendido por mil pesos por su hermano gemelo Panfilo, sin embargo, antes de rendir cuentas frente a don José Reyes, tiene la oportunidad de matar su delator, juntos venimos, juntos nos vamos.
Hay quien afirma que sin Abel no hay Caín, pero en El infierno está regla no existe, pues si de lucha fratricidas hablamos, los hermanos Reyes son un vivo ejemplo, que con tal de tener el dominio de plaza son capaces de matarse mutuamente, se trata de un nuevo pasaje entre Caín versus Caín, pues ambos son hombres de maldad pura.
Ya lo advertía Pablo en su epístola a Timoteo (1 Tim 6-10); una sociedad marginada y llena de pobreza es un buen caldo de cultivo para este mal, obtener dinero es importante, la forma de lograrlo es lo de menos, aunque haya una perdida absoluta de valores y de ética.
En la cinta los personajes carecen de ética, cada uno de ellos antepone sus intereses personales aún en sacrificio de ‘sus seres queridos’ –o al menos negocia sus emociones a cambio de dinero, mismo que es una especie de dios secular, y al Dios verdadero sólo se le menciona como un comparsa que justifica los malos hábitos y la podredumbre humana; ante la falta de valores, todo es cuestión de dinero.
“EN ESTE NEGOCIO HAY REGLAS Y PRINCIPIOS.”
Don José Reyes al momento de admitir como nuevo integrante de la organización a El Benny, le dice las reglas y principios del negocio del narcotráfico: honestidad, honradez cabal, silencio absoluto y ser discreto; pero ¿en verdad hay honestidad y honradez entre los miembros de una delincuencia organizada?
La exigencia de honradez y honestidad que pide don José Reyes hacía su persona es para que no le roben sus propios empleados; pero ¿cómo exigirle a un delincuente que actúe con honestidad y honradez?
La honestidad, al igual que la honradez, es el valor de decir la verdad, ser decente, recatado, razonable, justo y honrado. Es una cualidad humana con la cual se designa a aquella persona que se muestra, tanto en su obrar como en su manera de pensar, como justa, recta e íntegra, respetando por sobre todas las cosas las normas que se consideran como correctas y adecuadas en su comunidad.
El ser discreto implica según don José Reyes en no andar presumiendo, no ser ostentoso no exhibirse públicamente como alguien que está metido en el negocio de la droga, conduciendo camionetas lujosas, usando cadenas y dijes de oro con motivos alusivos al narcotráfico, gastando dinero en cosas superfluas.
DE SOPLÓN DE QUINTA A CADÁVER DE PRIMERA
Cuando don José Reyes habla de silencio absoluto, se refiere que abrir la boca de más es una forma de sacar un pase al infierno, esto es, no ser un delator, un soplón, un chivatón, un dedo, una rata, etc.; de hecho, cuando son detenidos el Cochiloco, el Benny, el Huasteco y la Muñeca, el Capitán Ramírez les hace una oferta, a través de un programa de testigos protegidos copiado del sistema norteamericano, ofrece su libertad y protección a cambio de su testimonio contra los Reyes.
La figura de testigo protegido surge en 1970 en los Estados Unidos, en México se establece en la segunda mitad de la década de los 90, sin embargo, las reglas de operación son distintas entre uno y otro país; en Estados Unidos, el informante protegido no actúa en el anonimato, mientras que México sí se mantiene en secreto su identidad durante todo el proceso, bajo el argumento de proteger su seguridad; en el país vecino, el testigo protegido no se salva de un proceso legal, se le procesa, aunque puede solicitar una pena menor en caso de que coopere con información contra un capo.
En el sexenio de Felipe Calderón en casos relevantes se utilizó esta figura, aunque no con los resultados esperados, principalmente por la falta de estructura institucional adecuada, como el testigo protegido registrado bajo el alias de «Mateo», supuesto jefe del cartel de los Beltrán Leyva, que hizo señalamientos en contra de un alcalde de Cancún, varios diputados de Michoacán y diversos periodistas, o bien «Jennifer», testigo avalado por la DEA, cuyo testimonio llevó a prisión a varios alcaldes, diputados, fiscales federales y militares de alto rango.
SOY POBRE, PERO NO HONRADO
Don José Reyes tiene en la nómina no sólo a la policía local sino inclusive al propio alcalde, y lo más patético es que después de acabar con su hermano Francisco Reyes, llega a ser alcalde, esto es, que el narco manda desde el poder institucional, pero ¿por qué la Delincuencia Organizada se ha apoderado de esta sociedad?
Sencillo, el grado de corrupción es tal, que el amor al dinero degenera a la sociedad; los poderosos empresarios y políticos que siguen explotando a los pobres generan las condiciones para que subsista el crimen, del cual también son víctima, o como diría una sor Juana Inés de la Cruz moderna: “Políticos necios que acusáis al crimen, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis”.
La Delincuencia Organizada es un cáncer que lo mismo ataca a la ciudadanía que a las instituciones públicas, pues la corrupción epidémica, la incompetencia, el descrédito moral y la falta de confianza en la clase gobernante, así como la impunidad y el disimulo de los poderes fácticos, todo ello es factor para que este cáncer penetre todas las instituciones públicas, privadas e incluso las religiosas, al menos en la visión de El infierno.
En la actualidad, ya no importa buscar ni encontrar culpables en el pasado, sino lograr verdaderas soluciones al problema que se ha gestado durante años, empezando con no tolerar más la corrupción, ni aguantar la miseria, sin aplazar decisiones transcendentales, de un delincuente se puede esperar que se comporte como tal, pero ¿de un servidor público o de un político?
La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…
