NIDIA MARIN
Ya se va “La Niña” y llega “El Niño”.
Ella, para despedirse, lanzó fuertes vientos que tiraron una mampara sobre Delfina… y otros funcionarios del gobierno del Estado de México.
Gómez se salvó y se curó, mientras la grosera siguió empollando y buscando los versos adecuados para darle la bienvenida a “El Niño”.
Ella, “la Niña” reapareció a finales de noviembre de 2025. Y empezaron las frías mañanas y la sequía en los campos mexicanos.
Hoy, nos está dando una despedida muy a su estilo catastrófico.
Así pasarán, posiblemente junio y tal vez julio para que arribe “El Niño”, por lo cual en el campo mexicano se preparan para enfrentar las severas sequias y hasta incendios que ya se presiente.
Sí, en nuestro país ya tienen callo y para apagarlos están todos aquellos entrenados para ser salvaguardas de los bosques mexicanos, rogándole a Dios que no llegue al poder un ser destructivo de bosques y selvas, como recientemente ocurrió en el sureste.
Mientras tanto, los mexicanos que conocen de estos menesteres también están listos para que con el mencionado arribo, aparezca la elevación de los precios de los productos agropecuarios, más allá de las acciones de los narcos que los tienen en el cielo y a la economía del país hecha trizas.
En México, aquellos que tienen conocimiento sobre las bondades y perrerías del clima, también revisan el nacimiento en el Pacífico de los huracanes, ya que en este periodo “infantil” (“Niña” adiós “Niño” llega) se intensifican y como consecuencia se producen lluvias e inundaciones en algunas zonas.
Tanto “la Niña” como “El Niño” son berrinchudos con una gran parte del Caribe, pero él siempre se ensaña con México y Centroamérica.
Sólo hay que recordar… en 1997 el chiquilín, ocasionó pérdidas por más de dos mil millones de toneladas de granos básicos, además de daños materiales por 8,000 millones de pesos, una sequía cruel en más de 2 millones de hectáreas y afectaciones severas a diversas siembras de granos.
No fue todo. La sequía alcanzó tal magnitud que se tradujo en escasez de alimentos y los que había traían el precio en las nubes.
Ello, sin mencionar los daños causados por el huracán “Paulina”, el cual afectó principalmente las costas del Pacifico sur mexicano, entre el 5 y el 10 de octubre de 1997. Fue uno de los desastres más mortíferos y destructivos en la historia de la República Mexicana, tras alcanzar la categoría 4 de la escala Saffir-Simpson.
“Paulina” tocó tierra en Puerto Escondido, Oaxaca, pero también afectó Puerto Ángel, Huatulco, Pinotepa Nacional y la Sierra Sur.
Otros estados afectados fueron Chiapas y Guerrero. En el segundo Acapulco resultó el más castigado, con inundaciones y deslaves.
El resultado en Guerrero fueron 300 muertos y cientos de desaparecidos. Además, sumaron 250,000 las personas que perdieron sus hogares o se afectaron.
La infraestructura también fue lesionada. Se destruyeron puentes, carreteras, hubo cortes totales en electricidad y agua potable, además de que se desbordaron los ríos Papagayo, El Camarón y La Sabana. El puerto de Acapulco fue de los más lesionados. Los daños se valoraron 447 millones de dólares.
“El Niño”, pues, no tiene medida y está a punto de arribar en los meses por venir.
La última vez que este muchachito hecho agua y visitó México fue durante los años 2023-2024. No se portó mal. Fue moderada su categoría y fue de corta duración.
Es posible, pues, que llegue a México entre mayo y julio de este 2026. La probabilidad estimada de que arribe, es de 61%.
¿Vendrá con la espada desenvainada? ¿Obtendrá un caramelo antes de que desate su ira ante las barbaridades cometidas por la Cuatro T? ¿Decidirá no quedarse? ¡Ojalá si llega sea en son de paz!
Él siempre ha sido más cruel con México cada dos a siete años cuando decide afectar a mares y tierras mexicanas durante nueve o doce meses, comúnmente entre mayo 7 julio.
Foto tomada de la web
