POR EZEQUIEL GAYTÁN
*Gobernantes Cómodos al Saber que sus Gobernados
Viven con Miedo Ante la Incertidumbre
*Morena es una Cartera al Servicio de su Élite Política;
Mensaje de Justicia Social, Cortina de Humo
*Las Perversas Mentiras y la Opacidad del Actual Mandato
Difícilmente Rendirán Cuentas a la Sociedad
La perversidad es la manifestación de crueldad consciente e intencional. Es un monopolio de los seres humanos y nos califica desde los puntos de vista moral y ético cuando somos incapaces de sentir empatía por disfrutar la alegría de la vida afable. Léase, la historia registra que muchos seres humanos sienten placer al infringir dolor, daño y temor a otros. Muchos gobernantes se sienten muy a gusto al saber que sus gobernados viven con miedo ante la incertidumbre del mañana si no se pliegan a sus caprichos. De ahí que es posible encontrar matices del ejercicio de la perversidad en algunos gobiernos. Léase, puede ir desde la violencia y la tortura hasta las mentiras.
Lo más común es encontrar gobernantes perversos al amparo de las dictaduras. También es posible encontrar esos perfiles en las democracias populistas, pues se trata de personajes que llegaron por el voto popular. Veamos, dice el dicho que “prometer no empobrece” y es verdad. De ahí que los políticos saben que al calor de la campaña electoral pueden aflojar la lengua al amparo del exordio de que “nosotros somos diferentes”. Más aún, acaban con una retahíla de compromisos que bien saben que no cumplirán, pero no les importa, pues la arenga del discurso que utilizan es convincente y embriagadora.
La perversidad cínica se agudiza cuando además esos políticos ponen el acento en que se sujetarán a la revocación de mandato pues su gobierno será abierto, transparente y rendirá cuentas. Pero no, no sucede así necesariamente. Un ejemplo lo encontramos con al actual partido en el poder, que en muchos sentidos ya es el partido oficial, pues con los cambios realizados recientemente por la presidenta Claudia Sheinbaum en materia electoral, ya quedó claro que Morena es una cartera al servicio de su élite política. En consecuencia, ya es observable que el discurso socialdemócrata de justicia social sólo fue una cortina de humo. Lo que desea la nueva nomenclatura es un gobierno opaco y lo está logrando poco a poco de manera perversa al destruir instituciones, imponer a sus amigos e incondicionales en puestos clave y burlarse cínicamente de la ley.
El gobierno de la presidenta Sheinbaum sabe que atraviesa por momentos de crisis debido a las decisiones que su antecesor y ella tomaron. Están aflorando las corruptelas de algunos de sus colaboradores en los tres poderes. Las ineficacias en el poder judicial debido a la demagógica elección de jueces y ministros son grotescas. Se le agolpan y rebotan las mentiras que ella dice, las de su antecesor y las de sus colaboradores, así tenemos el asunto del derrame de petróleo en las costas del Golfo de México. Otro caso es el operativo del ejército mexicano con agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en el estado de Chihuahua. Por si fuera poco la inflación está controlada en el papel, pero desatada en los mercados y tiendas de autoservicio. Además, el aumento del precio del diésel y las gasolinas tenderá inevitablemente a mayor elevación del costo de la vida. También somos testigos de la negativa de atender cabalmente las desapariciones forzadas en nuestro país ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Sólo por citar algunos ejemplos
Las perversas mentiras y la opacidad mediante la cual se maneja la actual gestión difícilmente rendirán ante la sociedad frutos benignos. La desilusión social crece y por eso la desesperación gubernamental por extender su universo de política social asistencialista y derrochadora de dinero. Lo cual es un atentado al voto libre, ya que el chantaje gubernamental se dirigirá a los beneficiarios de sus programas bajo el argumento (narrativa dicen ellos) de que si votan por la oposición les quitarán esos ingresos.
México vive una perversidad de mentiras, de chantajes y de opacidad desde el gobierno que puede tomar caminos indeseables. Los escenarios no están claros y las evaluaciones gubernamentales son estadísticas retocadas con capas y capas de maquillaje. Por eso la opinión pública cada día señala con argumentos las incompetencias de la gestión Sheinbaum.
A todo el mundo le queda claro que la política tiene su parte de malicia. Incluso sabemos que las decisiones en política requieren en ocasiones del uso de la violencia y la represión. No, no es fácil gobernar. Por eso la democracia fija reglas de operación cuyos propósitos son los de organizar al gobierno en tres poderes y evitar la concentración del poder en una sola persona. Esa forma de gobierno es proclive al empoderamiento ciudadano y a promover la trasparencia y rendir cuentas. En pocas palabras la democracia lucha contra la perversidad de los gobernantes y la opacidad en el ejercicio del poder.
