Gobernadores Problemáticos  y el Cinco de Mayo

 

SILVESTRE VILLEGAS REVUELTAS 

A finales de la década de 1870 el gobierno de los Estados Unidos acusó a la primera administración del general Porfirio Díaz de tolerar y hacer muy poco en relación a la situación de violencia generalizada que se vivía entre Texas y las entidades mexicanas de Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila y una pequeña sección de Chihuahua.

El gobierno en Washington enumeraba toda una serie de reclamos que iban desde el robo de ganado por parte de bandoleros mexicanos, el muy poco respaldo del ejército mexicano en el combate del “indio Bárbaro”, la multiplicidad de requerimientos para internar en México productos elaborados por la industria estadounidense y, en particular y de manera muy puntual, le pedía al gobierno porfiriano la entrega del general Juan Nepomuceno Cortina. Éste había nacido en Texas y por su ascendencia era un tejano de prosapia, dícese de los descendientes de la colonización en el Nuevo Santander llevada a cabo por españoles en el siglo XVIII. Por eso es que existen poblaciones como Laredo o Reynosa, de igual nombre a las originales cántabras.

Nepomuceno Cortina cambió su placentera vida cuando defendió a un peón mexicano del maltrato que le estaba propinando un sheriff texano. De ese momento en adelante se convirtió en el más acérrimo enemigo del “establishment” en el sur de Texas. Racismo, violencia física, fraudes fiscales y despojos judiciales fueron la norma para aquellos ciudadanos estadounidenses de origen mexicano que, literalmente, sobrevivieron a los afanes eliminatorios de los texanos. 

“Las guerras de Cortina” así llamadas por la historiografía texana, relatan todos los desencuentros, robos, venganzas mutuas y peticiones de extradición por parte de los EEUU, de un general que por motivos de la historia política mexicana -Guerra de Reforma e Imperio de Maximiliano- se convirtió en un soldado de las fuerzas lideradas sucesivamente por Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y el ya mencionado Díaz.

Porfirio, no lo entregó a los gringos porque él sabía que los texanos no le proporcionarían un juicio imparcial y en cambio le aplicarían la ley fuga, quizá fuera además colgado y su cuerpo quemado: procedimientos cotidianos en el racista Sur americano. Lo que sí hizo el gobierno porfiriano fue “atraerlo” (sic) a la Ciudad de México, regalarle una buena casa en Azcapotzalco, pagarle su sueldo como general del ejército y vigilarlo para que nunca regresara a la frontera tamaulipeca/Texas. 

Eso es lo que hace un gran político como Porfirio Díaz y que no ve la oposición política hoy, frente al caso del gobernador sinaloense Rubén Rocha Moya y la petición estadounidense para su posible extradición.

Y volviendo a los temas de Historia, y a la historia de Tejas antes de ser Texas. Resulta que en el presidio/colonia del Espíritu Santo nació Ignacio Zaragoza, cuando tales territorios pertenecían a la República Mexicana. Su vida de clase media, ligada a las fuerzas armadas del noreste mexicano, lo hicieron no solamente un militar profesional -que no de las guardias cívicas- sino además un conocedor de las cargas de caballería y campañas ligeras, que eran las más apropiadas para combatir al “indio bárbaro” y a los ladrones anglos y mexicanos.

Cuando en 1861 el gobierno de Benito Juárez decidió por dos años no pagar la deuda extranjera del país, proporcionó la causa y pretexto necesarios para que se llevara a cabo una invasión tripartita (Francia, Inglaterra y España). Después de negociaciones diplomáticas, siguió sola la Francia de Napoleón III contra el México republicano.

Las tropas del general Lorencez subieron desde la zona tórrida veracruzana hasta el Valle de Puebla, los generales mexicanos le indicaron que no debía sitiar Puebla y dirigirse directamente a la Ciudad de México. No les hizo caso, intentó tomar Puebla y fracasó estrepitosamente. La batalla del Cinco de Mayo fue el segundo triunfo mexicano contra tropas extranjeras -la primera se había dado contra las españolas en Tampico allá por 1829-. 

El triunfo zaragozano con todo y su estado mayor, sirvió para darle confianza al gobierno y pueblo mexicano; produjo que las tropas francesas se retrotrajeran a territorios veracruzanos por un año completo. Sirvió también para que se convirtiera en una fecha cívica a celebrar: en los tiempos decimonónicos. Además de las celebraciones religiosas, la única cívica era el 16 de septiembre o Día de la Independencia.

Posteriormente, el Cinco de Mayo dio pie a la fundación de una de las principales calles del centro de la capital, situación que paulatinamente durante el siglo XX se dio en todas las ciudades y muchos pueblos a lo largo del territorio mexicano. Asimismo, es una fecha que la comunidad de mexicano/americanos, y por añadidura los hispánicos, han hecho suya; el Cinco de Mayo es una fecha para celebrar con familia y el pretexto para ir a los parques públicos, hacer carne asada, tomarse unas cervezas y “margaritas”. Durante algunos años se celebró dicho acontecimiento cívico en los jardines de la Casa Blanca, fiesta que ha sido suspendida durante las dos administraciones de Donald Trump.    

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